William Venegas. 27 julio, 2019
Rossy de Palma y Toni Collete contribuyen a que tengamos un filme cargado de ironía. Fotografía: Romaly para La Nación
Rossy de Palma y Toni Collete contribuyen a que tengamos un filme cargado de ironía. Fotografía: Romaly para La Nación

La película francesa Madame (2018), dirigida con desfachatez social por la joven y destacada realizadora, novelista y dramaturga francesa Amanda Queffélec-Maruani, mejor conocida como Amanda Sthers, es buen filme gracias al manejo de sátira que ha recibido, porque sabe meter espuela donde más duele.

Así es, la picardía le viene a este filme como coyunda pidiendo sebo, aunque –por momentos– alarga ciertas secuencias más allá de lo que el propio relato podía soportar. Es una especie de subrayado innecesario para afirmar la base narrativa del texto, que es una drástica vuelta de tuerca del conocido cuento de hadas La Cenicienta.

Por supuesto, el filme se distancia de las versiones más conocidas con dicho personaje, a saber, la de los hermanos Grimm, alemanes, y la del francés Charles Perrault. En Madame lo que vemos es a una pareja estadounidense de la alta burguesía, la cual organiza en París una cena para personas muy selectas socialmente.

Por pura superstición, cuando la mujer de la pareja se da cuenta de que tiene trece invitados para la cena, le da por romper ese número e incluye en la mesa nada menos que a su empleada preferida, María, quien de pronto se convierte en la cenicienta del caso.

De ahí en adelante lo que sucede con la trama tiene el valor de presentarnos a María con la nobleza que le da su condición de personaje proletario. En tanto, sobre los personajes burgueses, de distintas condiciones, caen rayos y más rayos. Así los vemos: no solo capaces de explotar a los más humildes, sino también prestos para humillarlos o despreciarlos.

Está claro que el filme desliza, con su mordacidad, un micromundo de lo que viene a ser la lucha de clases. María, la empleada doméstica, mujer pobre e inmigrante, con una hija en España, encarna virtudes asociadas con el cariño, la preocupación por los otros y la sinceridad. A ella se le oponen la avaricia, la superficialidad y el engaño del grupo social al que sirve. Todo ello se desnuda bajo el signo de la sátira.

Si volvemos al tema de los cuentos de hadas, el psicólogo austriaco Bruno Bettelheim señala que estos deben tener un final feliz, pues de esta forma le transmiten a la niñez confianza en la vida, de modo que las pruebas que atraviesan se vean como superables.

En Madame, el tema de los finales felices también sale a colación mediante algunos diálogos, aunque se trata de esa felicidad burguesa que se sustenta en el pragmatismo y en el individualismo; sin embargo, el filme de pronto nos tiende una trampa narrativa al respecto.

La carta está bien jugada: sin darnos mayor información, el guion se permite que haya un final abierto, aunque este bien respira con la presencia de Rossy de Palma, gran actriz que “se come” la película de principio a fin con su papel de María.

Atrás de la empleada doméstica quedan los burgueses con sus trapos sucios y el final abierto nos invita a olvidarlos para que nosotros, como espectadores, completemos la sátira. Sin ser un filme excelente, les recomiendo este nuevo relato ceniciento, sin hadas, pero con buen y ácido repiqueteo.

Ficha técnica

MADAME

Título original: Madame

Francia, 2018

Género: Comedia

Director: Amanda Sthers

Elenco: Rossy de Palma, Toni Collete, Harvey Keitel

Duración: 90 minutos

Cines: Magaly

Calificación: Tres estrellas de cinco posibles