14 marzo

Las entidades financieras deben hacer estimaciones prudenciales para que sus balances reflejen con fidelidad la situación patrimonial. Además, los órganos de supervisión exigen operar con provisiones contracíclicas, que se acrecientan en los buenos tiempos para relajarse en momentos menos afortunados. La Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef) exigió, en el 2016, constituir una de esas reservas por un 5 % de las utilidades.

Considerando que la actividad económica del país está ligeramente estancada, la Sugef autorizó en enero a las entidades bajo su supervisión a reducir esa reserva contracíclica a la mitad, es decir, al 2,5 % de sus utilidades, lo cual permitirá una expansión del crédito para coadyuvar a la aceleración del crecimiento económico.

Aunque el efecto de la medida es, por ahora, relativamente pequeño, pues la reserva especial comenzó a operar hace muy poco, la decisión va en la dirección correcta. Conforme pase el tiempo y los montos acumulados crezcan, el efecto contracíclico aumentará y la expansión del crédito será cada vez mayor. Los bancos, tanto públicos como privados, y la Caja de ANDE, son los que más podrán aumentar el crédito de conformidad con la medida adoptada por la Sugef.

La Superintendencia indicó que, de ser necesario y previo a un estudio, autorizaría una reducción mayor en junio próximo (“Sugef flexibiliza las reservas de los bancos para impulsar crédito”, La Nación, 6/3/2019).

Otra medida prevista por el sistema para estimular el crédito al sector privado es la relacionada con el índice de suficiencia patrimonial, que es la proporción de capital que los intermediarios deben mantener respecto a sus activos ponderados por riesgo. En la actualidad, ese índice es del 10 %, pero podría ser rebajado al 8 %. Eso estimularía el crecimiento del crédito en una magnitud muy superior a la medida antes comentada, pero, de momento, no parece necesario.

En cualquier caso, es de esperar que los bancos y otras entidades financieras continúen operando con la mayor prudencia en la concesión de créditos y no aprovechen las medidas contracíclicas para financiar a clientes en problemas para pagar. Eso afectaría la calidad de sus carteras y hasta podría causar la quiebra de entidades irresponsables.

También es necesario considerar la posibilidad de que la caída en la concesión de créditos se deba a condiciones de demanda, y no solo de oferta, que son las atendibles mediante decisiones como las comentadas. Si las empresas consideraran incierto el futuro inmediato, se abstendrían de solicitar crédito bancario y no habrá medida capaz de aumentarlo por el lado de la oferta. “Se puede llevar el caballo al río, pero no obligarlo a beber agua”, dice un sabio refrán aplicable al caso.

El bajo crecimiento de la economía, traducido en desaceleración de la demanda de los consumidores y la incertidumbre imperante sobre la solución del problema fiscal muy probablemente sean factores relacionados con la baja tasa de crecimiento del crédito al sector privado, que pasó de casi un 14 % en mayo del 2017 al 6 % en enero de este año. Si la reforma fiscal se lleva a feliz término y la construcción de infraestructura pública (financiada con cargo al presupuesto nacional o, quizá mejor, mediante concesión de obra al sector privado) se acelera, es muy probable una mejora de las expectativas empresariales y, también, un aumento de la demanda de crédito productivo, en cuyo caso podríamos volver al nivel de reservas contracíclicas del pasado.

En suma, la medida contracíclica adoptada por la Sugef, aunque de reducido efecto cuantitativo por ahora, va en el sentido correcto. Ojalá logre los propósitos de estímulo crediticio esperados. Sin embargo, es deseable complementarla con otras iniciativas de ajuste fiscal.