Columnistas

Apuntes electorales

Hay mucha tela que cortar para entender las razones por las cuales las fichas cayeron como lo hicieron

Tras los resultados electorales del domingo, no voy a hacer la de los comentaristas deportivos. Siempre dicen, después de que el partido termina, que el resultado les dio la razón, sin recordar que mientras había juego se la fueron jugando con comentarios estilo “el equipo A domina y juega mejor, pero B es peligroso y podría ganar”. Y, ¡zas!, B mete el gol y el sabelotodo concluye: “Ya lo habíamos dicho”.

Hay mucha tela que cortar para entender las razones por las cuales las fichas cayeron como lo hicieron: ¿Qué estuvo detrás del estancamiento del PUSC? ¿Qué vio la gente en Fabricio para no darle el segundo lugar? ¿Quiénes impulsaron el ascenso de Feinzaig? ¿Por qué Chaves creció como la espuma en la última semana? ¿Se reconvirtió el Frente Amplio a los ojos de muchos? ¿Qué razones impulsaron a tantos a votar por Figueres, pese a sus reconvenciones?

He oído todo tipo de “teorías” sobre estos temas, incluyendo las de sesudos analistas, pero la verdad es que no puedo responderlas. Me gustaría hacerlo, pues pasaría por brillante, pero se requieren estudios específicos para contestarlas. Lo que sí creo poder abordar son dos preguntas: ¿Es esta elección una ruptura con respecto a lo que veníamos viendo? ¿Tiene particularidades que le dan un sello propio o no? Mi respuesta es “no” y “sí”, y paso brevemente a elaborar.

Fue una elección muy parecida a las del 2014 y el 2018: vamos a segunda ronda, la votación de los ganadores es muy baja y el alto abstencionismo fue aún mayor en las regiones periféricas. Otra vez pasó al balotaje cuando menos un político outsider que andaba de cuarto o quinto a mediados de enero. Hubo una gran indecisión del electorado y súbitos e imprevisibles cambios hacia el final de la contienda. Finalmente, otra vez el nuevo gobierno empezará con un mandato endeble y una Asamblea multipartidista. Todo esto nos habla de la debilidad de las identidades partidarias y de la desconexión política de las poblaciones fuera del Valle Central.

Con todo, esta elección tuvo particularidades importantes. El abstencionismo aumentó a un máximo histórico, el oficialismo experimentó una debacle nunca vista y los partidos se encogieron como nunca: pasó a segunda ronda uno que capturó un raquítico 16% del voto. Esto sugiere que la elección del 2022 es expresión de un panorama político aún más deteriorado. Pese a ello, el TSE estuvo impecable.

vargascullell@icloud.com

El autor es sociólogo, director del Programa Estado de la Nación.

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