Columnistas

Polígono: Almas en riesgo

La selfimanía podría tener una cuota de responsabilidad en tanto des-almado

A mediados de los 70, mientras paseábamos por Nairobi, un compañero de excursión, también tico, me pidió que le tomara una fotografía con una mezquita como fondo. Me entregó su cámara —estábamos aún bastante lejos de los teléfonos celulares con dispositivo fotográfico— y cuando me disponía a apretar el obturador ocurrió algo inesperado: los trabajadores que hacían una reparación vial en los alrededores del centro religioso se alejaron apresuradamente, como si yo estuviera empuñando una ametralladora. No entendí lo que entre ellos se dijeron, tampoco percibí que estuvieran enojados y lo único cierto es que no reanudaron sus labores sino cuando los foráneos continuamos nuestro paseo.

De regreso a la residencia estudiantil donde nos alojábamos, uno de los anfitriones me explicó lo ocurrido: aun cuando la mayoría de ellos eran cristianos, musulmanes o animistas, aquellos trabajadores conservaban una creencia tradicional según la cual, si la imagen de una persona era atrapada en una pintura o una fotografía, con ella se quedaba una parte del alma. Una implicación de aquella creencia, interpreté yo, era que si a un ser humano lo retrataban de algún modo muchas veces, podía ser despojado totalmente de su alma y morir o quedar convertido en una especie de zombi.

Hoy, más de medio siglo después de aquella experiencia, estoy convencido de que, en el ámbito de las creencias, lo más conveniente es dejar que cada persona mueva las montañas con la fuerza de su propia fe, y en ocasiones me pregunto si para los descendientes de aquellos trabajadores kenianos a quienes amenacé inadvertidamente con meterles parte del alma dentro de una cámara fotográfica, hacerse innumerables selfis y empeñarse en obtener con ellos un gran número de likes no es sino una forma lenta de suicidio o de debilitamiento anímico.

Otra pregunta que me hago sin esperar respuesta se relaciona con las complicaciones que aquella creencia generaba en las entidades encargadas de emitir pasaportes y otros documentos de identificación en los que debía de figurar la foto del portador. Hoy, sin ánimo de refutar tal creencia o de adherirme a ella, me planteo si el estado un tanto calamitoso de nuestra civilización no tiene que ver con el creciente número de des-almados por causa de la selfimanía.

duranayanegui@gmail.com

El autor es químico.