Columnistas

Pesca y violencia

La ola de violencia en Puntarenas debe dolernos y alarmarnos, pero no sorprendernos.

La ola de violencia en Puntarenas debe dolernos y alarmarnos, pero no sorprendernos. El puerto del Pacífico ha venido perdiendo dinamismo económico y oportunidades para sus pobladores. El Roble, Chacarita y Barranca exhiben, desde hace mucho años, grandes necesidades. Otro tanto puede decirse de las zonas deprimidas en el centro de la ciudad.

La persistente pobreza es, en sí misma, un acto de violencia contra miles de familias desesperadas. El Ministerio de Seguridad Pública responde con mayor presencia policial, retenes y decomiso de armas. Esa es su labor, y en buena hora procura hacerla con eficacia, mas el trabajo policial apenas trata los síntomas. La enfermedad subyace.

El ministro de Seguridad, Michael Soto, pide el concurso del Ministerio de Educación, el Patronato Nacional de la Infancia, el Instituto Mixto de Ayuda Social y otras instituciones cuyo aporte es indispensable; sin embargo, el alivio solo será posible a partir de la actividad económica y en ese rubro Puntarenas solo ha tenido malas noticias, una de ellas en el sector pesquero.

La pesca de arrastre, como se venía practicando, es inadmisible. En el mejor de los casos, traslada el surgimiento de la miseria a un futuro no muy lejano, cuando se agote la riqueza marina, pero en otras regiones del mundo se pesca de manera sostenible. Con la condena de los métodos nocivos debe venir la sugerencia de otros, aptos para conservar los mares y también el sustento de los pescadores y sus servicios auxiliares.

A falta de una rotunda negación de la posibilidad de explotar nuestras aguas en armonía con el ambiente, la comunidad científica podría enriquecer el debate señalando los métodos aceptables. Pero la extrema polarización del debate impide esclarecer, siquiera, si existe la pesca responsable y cómo podríamos practicarla.

Las resoluciones de la Sala Constitucional en resguardo de los derechos ambientales siempre han admitido la posibilidad, si se dan y respetan las condiciones apropiadas. Los magistrados incluso se dieron por satisfechos con la última técnica propuesta, pero los cuestionamientos no tardaron en aflorar. El país debe celebrar la existencia de una comunidad científica y conservacionista tan activa, pero ¿sería mucho pedir su orientación sobre la forma de desarrollar la pesca como lo hacen los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, de la cual formamos parte precisamente para compartir las mejores prácticas en todos los ámbitos?

agonzalez@nacion.com

Armando González R.

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad de Costa Rica y Máster en Periodismo por la Universidad de Columbia, en Nueva York.