Fernando Durán Ayanegui. 13 julio

“Ese mismo árbol te da la respuesta a tu inquietud. En la naturaleza —nosotros no somos más que una parte de ella— siempre vence el más fuerte como el matapalo. Los débiles sobreviven por su enorme capacidad de reproducirse, es el caso de los pobres que se reproducen en grandes cantidades y por eso se pueden morir en las guerras o por epidemias y nunca se acaban, los líderes sí, somos muy pocos”. Así se inicia la larga tirada con la que el general, personaje de la novela Abrazos de matapalo, del escritor costarricense Santiago Porras, se justifica después de que su esposa le ha señalado un matapalo crecido alrededor de los restos ya invisibles del árbol que le sirvió de anfitrión, y le ha dicho que él, el general, les da a las personas de su entorno un trato parecido al que da el matapalo.

En efecto, abundan las especies vegetales que germinan y crecen a expensas de otras, en cuyos troncos se enraízan a manera de mortales, pero en apariencia amorosos abrazos, y provocan la muerte de sus inermes anfitriones. Este gentil canibalismo vegetal es una versión en cámara lenta de las conquistas, aparentemente pacíficas pero destructoras, que se dan en las relaciones entre personas, entre géneros, entre clases y entre Estados. De esas relaciones trata la minuciosa novela de Porras. Es un gobelino narrativo, tejido con diversas voces entre las que sobresale la de la casona de una extensa hacienda, levantada en las proximidades de un voraz matapalo que, por su parte, aparenta ser ajeno a todo, como corresponde al depositario de muchos secretos inconfesables, no solo del general, sino también de otros matapalos humanos. La sociedad costarricense que se percibe y actúa en aquella lejana hacienda guanacasteca, se presenta como un bosque nada apacible, en el que los árboles se fagocitan entre ellos siguiendo un orden ferozmente estratificado, de modo que los débiles se dejan escuchar, pero carecen del espacio que les permitiría disfrutar del mínimo indispensable de nutricia luz solar.

Desconozco el proceso mediante el cual el Consejo Superior de Educación selecciona las lecturas recomendables en el sistema educativo, pero, sea como sea, creo que ahí debe figurar Abrazos de matapalo, una alegoría implacable y atinada sobre las raíces de nuestra democracia.

El autor es químico.