Revista Dominical

Ted Bundy: el perfil nunca antes mostrado del ’dandy’ asesino que mató, quizá, a unas 100 mujeres

La serie documental 'Ted Bundy: enamorada de un asesino' (Amazon Prime) descorre la dantesca historia de los crímenes del psicópata desde una perspectiva diferente a todo lo que se ha hecho antes: deja que sean las mujeres de su vida quienes narren sus vivencias con él.

“¿Más de Ted Bundy?”, nos preguntamos muchos recién hace un par de semanas, cuando apareció en el catálogo de Amazon Prime la nueva docuserie Enamorada de un asesino. Y es que solo el año pasado se estrenaron en medio de una gran maquinaria mediática, Conversaciones con asesinos: las cintas de Ted Bundy, en Netflix, y la película Extremadamente cruel, malvado y perverso, que añadía a la siempre asombrosa historia de Ted Bundy la interpretación que de él hizo nada menos que uno de los jóvenes galanes de Hollywood, Zac Efron.

Pero sin siquiera ver el trailer, ya desde el arranque se percibe que nada de lo que se había hecho con Ted Bundy en cine o televisión --y eso que se ha contado la historia decenas de veces en las últimas décadas-- se parece a la docuserie de marras por varias razones, entre las que sobresalen dos.

La primera es que el documental se plantea desde una perspectiva nunca antes abordada que ubica a Bundy justo en medio de las guerras culturales y el efervescente movimiento feminista que surgió a partir de los años 70, y la segunda la constituyen los testimonios de primera mano de las “otras” mujeres protagonistas en la vida de Bundy, más allá de las fallecidas: su expareja, su hijastra, varias periodistas que lo entrevistaron, las supervivientes de sus orgías de locura y sus abogadas, incluida la que se casó con Ted siendo ya un criminal convicto y con quien hasta procreó una hija, estando él en el corredor de la muerte.

Por supuesto, lo anterior no excluye las semblanzas de decenas de muchachas que con los años se habían vuelto un número más en la macabra estadística de los asesinatos del sociópata.

El hilo conductor que va relacionando todas las historias es brillante y tiene gran cohesión, proeza de la directora Trish Wood, quien en entrevista con el diario español El País declaró que siempre había echado de menos algo en casi todas las narraciones previas en torno al personaje: que se diera verdadera voz a sus víctimas y supervivientes. “Todo el mundo conoce a Ted Bundy, pero casi nadie puede nombrar ni a una sola de las mujeres a las que mató”, dijo la cineasta, y justamente la visibilización que les da a decenas de sus víctimas es uno de los pluses de la serie de cinco episodios.

Huelga decir que esta nota incluye varios detalles que se observan a lo largo de la trama, por lo que si usted prefiere ver Enamorada de un asesino desprovisto de spoilers, este es el momento de detenerse.

El detallista y sesudo trabajo de recolección de entrevistas, documentos, videos y publicaciones periodísticas le demoró a Wood varios años, pero el tremendo resultado es que, hasta quienes hemos visto y escrito la historia de Bundy en diferentes momentos y formatos, por primera vez topamos no solo con los nombres, edades y fotografías de las víctimas, sino que la serie nos acerca a la humanidad de muchas de las jóvenes que murieron a manos de él.

La producción consiguió hacerse con todo tipo de material, desde videos caseros en las que aparecen las víctimas desde que eran bebés, hasta sus graduaciones escolares y sus primeros días en la universidad, donde sus sueños de profesionalizarse y batallar por un puesto en igualdad con los hombres, en pleno y creciente movimiento feminista, quedaron pulverizados al convertirse en víctimas de las aberrantes torturas y posterior asesinato a manos de un enloquecido Ted Bundy.

Pero además, logran con un tono sobrio --hasta donde se pueda-- que varias de las familias de las víctimas rompan el silencio y revivan momentos dolorosísimos que los marcaron para siempre, incluso la angustiosa incertidumbre porque las muchachas aparecieron meses o años después de sus asesinatos... en unos 35 de los homicidios.

Una vez que se decantó la culpabilidad de Bundy en decenas de investigaciones las autoridades concluyeron que el psicópata posiblemente era el responsable de la muerte de unas 100 mujeres, cuyos cadáveres en más de 50 casos no aparecieron o bien, no se pudo llegar a conclusiones definitivas para inculparlo. De todas maneras, pese a lo prolífera de su macabra lista, bastaron las sentencias de culpabilidad en solo dos casos para que fuera condenado a muerte.

Theodore Bundy habría cometido sus salvajes crímenes entre 1974 y 1978 pero, de nuevo, tampoco se descarta que su iniciación se diera antes del 74. A estas alturas, probablemente nunca se sabrá.

Pero antes de seguir con el surrealista recuento, es imperativo volver sobre el documental Enamorada de un asesino, cuyo enorme plus es hilvanar la historia de principio a fin con el relato en exclusiva que realizan nada menos que las dos mujeres con las que Bundy convivía desde antes de que empezara con su seguidilla de crímenes: Elizabeth Kloepfer (que ha usado el apellido Kendall a manera de seudónimo durante las últimas décadas), y su hija, Molly, a la que Bundy crió desde que era una bebé de dos años, producto de un corto matrimonio anterior de Elizabeth.

Tras todo lo ocurrido, Elizabeth ha preferido el anonimato durante varias décadas, excepto porque en 1981 escribió el libro The Phantom Prince (El Príncipe Fantasma) donde narraba su increíble historia de amor con quien consideraba el hombre de su vida, con el que se casaría y envejecería tras formar una familia tradicional.

Hoy, en medio del boom de los documentales y la película mencionados, la mujer ha dicho en entrevistas que le gustaría reescribirlo y “arrancar algunas páginas” porque, casi 40 años después, al releerlo se percata de que todavía en ese momento, ya con Bundy en prisión y sabedora de toda su tenebrosa saga de muerte y dolor, siente que se percibe que aún así tenía cierto apego por su historia juntos o quizá por él.

Pero tal como lo explica la docuserie al presentar a Kendall desde el inicio, lo más inexplicable sobre cómo funcionaba el cerebro de Bundy es que durante los primeros años de convivencia, ellos constituían una pareja joven, bastante normal y ambos muy atractivos: él era servicial, educado, inteligente, carismático... un dechado de atributos, salvo por un pequeño detalle: cuando no estaba siendo el alucinante novio y padrastro amoroso que dedicaba horas a enseñar juegos infantiles a su hija, se convertía en un depredador inmisericorde que salía a cazar y matar veinteañeras, la gran mayoría con el mismo fenotipo de Elizabeth: delgadas pero algo curvilíneas, bonitas de rostros y con el cabello lacio y largo.

Madre e hija van descorriendo la historia en el documental, pero una vez que Amazon anunció el lanzamiento a finales del año pasado, en enero de este 2020 varias publicaciones internacionales se frotaron las manos con una exclusiva soñada: entrevistar nada más y nada menos que a la exmujer de Ted Bundy, y se adelantaron con la primicia.

La docuserie no había visto la luz cuando la revista Vanity Fair logró conversar con Elizabeth y obtuvo varias revelaciones particulares sobre su incursión en el proyecto de Amazon. Por ejemplo, que después de dejar que otros cineastas hablaran por ella, había decidido compartir su historia de convivencia con Bundy desde 1969 hasta 1974, con todo detalle, en Enamorada de un asesino.

En la citada entrevista la mujer, hoy de 75 años, narra que se sorprendió mucho en el 2017 cuando se enteró de que Zac Efron encarnaría a Bundy en la película Extremadamente cruel, malvado y perverso, según la versión de “la novia de toda la vida”.

“Estaban contando mi historia sobre Ted Bundy, y nunca me habían contactado”, dijo Kendall a Vanity Fair. Kendall puso el asunto en manos de sus abogados y trató de pasar página, como lo había hecho varias veces antes, cada vez que la cultura pop volvía su mirada obsesiva a Bundy. Ella pensó: Oh, no, aquí vamos de nuevo, y regresó a la terapia. “Sabía que iba a ser difícil”, dijo. “Estaba horrorizada de que esto volviera a comenzar”.

Sin embargo, no solo recomenzó, sino que el filme de Zac Efron indirectamente la puso en la mira de la cineasta Wood.

Los abogados de Kendall lograron vincularla con el filme, ella realizó sus aportes y quedó satisfecha, según lo declaró en su momento.

Pero cuando la escritora y productora Trish Wood luego contactó a los abogados de Kendall sobre un proyecto en el que finalmente podía contar su historia de Bundy usando su propia voz, Kendall decidió por fin lanzarse el todo por el todo para tratar de curar sus heridas al compartir sus anécdotas y reflexiones.

“Me dio la oportunidad de contar la historia desde el principio hasta el final en mis propias palabras”, dijo Kendall sobre la serie de Amazon y aseguró que el movimiento #MeToo había ayudado a empoderarla para hablar en cámara por primera vez.

Como lo declaró después en una entrevista con la cadena ABC, el 1° de febrero pasado, la intención de Trish de explicar los asesinatos de Bundy en el contexto cultural de los roles y expectativas sociales en los años 70 también le pareció “justo y oportuno”, a pesar de que sabía, según dijo, que la exposición que tendría a raíz de la docuserie y en entrevistas por todo el mundo, de alguna manera le reiteraba que no podría “deshacerse” de Ted por completo.

“Siento que era el momento adecuado (para participar en la docuserie) porque estábamos viendo y escuchando a las mujeres recuperar sus vidas al decir la verdad sobre lo que les había sucedido. Quiero decir, me cuesta mucho y todavía tengo mucha vergüenza de haber amado a este hombre. Pero espero haber contribuido para que otras mujeres hablen sobre cosas que les han sucedido”.

En el filme ella cuenta con todo detalle cómo siendo una madre divorciada con una hija de casi tres años tratando de sobrevivir en Seattle, conoció en un bar al entonces veinteañero Ted Bundy, atractivo, encantador y estudiante de la Universidad de Washington.

La gran y ordenada colección de fotos que ella guardó prolijamente a pesar de todos los horrores que sabría años después, fue vital para que la producción lograra armar un relato sólido sobre la vida en pareja de Elizabeth y Ted, cuando ambos eran jóvenes anónimos. Por supuesto, una vez que Bundy quedó en la mira de la policía, ante las primeras sospechas, su figura se convirtió en un imán para las cámaras por el tiempo que le quedó de vida, lo que también ha sido vital para la reconstrucción, igual que los famosos audios recopilados en la serie de Netflix citada anteriormente.

También desarrolla muy bien las razones que la hicieron entrar en negación cuando poco a poco empezó a tener sospechas de que su pareja podría estar vinculado con la ola de asesinatos que se dieron primero en Washington, y luego en Utah, justo cuando Bundy se trasladó a ese estado para cursar estudios de derecho. Su mudanza coincidió con una nueva seguidilla de asesinatos con el mismo modus operandi, pero a ella le era imposible creer que el hombre estudioso y amoroso que había conocido, mutaba, como en una película de horror, en asesino serial.

Varias veces llora durante su relato, como cuando recuerda el caso de Carol DaRonch, estudiante universitaria de Salt Lake City, quien milagrosamente escapó de una trampa que le había tendido Bundy y luego lo identificó como su atacante. Ted siempre volvía a Kendall, la relación se había vuelto tóxica y enfermiza, él se alejaba de la casa por varios días y luego regresaba como si nada hubiera pasado. Una de esas ocasiones fue la que coincidió con la identificación de DaRonch..., él salió libre por un periodo mientras se continuaba con la investigación pero ya el caso estaba en la prensa. Elizabeth, aún después de ese episodio, decidió continuar la relación con él, algo que no se perdona al día de hoy.

Kendall dijo, sobre participar en las docuseries: “Esto me dio una perspectiva sobre las decisiones que tomé, algunas de las cuales son realmente difíciles de explicar a otras personas porque era un momento tan emotivo. Estaba luchando con lo que era real y lo que no, en lo que respecta a mi relación con Ted. A través de este proceso, y quiero decir, han pasado un par de años, ha sido mucho pensar, pensar, pensar. Realmente he reexaminado todo “.

La gran diferencia que marca la docuserie de Amazon con respecto a Conversaciones con asesinos: las cintas de Ted Bundy, en Netflix, y la película Extremadamente cruel, malvado y perverso es que las dos últimas fueron criticadas por invisibilizar a las víctimas al no enfocarse en los dantescos detalles cometidos en su contra y, más bien, se centraron en la cotidianidad y en la mente de Ted, pero los responsables de ambas producciones insistieron en que el objetivo fue tratar de entender qué llevó a Bundy a convertirse en un monstruo con ese calibre de maldad y cinismo.

Desde este punto de vista, Enamorada de un asesino vendría a ser un complemento perfecto porque justamente es esta la docuserie que les da voz a las víctimas, a los familiares... La cineasta Trish Wood y su equipo, de alguna manera, trataron de que quienes sobrevivieron a Bundy, encontraran forma de desahogarse y darle un cierre a esta historia. En el ínterin, los testimonios agigantaron el estupor de quienes hemos leído y visto prácticamente todo lo relacionado con este nefasto y extraño personaje, pues como se ha dicho en varias ocasiones, a la par de su grado de depravación Jack el Destripador se habría visto como un niño de pecho.

La docuserie logró entrevistar a Joni Lenz, quien tenía 18 años cuando sufrió un brutal ataque por parte de un enloquecido Bundy, el 4 de enero de 1974. Era de noche y estaba en su habitación cuando recibió una tunda con una palanca metálica; luego, mientras se hallaba inconsciente, fue violada con una pata de la cama y sufrió tremendos daños en riñones y otro órganos internos, además de que quedó con un daño cerebral permanente que, eso sí, no afecta sus habilidades mentales. Sin embargo, al repasar el duro suceso es evidente que, al día de hoy, Joni no es capaz de procesar ni lo que le hizo Bundy, ni la forma en que sobrevivió, ni lo que pueden haber sufrido las otras decenas de víctimas, las que no vivieron para contarlo.

Estudios psiquiátricos posteriores al arresto y condena de Bundy explicarían que el asesino había tenido como agravante una fuerte adicción a la pornografía, y al llevarla a la vida real todos los estímulos malignos se conjugaban en una orgía macabra, pues según se reveló en sus juicios, en sus ataques hubo de todo: tortura, mordidas en pezones, violación anal, utilización de objetos durante abuso sexual, decapitación, desmembramiento y necrofilia.

¿Cómo pudo suceder?

En tiempos modernos y cuando se ve la clase de libertad con la que Bundy repitió su patrón de asesinatos en Washington, Utah, Colorado y Florida, entre 1974 y 1978, sin que las autoridades de estos estados se comunicaran con sus pares, existe una sencilla explicación: era otra época.

Porque incluso cuando por fin fue arrestado y se convirtió en un firme sospechoso de ser el asesino en serie que tenía en vilo a Estados Unidos, logró escaparse en dos ocasiones de las cárceles en las que estuvo detenido.

Viéndolo en retrospectiva y tal como lo aseguran los mismos jefes policiales y abogados que reconstruyen la historia, aquellos tiempos eran aún dominados por una especie de candor y confianza, en un país en el que mantener las casas sin cerrojo ni en la noche o dejar los carros con las llaves puestas, eran parte de la cotidianidad de una gran mayoría de pueblos y ciudades.

Desprolijas de precauciones ante algo tan impensable como convertirse en víctimas al azar de un sádico demente, las víctimas fueron presa fáciles para Bundy, a quien oficialmente se le atribuyen 36 asesinatos con identidades establecidas, aunque las autoridades siempre han dicho que la cifra puede ser mayor en vista de la gran cantidad de mujeres desaparecidas en esos años, y de las que no se supo nada nunca más.

Irónicamente, ese mismo candor con el que se conducía la sociedad estadounidense hace medio siglo, posiblemente propició un exceso de confianza en Bundy, quien ya convertido en el hombre más buscado del país, cayó en manos de la policía, al menos en dos ocasiones, debido a torpezas relacionadas con faltas de tránsito.

Sobre lo que pudo ocasionar la fusión entre su encanto, su autocontrol a la hora de enfrentarse a la prensa o al estrado en los juicios en los que declinó un abogado y se representó el mismo, con la bestia sádicamente enloquecida en que se transformaba, nunca se ha podido llegar a una conclusión científica.

Nacido en el bucólico Vermont, el 24 de noviembre de 1946, el inicio de su vida estuvo marcada por la vicisitud pues su madre, Louise, quedó embarazada soltera y, sin el apoyo del padre de la criatura; tras dar a luz a su primogénito se halló sin salida y lo llevó a un centro para niños en adopción. Sin embargo, cuando el padre de Louise se enteró, la envió a recoger al niño y Ted pasó sus primeros años pensando que él era hijo de sus abuelos, y que su madre biológica era su hermana mayor.

Sin embargo, su infancia no fue particularmente traumática y, como se ha dicho alguna vez, al actor Jack Nicholson le ocurrió exactamente lo mismo y ya de grande se enteró de que su hermana era en realidad su madre biológica. Alguna situación ha de haber habido, pero Nicholson siguió con su vida... e igual ha ocurrido con cientos de casos similares.

Sí se supo que en la escuela era introvertido y solitario, y sufría algún tipo de bullying, pero en cuanto llegó a la adolescencia y empezó a percibir su efecto en las mujeres ante su físico privilegiado y su encanto natural, empezó a destilar encanto y seducción. El resto, es historia.

Y bueno, quienes recorran la historia en la nueva docuserie de Amazon atestiguarán las decenas de situaciones que se generaron alrededor de todos los sucesos relacionados con Ted Bundy. Como el día en que el juez a cargo de su sentencia lo condenó a muerte y, acto seguido, le dijo a Bundy que le daba mucha pena optar por ese castigo, que él (Ted) habría sido un excelente abogado y que su vida había sido un completo desperdicio. Y acotó con voz paternal: “sepa que no tengo ninguna animosidad contra usted”. Esas fueron las palabras del jurista que había visto, en fotos y recreaciones, las carnicerías que había hecho Bundy con sus víctimas, incluso con una niña de 12 años a la que raptó, violó y masacró, en Florida.

O el minicarnaval que se armó en las afueras de la prisión en el momento en que fue ejecutado. O que no se sabe al día de hoy donde reposan sus restos, pues ningún cementerio accedió a recibirlos.

Han pasado más de 30 años desde que Bundy confesó haber matado a 30 mujeres, poco antes de su muerte en 1989 por electrocución. Pero la misma Elizabeth Kendall ha dicho que no tiene idea de por qué el público todavía está tan fascinado por él y sus crímenes. Ella y su hija han tenido largas conversaciones sobre qué hacer con sus artefactos de Bundy: cartas que le escribió a Kendall y fotos familiares con el asesino. Sin embargo, la decisión a la que llegaron es no hacer nada. “¿Por qué querríamos sacar al universo más a Ted Bundy”, razonó ella, “cuando él era simplemente este hombre horrible que causó tanto dolor a tantas familias?”

Kendall insistió en su entrevista con la cadena ABC en que espera que los espectadores puedan superar a Bundy como ella lo hizo y, con suerte, ver su narrativa como una de recuperación. “No importa cuán desordenada se vuelva la vida, todavía hay formas de reconstruir tu vida y hacerla significativa”, dijo.

Enamorarse de un asesino acercó a Kendall al cierre. Y espera que su historia incluso se sienta un poco universal para los miembros de la audiencia que la miran. “Es difícil pensar en esto, pero si pudieras dejar de lado el hecho de que Ted Bundy era un hombre terrible y asesino, él (también) era un mal novio”, dijo la mujer, quien a sus 74 años tiene algunos padecimientos físicos pero está completamente lúcida.

Y así, ofrece su mensaje final: “Espero que las personas, las mujeres, se den cuenta de que no necesitan establecerse. Algunas de las cosas eran una codependencia simple y llana de mi parte: aceptar cuando las cosas iban mal, pensar que era algo sobre mí y que necesitaba cambiar. Espero que las mujeres no hagan lo que hice, lo cual fue conformarse con un trato no 100% sincero “.

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