Armando González R.. 23 junio

Caleb Harper, director de la Iniciativa para la Agricultura Abierta del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), reflexiona sobre el futuro de la producción agrícola a partir de las verdades fundamentales de su pasado. La domesticación de las plantas posibilitó los primeros asentamientos humanos. Las ciudades se fundaron sobre la agricultura y pasaron muchos años antes del distanciamiento entre las poblaciones urbanas y sus fuentes de alimentos.

Ahora, investigadores como Harper proponen iniciar el viaje de regreso a la agricultura urbana. Las consecuencias ambientales del desarrollo son cada vez más evidentes y dramáticas. Perturbaciones climáticas, altas temperaturas, sequías e inundaciones obligan a reconsiderar técnicas agrícolas y pecuarias.

Emily Fung, investigadora del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie), encabezó un estudio para determinar el impacto del cambio climático sobre el cultivo del café en América Latina. El aumento de la temperatura y las variaciones en el régimen de lluvias podrían afectar entre el 73 % y el 88 % de las tierras aptas para producir el grano en la actualidad.

Los cultivos migrarán hacia zonas cada vez más altas, pero los científicos ya se ocupan de desarrollar variedades capaces de conservar la productividad en las regiones afectadas. Así como el cultivo del café podría verse obligado a desplazarse o a defenderse mediante nuevas técnicas y variedades, la ciencia empieza a plantear la recuperación del espacio urbano para la producción de alimentos. Es cuestión de tecnología.

Las ciudades, como ocurre en nuestra área metropolitana, engulleron grandes extensiones de tierras fértiles, en el caso costarricense muchas de las más valiosas, y las sepultaron bajo el pavimento. La recuperación de esos espacios productivos para alimentar a una población creciente podría exigir la construcción de “granjas verticales” con ambientes controlados por la tecnología.

Existe un intenso debate sobre el potencial productivo de la agricultura urbana, pero sus impulsores apuntan a importantes avances tecnológicos, como el aplicado al cultivo experimental de fresas de Harper en el MIT, donde la tecnología digital mide y suple las cantidades precisas de agua, nutrientes y carbono, así como las ondas de luz necesarias, no solo para la fotosíntesis, sino para cambiar el sabor, recreando las condiciones ideales para producir las fresas más dulces. Suena a fantasía y sería fantástico.

agonzalez@nacion.com

Armando González es editor general del Grupo Nación y director de La Nación.