Yeryis Salas, Francisco Barrantes. 15 diciembre, 2018
"Según nosotros (José Adrián) estaba trabajando" al momento del accidente, contó su padre, José Oreamuno. Foto: Francisco Barrantes.

El país se conmovió la tarde de viernes al conocer la noticia del accidente múltiple que dejó a una niña de 13 años y a su padrastro muertos, en la autopista General Cañas.

En La Ribera de Belén, en dirección hacia la capital, un bus de la ruta Atenas-San José se trasladó del carril central al derecho, empujó a la cuneta a un Honda Civic donde viajaban las víctimas y chocó por detrás a un tráiler detenido, que a la vez impactó a otro vehículo pesado que hacía fila para ingresar a San Antonio de Belén.

Cuando José Oreamuno, padre del fallecido, escuchó del suceso, lo primero que pensó fue: “Una familia más en desgracia y en Navidad”.

“Sin siquiera saber que éramos nosotros”, lamentó Oreamuno, este sábado, mientras la familia esperaba recibir el cuerpo para velar en la noche al mecánico José Adrián Oreamuno, de 34 años.

Oreamuno no sospechaba que su hijo estuviera fuera de su taller, pues no le avisó que iba a ir a la graduación de sexto grado de su hijastra.

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“José era muy poco comunicativo, él era como poco expresivo. Nosotros ni siquiera sabíamos, según nosotros, estaba trabajando”, agregó el progenitor.

Ante la presunta imprudencia del chofer de bus que habría causado el percance, Oreamuno pidió a los conductores “un poco más de cultura en el manejo, un poco más de respeto para que a ninguna familia le toque, porque sí es duro, es horrible”.

Tras el accidente del viernes, la Policía de Tránsito contabiliza 420 muertos en carretera en el 2018 y 25 decesos en lo que de diciembre.

La familia esperaba este sábado que llegara el cuerpo de José Adrián para velarlo. A la derecha, su prima, Arleth Oreamuno. Foto: Francisco Barrantes.
La familia esperaba este sábado que llegara el cuerpo de José Adrián para velarlo. A la derecha, su prima, Arleth Oreamuno. Foto: Francisco Barrantes.

Arleth Oreamuno, prima de José Adrián, lo describió como una persona seria.

“Él era muy reservado en sus cosas”, afirmó.

Lo recuerda como “un gran bailarín, se metió en Merecumbé y, realmente lo disfrutaba, le encantaba ir a bailar. Disfrutaba ser mecánico, muy conocido aquí en el barrio por eso, le gustaba ayudar a los vecinos. Una gran persona, no tenía problemas con nadie”.

Ella relata que cuando la familia conoció la noticia, tuvo que lidiar con la sorpresa inicial y corroborar si en serio se trataba de su primo.

El choque también dejó heridos a 27 pasajeros de bus, además de Jenny Gómez Araya, la madre de la menor y novia desde hace más de cuatro años de Oreamuno, así como al hijo de Gómez, de 16 años, quien este viernes ya estaba fuera de peligro en el Hospital San Rafael de Alajuela.

Gómez, de 41 años, debió ser extraída del auto con equipo hidráulico y llegó grave al Hospital México.

Mostró avances en su estado de salud tras ser operada el viernes; sin embargo, continúa en condición delicada, informó este sábado el centro médico, donde también ingresaron seis pasajeros de bus en estado crítico.

“Al momento del impacto observé a una mujer que voló por el parabrisas del bus y cayó al carril rápido de la pista", relató el testigo Carlos Serrano Calderón, quien añadió que en el bus observó “a unas 25 personas con heridas y cortaduras en el rostro, aparte de otros golpeados”.

La hermana de Jenny, Denia Gómez, indicó que “tenemos que dar tiempo porque es muy reciente todo. Ahorita de lo que depende es del tiempo, cómo vaya evolucionando, ella está muy grave, pero hay que dar 48 horas de tiempo para que nos puedan dar un diagnóstico”.

Jenny Gómez es maestra en la Escuela Quebradas, en Tambor de Alajuela, mismo centro educativo del que se graduó su hija este viernes, horas antes de la tragedia.

“Ella era mi sobrina. La vi nacer, la vi crecer, la negra, así le decíamos”, contó Denia Gómez.