Arturo Pardo V.. 9 octubre
Las pantallas laterales y de fondo jugaron un papel relevante en el concierto. Foto: Mayela López
Las pantallas laterales y de fondo jugaron un papel relevante en el concierto. Foto: Mayela López

Muchos cantautores especializados en canciones románticas se arriesgan a caer, con facilidad, en un terreno empalagoso, donde abundan las letras cursis y se repiten ideas musicales simplonas.

El caso del artista canadiense Bryan Adams no cabe ahí. Si bien sus composiciones son muy accesibles, con melodías pegajosas y sencillas (lo que se conoce como easy listening), cargan un encanto especial que las salva de volverse canciones fastidiosas.

Durante casi cuatro décadas, la obra de Adams se ha avocado, principalmente, al amor. Sus éxitos radiales, casi todos de los noventa, siempre han evocado nostalgia, gracias a coros profundos y, en gran parte, debido a la voz característica del cantante.

Una de las mayores sorpresas que se evidencian al escucharlo en directo es que el color de esa voz, carrasposa y emotiva, se mantiene intacto. Quizá se podría decir que desde su juventud cantaba como alguien mayor. En ese caso, ahora se siente que interpreta las melodías como un joven. ¡Se mantiene intacto!

Su rango vocal sigue amplio. Lo demostró en temas agudos como Please Forgive Me o en Straight from the Heart, donde el poder de su garganta se apreció mejor, al ser su única arma junto a una guitarra electroacústica.

La banda de Adams es maciza. El guitarrista Keith Scott (que toca con él desde los años 70) es una columna firme en la que el cantante se apoya reiteradamente, pero dándole espacio para solos enérgicos y destacables (Only Love).

El resto de músicos refuerza un sostén que juega tan bien en las piezas suaves, como en las más potentes, por ejemplo, Back to You, cargada de energía, o I Could Get Used to This, del disco Shine a Light. Esta incluye un riff enérgico que, en concierto, la banda fusionó perfectamente con la melodía introductoria de Seven Nation Army (The White Stripes).

En su carrera, Bryan Adams ha experimentado poco. Inclusive sus últimos lanzamientos se mantienen en ese mismo universo musical con el que siempre se le ha asociado. Precisamente, eso es lo que agradece su público. El canadiense ofrece más de lo mismo para su audiencia fiel y lo hace con buen gusto.

En concierto, la variedad de recursos visuales y una muy buena selección en el orden de canciones, impide que el espectáculo se sienta monótono. La iluminación fue precisa, mientras que la mayoría de los videos o montajes de fotografías en las pantallas de fondo resultaron atractivos. Quienes vieron el show desde más atrás, sin embargo, quizá pudieron haber extrañado ver, más seguido, a los músicos en tamaño grande.

Es cierto que Bryan Adams dio su primer concierto en Costa Rica un par de décadas más tarde de su pico de popularidad; no obstante, en su espectáculo demostró que, como músico, todavía se mantiene firme y vital, mientras que su cancionero tiene mucho que ofrecer.

Su energía y actitud en el escenario suma, pero, lo más importante, es que musicalmente sigue convenciendo, ya sea en sus baladas más reconocidas, en sus piezas nuevas que suenan frescas o, inclusive, en un inesperado cover de punk (I Fought the Law).

Tal vez a estas alturas ya nadie esperaba que viniera Bryan Adams al país, pero cuando finalmente estuvo acá, el público (principalmente adulto-contemporáneo) respondió con algarabía.

Posiblemente el componente emotivo y de nostalgia es vital para disfrutar al artista a sus anchas. Haber presenciado ese sentimiento, motivado desde el escenario y vivo en la audiencia, fue encantador.

EL CONCIERTO

ARTISTA: Bryan Adams

FECHA: 8 de octubre

LUGAR: Anfiteatro Coca Cola, Parque Viva

ORGANIZADOR: Move Concerts