5 julio

“Como aves precursoras de primavera, en Madrid aparecen las violeteras”, cantaba la española Sarita Montiel. En economía sucede algo similar: existen actividades cuya expansión presagia buen crecimiento económico, pero su contracción anuncia malos tiempos. La compra de bienes duraderos, como electrodomésticos y vehículos, así como la construcción y reparación de viviendas y, de hecho, todo lo que puede esperar, se reduce cuando las perspectivas macroeconómicas son negativas. En Costa Rica, ese fenómeno está ocurriendo.

Como recién informamos (“Bajas en venta de carros, enseres y materiales apagan comercio”, La Nación, 2/7/2019), según mediciones del Banco Central de Costa Rica (BCCR), desde noviembre del año pasado muchas actividades reflejadas en el índice mensual de actividad comercial (IMAC) muestran franca caída. En el caso de los aparatos eléctricos y del hogar, la reducción de las ventas se inició en febrero del año pasado. El descenso en vehículos automotores comenzó en enero del 2017.

Y es en ese punto en el que la reactivación de la economía se torna tan necesaria.

Conviene precisar los factores condicionantes de las caídas observadas en la actividad económica para tratar de establecer cuándo esperar una recuperación. Para Alonso Elizondo, director ejecutivo de la Cámara de Comercio, la venta de vehículos resultó afectada por restricciones en el mercado crediticio, lo cual podría cambiar en el futuro cercano, y en lo relativo a materiales de construcción es posible esperar una recuperación en setiembre.

Sin embargo, para Randall Murillo, director ejecutivo de la Cámara Costarricense de la Construcción, la incertidumbre reinante en muchos campos, en particular por la extensión del impuesto sobre el valor agregado (IVA) a los servicios, constituye una fuerte limitante y, por eso, no vislumbra una pronta recuperación del sector que él representa.

Una mejora, señaló Elizondo, no depende tanto de los comerciantes como de los propios consumidores. No es un problema de oferta, sino de demanda, señaló.

Mientras el alto desempleo no se reduzca, las medidas de ajuste fiscal no se afiancen y logren reducir el déficit del sector público y las calificadoras internacionales de riesgo (como Fitch, Standard & Poor’s y Moody’s) no modifiquen la calificación y perspectivas de la economía costarricense, muchos consumidores continuarán posponiendo compras de bienes duraderos, reparaciones menores y hasta la simple decisión de pintar sus casas.

También los empresarios detendrán inversiones y la expansión de sus actividades económicas en espera de mejores señales. Como indicó el director ejecutivo de la Cámara de Comercio, la gente piensa mucho para adquirir bienes duraderos.

Y es en ese punto en el que la reactivación de la economía se torna tan necesaria. El gobierno debe adoptar y divulgar un conjunto coherente y eficaz de medidas de reactivación, con enunciación de los responsables de ejecutarlas, los plazos involucrados y los resultados esperados. No es necesario que todas las acciones den frutos en el futuro inmediato, pero es indispensable que sean creíbles porque esa es la forma de cambiar, para bien, las expectativas de los agentes económicos (consumidores, productores y comerciantes). En particular, si el programa de reactivación satisface al sector empresarial, este reanudará sus inversiones, la contratación de trabajadores y se iniciará un ciclo de repunte de la producción. Esa nueva oferta, en un ambiente de confianza, aportará a los participantes en la cadena de valor los medios de pago para coadyuvar a financiar su propia demanda.