Esteban Ramírez. 17 mayo

El veloz desarrollo de la tecnología introduce cambios profundos en los hogares y empresas que obligan a replantear modelos de negocio completos y a reescribir las reglas de la competencia. El mercado de trabajo no está aislado de fenómenos como la economía colaborativa, que se nutre de las redes sociales y las transacciones en línea; tampoco de la automatización, que migra de las páginas de ciencia ficción a escenarios productivos reales con ayuda de los robots y la inteligencia artificial.

La “robotización” de las distintas industrias amenazan a cerca del 15% de los puestos de trabajo del mundo a la vuelta de 20 años máximo, según reveló un informe reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Foto: Shutterstock
La “robotización” de las distintas industrias amenazan a cerca del 15% de los puestos de trabajo del mundo a la vuelta de 20 años máximo, según reveló un informe reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Foto: Shutterstock

En paralelo, vemos cómo se acuñan y adoptan neologismos a diestra y siniestra para tratar de simplificar estas nuevas relaciones económica, tan actuales como complejas. A los periodistas nos fascinan esas vueltas del lenguaje, y entonces nos pillan escribiendo acerca de la “uberización” del trabajo, donde empresas de todo tamaño luchan por organizar mercados de servicios en los que las personas no son más empleados de la compañía, sino “socios” colaboradores, con jornadas e ingresos variables, además de amos y señores de las herramientas necesarias (y de la deuda para adquirirlas) para transportar al pasajero o la hamburguesa.

También, reportamos más sobre el avance del teletrabajo que permite deslocalizar el escritorio y empotrarlo en el corazón de nuestros hogares o donde nos plazca. Llamaré a esto la “nubetización” del empleo pues el principio activo de la fórmula son los repositorios de información corporativa en la nube y las aplicaciones tecnológicas de acceso remoto que nos permiten ejecutar tareas muy complejas, prácticamente desde cualquier lugar del mundo donde haya Internet.

No podía faltar la “robotización” de las distintas industrias que amenaza a cerca del 15% de los puestos de trabajo del mundo a la vuelta de 20 años, máximo, según reveló un informe reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), eso sin contar la profunda transformación que sufrirá el 30% de los empleos actuales. En la primera línea de sustitución están las tareas repetitivas, por supuesto, y a cargo de ellas, generalmente, poblaciones más vulnerables.

En medio de todos estos vocablos exuberantes se oculta una realidad. El desempleo es alto en Costa Rica; en el primer trimestre del año afectó a cerca de 276.000 personas (11,3% de la fuerza de trabajo), pero también nos enfrentamos a una creciente informalidad en el trabajo. Por eso, ya que estamos importando todos esos neologismos laborales, hay que aprovechar y traer el debate completo sobre cómo estimular nuevas formas de trabajo y proteger la calidad de los empleos.