15 agosto

El excandidato presidencial liberacionista Antonio Álvarez Desanti anunció su intención de pedir a la Asamblea Nacional del partido que no ratifique la candidatura del alcalde de Cartago, Rolando Rodríguez, aspirante a la reelección. Rodríguez fue elegido el sábado por la Asamblea Cantonal, pero los delegados nacionales pueden oponerse a la decisión cuando se reúnan el 24 de agosto.

Rodríguez encabeza la Municipalidad desde el 2007, pero hace meses fue denunciado por la supuesta violación de un joven. La Fiscalía encontró méritos suficientes para solicitar medidas cautelares, pero el juez las denegó. No obstante, Álvarez insiste en el esclarecimiento del caso antes de respaldar la candidatura. Parece cuestión de sentido común; sin embargo, una amplia mayoría de los delegados cantonales levantaron la mano para votar por Rodríguez. Fueron 62, la mayor parte de ellos, si no todos, conscientes de los cargos planteados contra el alcalde.

“Voy a presentar una moción para que no ratifiquemos el nombramiento de Rolando Rodríguez. La Asamblea Nacional debe sentar un precedente ético. Una persona con un caso abierto por violación no puede ser candidata del Partido Liberación Nacional”, afirmó el excandidato presidencial.

El precedente es necesario en Liberación Nacional y en los demás partidos políticos, cuyo debilitamiento obedece, en buena parte, a la falta de compromiso con la ética. El derrumbe del bipartidismo se produjo en relación directa con sonados casos de corrupción. El PLN, en particular, carga con el estigma nacido de años de prácticas cuestionadas.

La agrupación no tiene ni tuvo jamás el monopolio de la corrupción, pero su condición dominante en la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI la expone, más que cualquier otra, a los reclamos históricos. Todavía es el partido con mayor número de diputados y nunca ha llegado a las elecciones presidenciales sin ser considerado un serio contendiente, pero su imagen es terreno fértil para sembrar dudas éticas y las candidaturas cuestionadas abren surcos inoportunos e injustificables.

Los cuestionamientos que pesan sobre el PLN también afectan a otros partidos, incluido Acción Ciudadana, cuya novedad y discurso contra la corrupción alejaron las sospechas hasta su primer cuatrienio en el poder. El desgaste de todos es un grave problema para la democracia, no solo por los obstáculos planteados a la articulación del diálogo político constructivo, sino por el constante y creciente peligro de advenimiento de un demagogo populista, como sucedió en otras latitudes, algunas muy cercanas.

El remozamiento del sistema democrático costarricense depende del remozamiento de los partidos políticos. Es una grave responsabilidad y los integrantes de los órganos de decisión, en todos los niveles, deben tenerla presente al ejercer el voto. “El problema en Liberación —dice Álvarez— es que, cuando hablamos de problemas éticos, todos estamos de acuerdo, pero cuando aparecen los amigos, preferimos al amigo que a la ética”.

No es época para el amiguismo ni las lealtades mal entendidas. Reforzar la idea de las argollas creadas a manera de red de cuidado mutuo es profundizar la crisis de los partidos y, por esa vía, sumir al sistema democrático en crisis. Pese al escepticismo frente a las agrupaciones políticas, Costa Rica conserva el apego a los valores democráticos. No obstante, están sufriendo erosión, según estudios diseñados para medir la identificación del ciudadano con el sistema.

En este caso, el PLN tiene mucho más en juego que una alcaldía. Si no le hace caso a su excandidato, su imagen sufrirá una nueva mella. También hará daño a la credibilidad del sistema. Por eso, no basta con “alzar la voz”, como dijo Álvarez. La Asamblea Nacional debe ser contundente, tanto como para servir de ejemplo a otros partidos.