Eduardo Ulibarri. 31 octubre

No conozco a Rodrigo Chaves Robles, pero, por su sólida formación académica, su impecable trayectoria profesional, su exposición a múltiples vericuetos de la política económica y sus puestos de liderazgo en una institución tan compleja como el Banco Mundial, creo que el presidente acertó al nombrarlo ministro de Hacienda. A esos rasgos añado dos más: estar por encima de los trasnochados atavismos ideológicos que aún distorsionan el debate nacional y conocer un acervo de casos y experiencias para tomar decisiones con base en evidencias, no abstracciones o prejuicios.

La prueba de fuego, por supuesto, la tendrá en el cargo, pero los augurios son buenos. Todo indica que estamos ante uno de esos costarricenses que, gracias a su talento y esfuerzo, forman parte de una suerte de élite cognitiva internacional y que, mejor aún, están dispuestos a dejar comodidades, remuneraciones y estímulos externos para volver al país, asumir los retos del servicio público y encontrar realización en ellos.

Algo similar a lo anterior puede decirse de Rodrigo Cubero, quien interrumpió una fecunda carrera en el Fondo Monetario Internacional para sumir la presidencia ejecutiva del Banco Central, y de Edgar Ayales, fallecido el pasado año, quien ocupó el cargo de ministro de Hacienda en el 2012, tras desempeñarse en los bancos Mundial e Interamericano de Desarrollo.

En ambos casos, su alejamiento del país no fue barrera para desempeñarse con gran solvencia. Al contrario, alimentó su capacidad de abordar los desafíos nacionales con óptica enriquecida, referentes más diversos y un distanciamiento emocional que generalmente estimula la razón y protege de las presiones. Es lo que, presumo y deseo, ocurrirá con Rodrigo Chaves.

Su decisión podrá sorprender a algunos que desdeñan —porque quizá no las tienen— las motivaciones altruistas como móviles de la conducta. Sin embargo, su relevancia ha sido demostrada empíricamente y ha puesto en jaque el sacrosanto supuesto de la “maximización de utilidades” como guía única para tomar decisiones con implicaciones económicas. Más aún, la trayectoria de Chaves, Cubero y Ayales es, por sí sola, una poderosa razón para suponer que en ellos ha primado una decantada vocación de servicio. Por esto, merecen agradecimiento.

Twitter: @eduardoulibarr1

El autor es periodista.