Sofía Chinchilla C.. 27 mayo
Una manta exige justicia en la Facultad de Ciencias Sociales de la UCR.
Una manta exige justicia en la Facultad de Ciencias Sociales de la UCR.

Al menos una docena de relatos señalan al mismo profesor, por los mismos hechos. Se trata de un docente de Estudios Generales que imparte un curso artístico y quien, según las estudiantes, las obliga a ver pornografía en clases.

Las alumnas también cuentan que el mismo profesional les ha ofrecido aprobarles la materia, a cambio de que salgan con él.

Otra muchacha escribió que durante una sesión de consulta, en la oficina de un profesor, el docente le ofreció una bebida. La joven afirma que perdió el conocimiento y que, cuando recobró el sentido, se encontraba en ropa interior.

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Ambas historias forman parte de los relatos que han recibido las estudiantes del colectivo Me Pasó en la UCR, que utiliza el hashtag #MepasóenlaUCR, a través del formulario digital que crearon en octubre.

En ocho meses, por esa vía han recibido 145 denuncias.

“Pensamos que iba a ser algo chiquitito, como que no iban a haber muchas denuncias, no sabíamos la magnitud que nos esperaba", afirmó la estudiante de sociología Fabiola Bermúdez, de 24 años.

Denuncia de alumna de Estadística. Imagen: Me Pasó en la UCR.
Denuncia de alumna de Estadística. Imagen: Me Pasó en la UCR.

Ella y su compañera Eliana Quimbayo, de 24 años y alumna de Derecho, afirman que decidieron lanzar una plataforma de visibilización sobre la violencia sexual en la Universidad de Costa Rica (UCR) a partir de experiencias que vivieron por sí mismas.

“Conocemos de casos cercanos que la U no resuelve nada, y creo que la impotencia que sentíamos terminó en lo que estamos hoy”, añadió Bermúdez.

Según cuentan, la mayoría de denuncias provienen de estudiantes mujeres, quienes afirman haber sufrido acosos, abusos e inclusive intentos de violación por parte de profesores, tanto en clases como en horas de consulta.

Algunos de los relatos los comparten en su página de Facebook para evidenciar la violencia que suelen experimentar las alumnas en las sedes y recintos de la Universidad.

Denuncia de alumna de Lenguas Modernas. Imagen: Me Pasó en la UCR.
Denuncia de alumna de Lenguas Modernas. Imagen: Me Pasó en la UCR.

“Fui a consulta con mi profesor y él aprovechó para enseñarme un dildo que tenía en una caja en su librero. Me dio la caja y me dijo “¿sabés que es eso?”. Yo le respondí que no. Él se rió y llamó a un colega que estaba al lado. El otro profesor al verme sosteniendo la caja se carcajeó con su amigo y dijeron que era para una investigación que estaban haciendo con prostitutas. Inmediatamente me fui de la oficina, me sentí humillada”, reportó de forma anónima una estudiante de Lenguas Modernas.

Bermúdez y Quimbayo afirman que los relatos inclusive les permiten identificar algunos patrones sobre la apariencia física de las alumnas que ciertos docentes suelen acosar.

Las alumnas afirman que los relatos recibidos hasta ahora señalan al menos a una docena de profesores, cuyos nombres se suelen repetir.

La agrupación Me Pasó en la UCR convocó a una conferencia de prensa este lunes, en el edificio de Ciencias Sociales del campus, con el objetivo de exigir a las autoridades universitarias que tomen acciones para prevenir y sancionar la violencia sexual en el centro de estudios.

Luego de que el Semanario Universidad revelara las denuncias de distintas estudiantes de la Facultad de Derecho contra el catedrático Mainor Salas, la discusión ha girado en torno a las falencias del sistema institucional que dificultan que las estudiantes reporten las situaciones de violencia.

Denuncia de alumna del Recinto de Paraíso. Imagen: Me Pasó en la UCR.
Denuncia de alumna del Recinto de Paraíso. Imagen: Me Pasó en la UCR.
No las escuchan

Como posición oficial, la Universidad ha alentado a las agraviadas a que interpongan la denuncia.

No obstante, Bermúdez y Quimbayo reclaman que la institución, en realidad, no las escucha.

“El problema es que la U tiene un discurso donde le tira mucho a la estudiante: denuncie, hable. Pero estamos hablando, y lo que queda ya no nos corresponde a nosotras. En el caso de Derecho, se demostró que nosotras denunciamos, ¿y qué pasa? Sí estamos hablando, evidentemente. Quizás no por la vía institucional porque sabemos que no nos oyen, pero estamos hablando”, afirmó Bermúdez.

¿Cuál ha sido la principal crítica? Que por qué no denuncian, que denuncien. Claro, pero ellos no se están poniendo en nuestros zapatos y ni siquiera están pensando, bueno ¿por qué las chicas no denuncian? ¿Por qué si tenemos una instancia donde se pueden llevar esta clase de casos no se están haciendo las denuncias? Esas son las preguntas que ellos no se están haciendo”, añadió Quimbayo.

De acuerdo con las estudiantes, la situación es aún más grave en las sedes universitarias de Liberia, Paraíso, Limón y el Pacífico, de donde han recibido reportes de alumnas que llegaron a abandonar la universidad por temor a continuar recibiendo clases con profesores acosadores, contra quienes no tienen posibilidad de defensa.

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Me pasó en la UCR exige que la institución modifique su normativa contra el hostigamiento sexual con sanciones más severas, pues en la actualidad, por faltas consideradas como graves, el castigo más severo es una suspensión de ocho días.

Para faltas muy graves, se dispone el despido del funcionario, aunque las estudiantes afirman que no han conocido de ningún funcionario que haya recibido el castigo.

Las alumnas, además, piden que en el centro de estudios se realicen campañas robustas contra el acoso, y que la comisión institucional que atiende los escasos casos que se denuncian agilice el trámite.

“Esta comisión tiene una mora y eso es algo que a nosotros nos preocupa. En este momento están atendiendo casos de hace dos años”, señaló Quimbayo.

“La sanción grave del reglamento estipula entre cinco y ocho días fuera de dar clases, pero ya después de ese tiempo se vuelve a incorporar. ¿Cuál es el problema de las sedes y recintos? Que muchas veces ese profesor es el único que imparte materia y que probablemente va a dar una materia en uno o dos años que la estudiante va a tener que matricular. Entonces la estudiante prefiere callarse y no decir nada, porque sabe que se lo va a topar más adelante y que no hay posibilidad de que se lo vayan a cambiar”, añadió.