William Venegas. 30 julio
Dev Patel convence con su actuación al frente de la servidumbre de un gran hotel. Cortesía de William Venegas.
Dev Patel convence con su actuación al frente de la servidumbre de un gran hotel. Cortesía de William Venegas.

En noviembre del 2008, Bombay, capital del estado de Maharastra, puerto importante de la India, se vio atacada por una cadena de atentados de carácter terrorista, donde destacó la crueldad habida en el famoso hotel Taj Mahal Palace, sitio visitado por los más ricos del mundo, más bien por las aristocracias y oligarquías del Primer Mundo.

El puerto es igualmente conocido como Mumbái por la diosa local Mumba Devi. Ese hecho terrorista llega ahora al cine con el filme titulado Hotel Mumbái (2018), primera película dirigida por Anthony Maras.

Las primeras imágenes nos muestran a un grupo de jóvenes que se acerca al puerto por las aguas del sitio. Parecen pescadores. Al llegar ellos, vemos cómo la pobreza de los más humildes contrasta de manera grosera con las costumbres y sitios de los más ricos. Los jóvenes no son pescadores: según sus términos, son “luchadores de Alá” y vienen a matar infieles como si se tratase de un juego de canicas.

Como filme, Hotel Mumbái no pasa de ser una descripción bien lograda de acontecimientos, como buena película de acción: con suspenso bien definido e intenso por secuencias. Lo que no logra es mostrarse en las relaciones de causa y efecto de los acontecimientos de manera reflexiva: no hay un estudio de lo político de las circunstancias.

El filme ni siquiera le entra al tema de por qué los atacantes islámicos de origen paquistaní, llevados al terrorismo asesino, tienen como objetivo esa ciudad, la más poblada de un país lleno de desigualdades socioeconómicas, como es India. Solo nos queda claro que cierto fervor religioso conduce al fanatismo acrítico capaz de dar lugar al terrorismo, casi siempre o siempre manipulado por jerarquías.

A cambio, el filme nos da un recital de balaceras: la crueldad terrorista no es explicada nunca, pero sí se describe bastante dicha conducta, lo que da lugar a que veamos en Hotel Mumbái más cine de acción.

Lo cierto es que el lenguaje cinematográfico de esta película está bastante bien manejado. Esto, por lógica, incluye las actuaciones. Lo formal es la salvada de la película: su hechura. Se debe destacar su buen ritmo, nunca atropellado, ni siquiera cuando son situaciones que se dan a la vez (buen montaje paralelo, que así se le llama).

Lo cierto es, repito, que ante la ausencia conceptual o de análisis, el filme lo que privilegia es la arquitectura cinematográfica y, por esa ruta, se le siente una mirada muy distanciada ante lo que relata, porque es película para quienes van al cine sin mayores exigencias.

En fin, Hotel Mumbái no tiene aquella densidad vitamínica de la que tanto gustan los críticos (algunos creemos que los excesos formales o técnicos conducen a cierto fetichismo), pero complace a quienes gustan del cine de acción, aunque este peque de alguna intrascendencia.

‘HOTEL MUMBÁI’

Título original: Hotel Mumbái

Australia, 2018

Género: Acción

Director: Anthony Maras

Elenco: Armie Hammer, Dev Patel

Duración: 125 minutos

Cines: Cinemark, Cinépolis

Calificación: TRES estrellas ( * * * ) de cinco posibles