Geiner Golfín Duarte. 24 junio, 2018

El Parque Nacional Isla del Coco cumple 40 años de fundado con una serie de designaciones, como ser sitio Unesco de patrimonio mundial natural, sitio Ramsar o humedal de importancia internacional, área núcleo tanto de la biorregión isla del Coco como del Corredor Marino del Pacífico Este Tropical y, más recientemente, Bandera Azul Ecológica en la categoría playas.

Ese azul costarricense del que hablamos representa más de 500.000 kilómetros cuadrados, es decir, diez veces más grande que su territorio continental, y gracias a esa extensión adquirida por la isla del Coco, “el oasis en medio del Pacífico”, llegamos a expandir nuestros límites, no solo con Panamá y Nicaragua, sino también con Ecuador y Colombia.

Para un país que lidera discursos de biodiversidad, este aniversario es fundamental; sin embargo, la complejidad con la cual trabajan los guardaparques, hombres y mujeres a quienes les corresponde resguardar y ejercer la soberanía nacional en esa región, a más de 500 kilómetros de la costa pacífica, y la condición crítica de nuestras áreas silvestres protegidas son problemas de reflexión y búsqueda de una solución urgente.

Voluntad. El cuidado adecuado de todas las zonas de conservación implica asignación de los recursos necesarios de operación, que nos ofrezca una efectividad de manejo de nota 100, lo cual solo se logra con la voluntad de todos.

Al encontrarnos en un sistema tan cambiante, cuya dinámica muchas veces no facilita las acciones concretas de apoyo que puedan respaldar el trabajo efectuado por los guardaparques, es imprescindible que, como país verde que somos, no sigamos con los “pies en la tierra y las espaldas al mar”; es momento oportuno de empezar la revolución azul.

El esfuerzo de protección del Parque Nacional Isla del Coco no debe ser aislado; debe hacerse en conjunto, con apoyo interinstitucional de aliados cuyos objetivos se plasmen en acciones concretas, que garanticen el estado de conservación de los recursos marinos no solo locales, sino también regionales.

Es fundamental señalar que la isla del Coco es famosa en particular por las grandes cantidades de tiburones que la habitan o transitan por sus bahías e islotes y que atraen no solo a buzos e investigadores, sino también a pescadores ilegales.

En sus aguas conviven 14 especies de tiburones; entre estos sobresalen las escuelas de tiburones martillo (Sphyrna lewini) y los tiburones punta blanca de arrecife (Triaenodon obesus) entre otros.

Amenazas. La biodiversidad de la isla del Coco enfrenta serias amenazas, lo cual coloca en peligro la integridad ecosistémica. Una de esas amenazas es la pesca ilegal, la cual es contrarrestada con el control y la vigilancia del área marina protegida en sus más de 12 millas náuticas o su equivalente a 24 kilómetros cuadrados alrededor de la isla, lucha que ha sido liderada por los guardaparques.

La puesta en operación del radar para el control y vigilancia ha sido parte de la solución para combatir la pesca ilegal, pero sin duda la designación del Parque Nacional Isla del Coco santuario marino de tiburones respaldaría las acciones que se ejecutan, pues los tiburones son un recurso natural limitado.

La incógnita es cómo enfrentamos uno de los mayores peligros actuales: la contaminación con plástico en nuestros océanos. Es necesaria una política que permita la permanencia del estado prístino que posee la isla del Coco, pues las demandas son muchas y deben ser priorizadas de forma estratégica.

Si cada uno de nosotros acata consejos prácticos, como no utilizar plásticos de un solo uso — las pajillas, por ejemplo— , cambiar las bolsas plásticas por las de tela, hacer uso racional del agua y generar un cambio de mentalidad desde la educación ambiental, nos sumaremos a la conservación de los recursos marinos. Son pequeñas acciones que generan grandes cambios.

Tener clara la dirección hacia donde apuntar los esfuerzos seria una forma de acercar a todos a esta última frontera de Costa Rica: la isla del Coco, distrito 10 del cantón central de Puntarenas, a más de 36 horas; ya que “a la persona que no sabe para donde va cualquier bus le sirve”.

Como guardaparques, vamos a dedicarnos con bríos para proteger la isla del Coco porque somos conscientes de que el poder está en uno y la unión hace la fuerza.

El autor es biólogo marino.