10 julio

Me enorgullece darme cuenta del gran avance en telecomunicaciones gracias al esfuerzo del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE). Aun así, la institución deja mucho que pensar. Por ejemplo, en pleno siglo XXI, cantones como Sarchí de Alajuela disponen de servicio de Internet solo en el distrito central, los demás, como San Juan, no tenemos, con lo cual nos quedamos muy atrás sin los beneficios que la tecnología nos puede brindar. Se ha pedido muchas veces y lo que contestan es: “No hay pares y no sabemos cuándo será posible dar el servicio”. Nosotros también merecemos Internet.

Cynthia Elizondo Zúñiga, Sarchí de Alajuela

Apoyo ciudadano

Me identifico mucho con el artículo de Velia Govaere, del 7 de julio en “Página quince”. Me duele mucho ver a mi país siendo manipulado por un grupo de sindicalistas inescrupulosos, a los cuales no les importa el daño que le hacen a Costa Rica. No es cierto que representan a la sociedad; a la mayoría no. Están en su derecho de manifestarse, pero no a coartar el libre tránsito de los demás. Eso es violencia.

Hago eco de nuestros hermosos himnos, yo quiero ser libre, no un siervo menguado por unos cuantos. Quisiera ver que, cuando alguno pretenda manchar la gloria de mi país, el pueblo se levante valiente y viril, no armado, pero sí en una manifestación de repudio contra quienes nos secuestran cada vez que se les ocurre. ¿Será que, más allá de lo que ponemos en las redes sociales, podemos hacer algo para presionar al gobierno para que actúe?

Amed Espinoza Calderón, Cartago

El mayor bien

Cada vez que escucho la canción Soy tico de Carlos Guzmán Bermúdez, no puedo dejar de emocionarme, especialmente, porque me transmite un profundo sentimiento de amor a la patria y, siendo yo extranjero, me emociona doblemente.

Luego de analizar los últimos acontecimientos ocurridos en el país, no logro comprender por qué líderes sindicales, mediante la manipulación y las noticias falsas, quieren desestabilizar la democracia y la paz social que tanto les costó a grandes hombres y mujeres costarricenses.

Claro que tenemos problemas, como también los tienen los países más prósperos del mundo. Pero lo que debemos hacer es solucionarlos entre todos. Como dijo una exmandataria: “Si cada uno hiciera lo que tiene que hacer, el país caminaría”.

Usted puede ser católico, evangélico, judío, musulmán, budista, agnóstico, ateo, lo que desee, pero en estos 51.000 kilómetros y un poco más de extensión vivimos todos, por tanto, deben existir leyes que resguarden todos los derechos.

Lázaro Omar Salgado Pérez, Santo Domingo de Heredia

Trato diferente

La Caja denunció un alza del 21 % de la deuda de hoteles y restaurantes en un año. Un total de 1.608 empresarios están en mora. Cuando una inspectora llegó a mi consultorio a ver si yo estaba al día, le pregunté por qué esos morosos no pagaban. Me contestó que son evasores muy finos. ¡Ah, caray!, le respondí. Sin embargo, no ordenan el cierre de esos establecimientos como sí lo hacen con un estadio. ¿Será que cerrar un estadio es mediático y uno de esos negocios no?

Jorge Acuña Calvo, San Francisco de Dos Ríos

Homenaje póstumo

El ser humano es reflejo de sus acciones, sus bondades desplegadas en la vida, su humildad y servicio para los demás y, sobre todo, para el bien de su patria. Así se ha visto en todos los rincones de este generoso y querido país.

En nuestra provincia de Cartago, conmemoramos a la agrupación Fray Antonio de Igualada, especialmente, a cada uno de sus miembros fallecidos, por el bien hecho al más desposeído. Estamos seguros de que Dios, la patria y la humanidad se lo agradecerán por siempre.

Óscar R. Guevara Chacón, Cartago

Perros sueltos

Hace tres meses denuncié ante la oficina de Senasa de Coronado a mi vecina, quien es adulta mayor y tiene cuatro perros que le trajo una hija que ocupa un alto puesto en el Poder Judicial.

La señora nunca saca a los animales con la respectiva cadena y la bolsa para recoger las heces. Los perros permanecen fuera de la casa desde la mañana, ladran y con ello molestan a los vecinos que pasan, no importa si son niños escolares, mujeres trabajadoras o adultos mayores. Los animales defecan y orinan en toda la urbanización, y rompen las bolsas de basura.

Un funcionario de Senasa vino solo a la casa de mi vecina, sin la compañía del Ministerio de Salud, y confirmó mi denuncia. Le dejó una notificación hace más de un mes, pero la señora no ha hecho nada para mantener los perros dentro de su casa y en silencio.

He tratado repetidas veces de hablar con alguien del Ministerio de Salud de Tibás y ha sido imposible. Llamé a Conapam porque la señora está sola y por su edad no puede atender a sus mascotas, pero me piden que ponga la denuncia personalmente ante el juzgado. Alguien debe resolvernos el problema.

Arturo E. Hernández Martínez, Jardines de Tibás