Editorial

Editorial: El alivio de un acuerdo imperfecto

La negociación entre el Reino Unido y la Unión Europea evitó una ruptura traumática de terribles consecuencias. Si bien todos perderán, al menos ya existe un camino para conducir las relaciones futuras

(FILES) In this file photo taken on March 25, 2017 an EU flag and a Union flag held by a demonstrator are seen with Elizabeth Tower (Big Ben) and the Houses of Parliament in London. - Four and a half years after Britain voted to leave the EU and as eight months of painstaking trade talks reach a climax, Boris Johnson is set on December 13, 2020, to answer the most fundamental question: what is Brexit? Britain left the EU in January and is in a standstill transition period until December 31 while both sides thrash out the terms of their new trading relationship. (Photo by Daniel LEAL-OLIVAS / AFP)
(FILES) In this file photo taken on March 25, 2017 an EU flag and a Union flag held by a demonstrator are seen with Elizabeth Tower (Big Ben) and the Houses of Parliament in London. - Four and a half years after Britain voted to leave the EU and as eight months of painstaking trade talks reach a climax, Boris Johnson is set on December 13, 2020, to answer the most fundamental question: what is Brexit? Britain left the EU in January and is in a standstill transition period until December 31 while both sides thrash out the terms of their new trading relationship. (Photo by Daniel LEAL-OLIVAS / AFP) DANIEL LEAL-OLIVAS

Cuatro años y medio después de que el electorado del Reino Unido decidiera en referendo, por estrecha mayoría, abandonar la Unión Europea (UE), al fin ambas partes lograron un acuerdo para conducir sus relaciones comerciales —y, en menor medida, jurídicas y políticas— a partir de este 1°. de enero. Aunque parcial e imperfecto, el documento concertado, de 2.000 páginas, constituye un alivio ante la alternativa posible: un divorcio total, con enormes perjuicios para todos, en particular para los británicos.

Estamos ante el fin negociado de una ruptura que pudo ser más traumática, pero está lejos del ideal. El teatral entusiasmo soberanista proyectado, el 24 de diciembre, por el primer ministro Boris Johnson, al hacer el anuncio en Londres, solo se explica por razones de política interna, porque su país será el principal perdedor. Mucho más realista fue la prudencia expresada en Bruselas, esa misma noche, por Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, quien se refirió a «un dulce pesar».

Lo que queda ahora es centrarse en desarrollar la nueva relación de la mejor manera posible, entre dos entidades políticas que se mantendrán como estrechos aliados. El Reino Unido se ha separado de la UE, pero no de Europa. No nos referimos solo a la geografía, que puede ser destino, sino, sobre todo, a los grandes intereses comunes de las dos partes alrededor no solo del comercio y el desarrollo, sino también de la democracia, el Estado de derecho, la estabilidad internacional, el respeto a la dignidad humana, la investigación y la seguridad compartida. Son valores que, para su proyección más eficaz, requieren de permanente cooperación. Todo indica que se mantendrá, aunque de forma menos fluida.

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