Revista Dominical

Los caminos del aborto

En la clandestinidad en la que se realizan las interrupciones voluntarias de un embarazo, el camino suele ser silencioso. Algunas todavía aseguran que su decisión fue la mejor, mientras otras dicen sufrir las consecuencias de su elección.

Tenía dos opciones para abortar: la primera podía hacerse en una clínica clandestina en los alrededores de plaza Víquez, donde realizaban procedimientos quirúrgicos que se decían “confiables y seguros”. Su costo era de ¢1 millón y lo efectuaría un doctor cuyo nombre nunca supo.

La segunda oferta se ajustaba más a su billetera de estudiante universitaria pues, con ¢150.000 tenía derecho a un “combo” de pastillas con facultades abortivas y al seguimiento médico hasta un mes después de la interrupción.

Tras conversarlo en pareja, la muchacha y su novio escogieron la segunda opción. Llamaron por teléfono al médico; en el consultorio le dieron una especie de contraseña para asegurarse de que quien los contactaba no era un investigador ni un periodista camuflado de cliente.

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