Columnistas

El círculo vicioso que hace a Costa Rica un país caro

Tenemos un tinglado de políticas para mantener los privilegios de los grupos de presión

Costa Rica es un país caro. De eso nos quejamos los costarricenses hace rato. Los turistas lo encuentran caro cuando lo comparan con otros destinos. Las empresas, ya sea las que compiten en el mercado internacional o las que lo hacen contra los bienes importados, se quejan de lo poco competitiva que es Costa Rica por lo caro que resulta producir aquí.

Parte del problema es que nos hemos metido en un círculo vicioso bien complicado. Como los costos de producción son altos, lo que hace poco competitivas a las empresas locales, la solución típica es buscar cómo proteger a los productores, otorgándoles fueros especiales. El método más común es limitar la competencia en el mercado con aranceles, barreras no arancelarias o esquemas monopolísticos especiales, para que los productores puedan vender sus productos a precios más elevados.

Al subir los precios, cae el poder adquisitivo de los ingresos de las familias. Los sindicatos presionan fuerte por beneficios especiales para los empleados públicos, a lo que el gobierno de turno termina, usualmente, cediendo.

Como se genera un desbalance fiscal, el gobierno solicita a la Asamblea que aumente los impuestos, ya de por sí altos. Se produce un nuevo aumento en el costo para las empresas y se deteriora, aún más, el ingreso disponible de las personas.

Como los salarios no alcanzan para vivir bien, la lógica de los políticos es decretar aumentos salariales que compensen, casi automáticamente, la inflación de precios. Y, así, regresamos al inicio del círculo, en que, ante un nuevo aumento de costos para las empresas y otra pérdida más de competitividad, el gobierno tiene que ver como ayuda.

A final de cuentas, Costa Rica es cara, en buena parte, porque tenemos un tinglado de políticas para mantener los privilegios de grupos de presión. Un círculo vicioso en el que quien tiene más galillo, traga más pinol. Para romper ese círculo vicioso, el país requiere un gobierno que se atreva a enfrentar a los grupos de presión que demandan cada vez más beneficios.

Únicamente así se encaminará la economía hacia la búsqueda de la eficiencia y la eficacia en todos los campos, tanto público como privado. Es un cambio de mentalidad, en el que debe primar el objetivo de mejorar la capacidad productiva del país para que sus ciudadanos sobrevivan en un entorno tan caro, en lugar de seguir repartiendo lo que no se tiene.

lmesalles@ecoanalisis.org

El autor es economista.

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