Daniel Jiménez. 7 octubre

Mientras Wálter Centeno da indicaciones al borde de la línea de cal, Andrés Arias, su asistente, está con pizarra en mano siempre. Le da consejos una y otra vez. Intenta ver el fútbol desde la óptica de Paté, pero también con más calma para analizar lo que sucede simultáneamente en el terreno de juego.

Arias ya había dado una entrevista a La Nación en la que había indicado: “Wálter es caos y yo soy el control”.

Wálter Centeno vive con intensidad sus partidos. Su asistente Andrés Arias siempre está atento a realizarle apuntes del cotejo. Foto: Rafael Pacheco
Wálter Centeno vive con intensidad sus partidos. Su asistente Andrés Arias siempre está atento a realizarle apuntes del cotejo. Foto: Rafael Pacheco

En esta oportunidad, a la mano derecha de Centeno le tocó explicar qué fue lo que sucedió en el clásico nacional para que la S cayera con una goleada 2-5 en la Cueva.

En esta temporada, Arias no ha brindado declaraciones a los medios en conferencia de prensa como sí lo hacía Víctor Cordero cuando era asistente de Carlos Watson o Vladimir Quesada.

Luego de algunos juegos se le puede ver en zona mixta. Tal y como sucedió el pasado domingo en el que se detuvo para brindar sus percepciones tras el compromiso.

—¿Qué pasó en el clásico nacional?

Es parte de los riesgos o situaciones que tiene el fútbol. En el partido buscamos objetivos y al final no se logran en la parte de resultado. Fue abultado. Esperamos que esto nos sirva para entender y asumir responsabilidades para lo que resta de torneo.

—¿Cómo se puede entender este resultado tan abultado?

El clásico es un partido muy importante. Primero es que nosotros como cuerpo técnico sigamos creyendo en la idea, luego que los jugadores lo hagan y que crean que es lo mejor para todos. Todos sabemos que en las finales Saprissa es súper fuerte; hay que creer en eso.

—Ustedes hablan de convencer, pero, ¿qué es? ¿Los jugadores aún no están convencidos de la idea de ustedes?

Nosotros estamos hablando de convencer a deportistas que buscan desarrollar su carrera. Están buscando nuestro apoyo. Cuando uno maneja un grupo tiene personas con diversos objetivos; no es la misma meta para Manfred Ugalde que para Michael Barrantes, para poner un ejemplo. Uno tiene que homogenizar eso. El convencimiento es de que Michael sepa que necesita a Manfred y viceversa. Hablo de ellos dos porque son los polos más opuestos.

“Cuando uno habla de convencer es que ellos sientan que esto es lo mejor para ellos y esto lleva un tiempo de poner en práctica, de prueba y error y pasa en los mejores clubes del mundo. Hay casos como Real Madrid, que está en este proceso, el Manchester United, que lleva años de estar en esto. Es cuestión de tener un poquito de paciencia y seguir creciendo.”

¿Cuánto marcó la salida de Marvin Angulo? ¿Quedó “partido” el equipo?

Es que el cambio fue hombre por hombre porque entró Mariano Torres. Son jugadores muy parecidos. Es lo mismo. Realmente la idea da para todos. No creo que perder a un jugador y meterlo por otro afecte de esa manera. Mariano entró a jugar bastante bien. Es cuestión de ajustar un poco.

¿Cuáles son esos ajustes? ¿Considera que sí los han hecho?

Sí, la idea se mantiene. Tenemos aportes de los jugadores que nos dan sensaciones diferentes dependiendo de su perfil. Esto es de ir creciendo y evolucionando. Cuando uno busca hacer ajustes puede detener el crecimiento de la idea. Cuando pasa esto uno puede tenderse a dudar sobre el cambio. El mismo equipo que goleaba hace tres fechas está pasando por esto. Es normal que suceda en el juego como tal. En el fútbol esto puede pasar.

Si fuera otro entrenador el que hubiera perdido una final y luego cae en un clásico de esta forma, ¿cree que la afición ya hubiera pedido un cambio en el banquillo?

Bueno... somos una institución muy grande con una afición muy consolidada, muy sólida y que es muy exigente; eso lo sabemos. La figura de Wálter es lo que es, pero aquí han estado figuras igual de grandes en el pasado, que han ganado y han sufrido. Asumimos la responsabilidad de estar acá. No dudamos de la capacidad.