Salud

Daniel Salas: ‘Es lógico que haya mucha presión, pero estoy tranquilo con las decisiones porque son para proteger la salud'

El ministro de Salud reconoce que en los casi cuatro meses de lucha contra la pandemia de covid-19 ha habido tensión y cansancio, pero asegura que sigue motivado y comprometido. A la población le pide 'no desmayar'

Los escenarios han cambiado en casi cuatro meses de enfrentarse, cara a cara, con una de las peores pandemias que han azotado a la humanidad.

Costa Rica pasó de seguir el rastro de turistas infectados, que fueron los que trajeron el nuevo coronavirus al país, a desarrollar en los últimos días intensos operativos en barrios populosos para confirmar la transmisión comunitaria en el anillo que rodea la capital.

En medio, todos los costarricenses han sido testigos del seguimiento a transportistas centroamericanos, del conflicto regional que aquello desencadenó, y de la explosión de casos en comunidades agrícolas de la zona norte, que desnudó las denigrantes condiciones de explotación laboral para cientos de peones agrícolas.

Sí, en casi cuatro meses de emergencia nacional por la covid-19, los escenarios epidemiológicos han cambiado en Costa Ria. También las decisiones se han tenido que adaptar.

Daniel Salas Peraza, ministro de Salud, ha estado a la cabeza de esas decisiones, y no ha estado exento de presiones de todo tipo: económicas, políticas, sociales y hasta mediáticas, según reconoció en entrevista con La Nación.

“Sí, claro, es lógico que haya mucha presión de muchas formas (...). Uno está atento a lo que pasa en el entorno, pero uno está muy tranquilo en el sentido de que la conciencia de las decisiones que se están tomando es en protección de la salud”, aseveró.

A continuación, la conversación de 33 minutos sostenida con el rostro más conocido de la lucha contra la pandemia en Costa Rica.

Esta segunda ola pandémica encuentra a Costa Rica más equipada y con más experiencia, pero también desnudó muchas falencias con población agrícola y migrante en la zona norte. ¿Cuáles son esos otros desafíos que identifica y, como ministro, cuáles armas tiene y de cuáles carece?

– Al principio, todos estábamos con mucha ansiedad porque era algo nuevo. Veíamos los escenarios de España e Italia con muchas muertes de forma acelerada. Había ansiedad y miedo de que eso fuera en todo lado y de que pudiera ocurrir aquí. Pero como en Costa Rica no hemos visto repercusiones fuertes desde el punto de vista sanitario con el colapso de las UCI (Unidades de Cuidados Intensivos) o más fallecimientos, de repente esto puede llevar a perder la perspectiva, a decir que esto ya no pasó y que ya no va a pasar. Esta es la parte más difícil. Pero lo que sí es cierto es que la disciplina y el respeto por las burbujas sociales, que es el respeto a la vida misma, todo lo que hemos hablado... si se mantiene esa disciplina, podemos lograr una transmisión bastante controlada y con una repercusión bastante favorable hasta que haya una vacuna.

“¿Cuáles armas tenemos? El convencimiento, el contacto con la población, la comunicación, el mostrar las evidencias de lo que puede ocurrir. Esto ayuda mucho. También el apoyo de la Fuerza Pública, empresas privadas y las ONG’s (Organizaciones No Gubernamentales), en la elaboración y supervisión de los protocolos, en la supervisión de que se cumplan las medidas sanitarias, junto con la Ley General de Salud, la de Emergencias y las leyes conexas. Toda la parte coercitiva que uno trata de que sea el último recurso, pero sabemos que hay un sector de la población que por convencimiento no actúa”.

En esta segunda ola, el apoyo, la confianza y hasta el respeto que se ha ganado su gestión están cediendo espacio a focos de enojo y críticas ácidas. ¿Cuáles podrían ser los efectos de esta otra ola sobre la estrategia de salud pública?

– Eso no puede ser de otra forma. Es lo que hablamos del desgaste. Somos humanos. Para una persona que ha vivido 30 o 40 años en condiciones diferentes, esta situación no significa lo mismo que para otra que acaba de empezar a vivir y a la que uno le empieza a indicar la nueva normalidad. En realidad, es esperable que haya cierto agotamiento. El mismo miedo o respeto al virus se pudo haber perdido en alguna medida. He venido insistiendo en que no tenemos que caminar en el fuego para sentir que nos quemamos. Es difícil lograr al 100% ese convencimiento. Las encuestas arrojan que la población pone mucho más alto el valor de la salud que la parte económica. Por ahí nos hemos movido. Tenemos muy posicionado el valor de la salud. Es parte de la misma dinámica de una pandemia, que dura tanto. Jamás podemos mantener el mismo tono y expectativa del comportamiento de forma permanente mientras dure la pandemia. No es como un huracán o una inundación que hacen el daño y luego hay que rehabilitar. Aquí es una situación de mucha tensión y equilibrio, y de estar en esa cuerda floja, tal y como lo he dicho: es como caminar en un piso de cáscara de huevo.

¿Evalúa el Ministerio de Salud algún ajuste a la estrategia seguida hasta ahora, tomando esos otros focos?

– Aquí, la estrategia se ha ido diversificando. Al principio, por ejemplo, hablábamos de que los casos que captábamos eran por nexo porque venían de fuera. También se captaron casos por operativos específicos en zonas de riesgo o vigilancias alternativas, como en zonas comunitarias de difícil manejo, o en zonas fronterizas, empresas agrícolas, o lo que estamos haciendo en Pavas, tras los hallazgos en las aguas residuales y con vigilancia comunitaria. Esto ha ido diversificándonos.

“Los momentos epidemiológicos han ido cambiando. Antes, era importantes el seguimiento de los turistas, luego los repatriados, que en su momento representaban un porcentaje importante de los casos positivos. Más recientemente, con el aumento de la transmisión en el país vecino del norte, se puso más atención al ingreso de forma irregular, que representó un riesgo incrementado. Luego, los transportistas. En este momento, por ejemplo, que se presenten casos en la Gran Área Metropolitana, en las áreas periurbanas con asentamientos de gran densidad, es un reto diferente. En algún momento, tendremos otro sector más afectado y esto es parte de una población susceptible a un virus nuevo”.

– ¿Siente que todo descansa sobre sus hombros, porque la muletilla de todos es que no hacen nada si Salud no lo aprueba antes?

– No, no. En esto, obviamente, hay decisiones de más peso, como abrir las fronteras internacionales, no es que de repente se decida a costa de lo que solo pueda avalar Salud. Hemos estado muy en la línea de que cada rector con su sector, cada jerarca haciendo sus lineamientos. Viendo con otros actores sociales cómo fortalecer en el campo las acciones de verificación del cumplimiento de los protocolos.

" En esto, ha habido bastante iniciativa e impulso de otros jerarcas. Pero claro que hay decisiones que tienen que pasar por aquí. Por ejemplo, el protocolo de los transportistas. A pesar de que hubo mucha presión de transportistas y grupos de Centroamérica para que obviáramos el protocolo y entráramos en una fase precovid, Salud dijo ‘no, señores, aquí tiene que cumplirse un protocolo‘, para llevar el riesgo al mínimo aceptable. Estamos claros de que muchas de las decisiones tienen que tener el aval o acompañamiento desde el punto de vista de salud. Es ineludible ese rol que juega Salud en medio de todo esto”.

¿Cuánta presión está soportando Daniel Salas? Hablamos de presión económica, política, social y hasta mediática.

– Si, claro, es lógico que haya mucha presión de muchas formas. Le voy a decir algo:claro que uno siente que hay días con más carga de trabajo. Cuando estábamos precovid había situaciones particulares que llevaban a que uno sintiera que la carga era más fuerte de lo que siempre es. Uno está atento a lo que pasa en el entorno, pero uno está muy tranquilo en el sentido de que la conciencia de las decisiones que se están tomando es en protección de la Salud. Claro que pueden haber críticas, ¿verdad?, y chismes y cosas negativas que se levantan, pero uno está muy claro y muy firme en esa determinación de proteger la salud de la población en lo máximo posible. Y cuando uno está muy claro en esa ruta, que uno no hace ningún cálculo de que si hago esto o lo otro o qué va a pasar con esto... no, no. Es simplemente proteger la salud al máximo. Uno sabe técnicamente que está tomando las decisiones que uno confía que son las más acertadas. Esa es la línea en la que me he movido siempre y justamente esto es lo que me da más tranquilidad.

– ¿Y el costo? No hace mucho, usted tuvo que salir a aclarar que se mantenía en el puesto porque la gente leyó en su lenguaje corporal y en el tono de su voz cansancio, no solo físico, y se temió por su salida.

– Al principio, el hecho de estar adaptando toda la mecánica de trabajo, todo lo que fue montar con la CNE (Comisión Nacional de Emergencias) la forma en cómo manejábamos el COE (Comité de Operaciones de Emergencia), las mesas, las interrelaciones... Al principio, la curva de aprendizaje era acelerada y, claro, eso provocó un desgaste mayor. Como todo, uno es humano. Hay momentos en que uno no se sentirá ciento por ciento con toda la fuerza, pero yo le digo que el nivel de fortaleza, decisión y compromiso se ha mantenido en todo momento. Y uno se mantendrá hasta el final. El equipo de trabajo que rodea este tema de salud es muy fuerte. Todos con el mismo nivel de compromiso. Todos nos damos ánimos todos los días. Es un equipo muy compacto y comprometido con la salud. Eso ayuda montones.

“No es que Daniel Salas está cargando con la salud del país. Es un equipo amplio en donde se ha sumado Fuerza Pública, la Comisión Nacional de Emergencias, Migración, la parte agrícola, la de construcción, que está haciendo sus protocolos. Las mismas municipalidades, que se han comportado maravillosamente en muchos casos. Uno siente un respaldo enorme en medio de todo esto. En general, se ha tenido un país muy de unión. Siempre sale por ahí alguien que se trata de desalinear o trata de hacer bulla. Es difícil mantener una unión al ciento por ciento en medio de una situación tan prolongada. En balance, hay apoyo, unión y sentir de la población preocupada, porque entiende que estamos aquí protegiendo la salud. Esa preocupación para que sigamos trabajando en esa dinámica, bien claros con ese discurso de proteger la salud, es parte del apoyo y explica por qué estamos saliendo adelante en medio de todo esto.

¿Cuál es su estado hoy?

– Yo estoy motivado siempre a seguir trabajando y dar mi esfuerzo. Ha sido un aprendizaje brutal. He sido un viejo militante de la salud pública. Hay muchas cosas en epidemiología naturales para mí. En la parte de liderazgo y de apoyo en el manejo ha sido una experiencia enorme y valiosa. Claro que es un asunto que se convierte en el tema prevalente. El tema de siempre es covid. Pocas cosas no son covid. Uno trata de llevar un balance con la vida personal y familiar fuera del covid. Aunque esto es muy demandante, hasta los fines de semana, uno trata de que los espacios que no son covid sean de calidad, y en la medida de lo posible, tener un descanso. Tratar de manejar estos balances. Todo es importante.

Sobre la apertura de fronteras, el representante de Aeris (administrador del Aeropuerto Internacional Juan Santamaría) dice que todo debe estar claro para no echar atrás una vez que se reanuden los vuelos y además hay que estar preparados ante los incidentes, que de seguro habrá. ¿Cuáles son las condiciones que se tienen que dar y cuáles las posibles implicaciones?

– Cualquier decisión tiene que una eventual implicación. Lo que hablábamos sobre transportistas, apertura de restaurantes, hoteles... todo tiene una eventual repercusión. En el caso del turismo internacional, estamos claros que no vamos a abrir el turismo de par en par. Será con países selectos donde no hay una transmisión magnificada o brutal, donde tenemos una oportunidad de que los turistas que vengan estén infectados. Eso es uno de los parámetros. Otro parámetro es limitar la cantidad de vuelos. Tampoco vamos a permitir 30 o 40 vuelos a la semana. Que los lugares donde se va a hacer ese turismo cumplan protocolos rigurosos. Que desde antes de que venga el turista tengamos toda la claridad de los escenarios que pueden presentarse en medio de un vuelo, el manejo del aislamiento y de los familiares. Son elementos que cualquier protocolo puede contemplar no solo para esto. Todos tienen un común denominador: trazabilidad, seguridad y capacidad de aislamiento.

Fiestas y reuniones familiares y de amigos. Ruptura de burbujas sociales. ¿Cómo interpreta el ministro que se sigan dando estas actividades a pesar de llamados?

– En cierto sector hay más desgaste que en otros. Hasta cierto punto, dentro de los escenarios que se pueden proyectar estas son variables que uno considera: que haya ruptura. El problema es que se magnifique y esto si nos llevaría a una situación muy complicada. No estamos hablando aquí de que no va a haber transmisión. Eventualmente, va a haber algunas rupturas. Claro que sí. Lo que nos preocupa es que esto se haga más frecuente y que la gente piense que romper una burbuja es inocuo. Que con romper una burbuja con una fiesta de 30 o 50 personas no va a pasar nada. Y esto puede generar una transmisión comunitaria con muchas personas fallecidas.

“La burbuja social no es un concepto antojadizo. Lo que representamos ahí es la protección de la vida de gente cercana a uno. Cuando usted transgrede burbujas generalmente es con gente que usted conoce y aprecia de alguna forma. Lo que usted está haciendo es llevándole el virus a gente en condiciones de riesgo, que puede reaccionar de forma incrementada al virus y terminar en una Unidad de Cuidados Intensivos. Si eso ocurre de forma reiterada en diferentes partes del país entramos en el escenario de la famosa curva exponencial, donde se colapsan los servicios”.

¿Por qué en el contexto de una pandemia como la de covid-19, se vuelve tan complejo y sensible el tema de las sanciones a quienes transgredan las recomendaciones de Salud?

– Estamos actuando bajo diferentes premisas. Estamos ante un decreto de emergencia nacional, tenemos la Ley General de Salud, que da un papel importante a la autoridad sanitaria. Recordemos que yo también delegué muchas de las funciones de esa autoridad sanitaria en la Fuerza Pública. Al final, estamos incluso verificando qué podemos mejorar desde el punto normativo para que queden más claro todas las actuaciones. Incluso, la misma Ley General de Salud establece que nosotros podemos solicitar el ingreso a una casa en medio de un asunto sanitario. En medio de una epidemia, es más grave aún. Pero si eso se niega, un juez tiene que dar la solicitud de allanamiento en no más de 24 horas.

“Estamos planteando ese panorama normativo y estamos haciendo las coordinaciones para mejorar todas las intervenciones. Lo cierto es que hemos actuado hasta donde hemos podido. Lo que me preocupa no es lo que se llega a conocer, sino lo que no se llega a conocer. Pueden hacer una fiesta y nadie se da cuenta hasta que llega alguien al hospital. Si eso se presenta de forma simultánea, varias rupturas de burbujas, se nos puede complicar muchísimo el escenario sanitario y económico”.

– El martillo y danza, ¿es la estrategia válida para estos momentos?

– Desde un principio se había contemplado estratificar y tomar decisiones que fueran sectorializadas. La misma estratificación de la parte económica se ha venido manejando a través de las fases. Las actividades económicas no se han activado de forma simultánea. Han tenido todo un cronograma de apertura. Pero esa estratificación de actividades se puede llevar a estratificación geográfica y sociodemográfica. Esto es lo que estamos haciendo desde el punto de vista de alertas naranja. Todo el país está en alerta amarilla, pero estamos valorando hasta dónde se puede abrir, en dónde se puede poner una restricción mayor, para que no exista un castigo generalizado al sector económico.

“La parte de comercios sí ha estado más detenida. Sabemos que debemos tener esas consideraciones: no fijarnos solo en la cantidad global de casos y tomar decisiones globales para todo el país. Tenemos que ver características de esos casos: cómo se están distribuyendo, índice de positividad, cómo se captan los casos, la dinámica poblacional... son cosas que cuentan y que nos llevan a tomar esas decisiones.

Usted ha mencionado que probablemente el país ya esté en transmisión comunitaria. ¿Cuáles datos está esperando para hacer la confirmación oficial? Y ¿Cuál sería el principal cambio en la estrategia si se comprobara?

– Recordemos que transmisión comunitaria no significa que exista una transmisión amplificada. Puede ser en sectores focalizados pero no alcanzó una amplificación que nos lleve a una curva exponencial. En esto de transmisión comunitaria se pueden manejar, por lo menos, dos niveles. Decir transmisión comunitaria no es que todo el país entra en la curva exponencial. Lo que falta para determinarlo: por ejemplo, en Pavas estamos haciendo un operativo más grande. También hemos estado trabajando para refinar todos los indicadores y los rangos que vamos a estar manejando para ir avanzando entre alertas. Es un trabajo que estamos haciendo con la Comisión de Emergencias. Lo cierto es que esto de la transmisión comunitaria sigue estando presente, y seguirá presente en toda la pandemia. Puede, incluso, materializarse Lo importante es que podamos disminuirla y hasta cierto punto contenerla y que no se vaya a hacer un asunto generalizado en toda la GAM o en toda la zona rural, y que vaya a llevarnos a una morbilidad y mortalidad más alta.

- ¿Cuál es el mensaje que quieren reforzar entre la gente, a las puertas de una transmisión comunitaria?

- Solo se vive una vez. La vida es lo que tratamos de guardar y proteger. Es un año muy irregular. Uno quisiera que esa vida se dé en condiciones que siempre hemos tenido. Pero es un año que puede significar truncar esa aspiración de vivir muchos años más con la gente que queremos. Podemos ser hasta nosotros mismos. Y en este momento que está tan amenazada esa vida, tenemos que hacer lo posible para salvaguardarla y protegerla. Por eso, tenemos que aplicar medidas especiales, tener disciplina y no dejar que el desgaste nos gane y se lleve esa vida que tanto valoramos.

“El llamado a la población es a no desmayar. Hemos dado todas las recomendaciones para evitar que el colapso de los servicios de salud se materialice y se le niegue la oportunidad de prolongar la vida a muchas personas. El asunto de los protocolos no es por llenarnos la boca o ganar popularidad. Es por cuidarlos a todos y todas. Que los empresarios nos ayuden en esto. En el momento en que dejen de verificar el cumplimiento de los protocolos, le abrimos una puerta al virus y a la transmisión sostenida”.

Ángela Ávalos

Ángela Ávalos

Periodista de Salud. Máster en Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, España. Especializada en temas de salud.

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