Jorge Guardia. 11 noviembre, 2019

Raramente coincido con los analistas de Project Syndicate, ubicados a la izquierda del centro ideológico. Una de ellos, la activista Karin Nansen, dice que “los países crearon un sistema económico centrado en la acumulación de capital que privilegia las ganancias corporativas sobre el bienestar de las personas (…) y arraiga la injusticia”. Su visión me inquieta.

¿Qué pasó en Chile para provocar semejante ira y repudio a la economía de mercado, al punto de exigir otra Constitución?

Condena el capitalismo y su principal derivado, la economía de mercado, que asigna los recursos conforme a la eficiencia relativa de los factores productivos, base del progreso de la humanidad. En él convergen las libertades económicas y políticas, respeto a la propiedad privada, el espíritu de lucro y superación personal, y descansa en la equidad natural: el que más aporta, más recibe; también, incluye el libre comercio y la globalización, en jaque por el resentimiento y descontento populares.

Otros analistas de Project Syndicate, Adelman y Pryruka, atribuyen el descontento en la región a la desigual distribución del ingreso. Concluyen que el futuro inmediato pinta mal, pues la desaceleración y alto endeudamiento no permitirán mejorar la situación, pero no proponen soluciones. Con ese diagnóstico pesimista coincide la nueva jerarca del FMI, Kristalina Georgieva, y uno de sus técnicos, Alejandro Werner, aporta soluciones concretas dentro de un marco de economía de mercado, estabilidad macroeconómica y un renovado papel del Estado para mejorar la cobertura y eficacia de los programas sociales, tan venidos a menos. Por ahí, creo yo, debe ir la procesión.

¿Qué pasó en Chile para provocar semejante ira y repudio a la economía de mercado, al punto de exigir otra Constitución? Álvaro Vargas Llosa, hijo de Mario, lo describe muy bien en un video: el modelo liberal fue muy exitoso, produjo impresionantes resultados, pero se estancó al no profundizar las reformas por influencia de gobiernos socialistas. Entonces, dejó de crecer y generar empleo y mejores salarios. La falta de reformas estructurales de última generación, al igual que en Costa Rica, le pasó la factura; también, la radicalización de la izquierda, que cuestiona la legitimidad del sistema.

En Costa Rica, los economistas liberales de todos los partidos debemos defender con más vigor la economía de mercado, entrar en la pelea, y evitar un retroceso hacia el socialismo y estatismo, cuyo resultado sería fatal, sobre todo para los más pobres. ¿Quién se apunta?

El autor es economista.