Televisión

Ted Bundy Alto, oscuro y letal

<b>Guapo, elegante,</b> romántico, tierno, encantador, era la imagen que proyectaba entre sus amistades, para ocultar a un perfecto depredador.

Guapo, elegante, romántico, tierno, encantador, era la imagen que proyectaba entre sus amistades, para ocultar a un perfecto depredador.
Guapo, elegante, romántico, tierno, encantador, era la imagen que proyectaba entre sus amistades, para ocultar a un perfecto depredador.

El olor impregna el aire. Durante días se pega al cuerpo, como el látigo a la piel del caballo. Hiede a zapato viejo quemado o como a una bola de sebo frita en una parrilla.

A veces no es tanto esa fetidez lo que molesta al verdugo, sino arrancar los pedazos de piel adheridos a la silla y a las correas. Bastan 15 segundos, en ocasiones dos descargas adicionales, y 2,500 voltios sacuden el cuerpo del condenado; bota espuma; orina; defeca y se achicharra por dentro.

¿Demasiada crueldad? O poca para alguien que ejecutó a 100 mujeres, de manera brutal, sádica y pervertida. Siguió, acorraló, secuestró, torturó, violó y mató a decenas de jóvenes universitarias, algunas de las cuales decapitó para guardar la cabeza como un “souvenir”.

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