Gerardo Ruiz R.. 4 noviembre, 2018
Eli Feinzaig afirmó que el país requiere de la reforma fiscal para recuperar la confianza de los mercados en el desempeño del Gobierno. Foto: Wilbert Hernández.

Eli Feinzaig, fundador del Partido Liberal Progresista, acepta que la fuerza política fracasó en las elecciones del 2018 al no obtener ni un solo diputado.

Sin embargo, dice que desde ese fallo el partido se prepara para mejorar sus resultados electorales en las elecciones venideras, con base en un abanico de propuestas programáticas que hacen recordar a la Costa Rica liberal de principios del Siglo XX, con el pragmatismo como bandera.

Una de las propuestas que expone Feinzaig para que el país retome ese rumbo del liberalismo tiene que ver con la búsqueda de una coalición entre su partido, Liberación Nacional (PLN) y la Unidad Social Cristiana (PUSC) que conforme un bloque con una agenda común de reforma del Estado.

Esto los ubicaría en el centro-derecha del espectro político para las elecciones del 2022, como alternativa a lo que puedan proponer los extremos, la izquierda, según él representada por Acción Ciudadana (PAC) y el Frente Amplio, y la derecha, con aspirantes como Fabricio Alvarado, entre otros.

Por lo pronto, el político liberal afirma que el Gobierno del PAC lo ha sorprendido “positivamente” en el manejo de la situación fiscal y de la huelga de empleados públicos.

A pesar de su ADN político, opuesto a los impuestos, Eli Fenzaig cree que el país requiere de la aprobación del plan fiscal antes de que termine el 2018 pues, de lo contrario, prevé un escenario peligroso en el ámbito económico.

En adelante lea la esencia de la entrevista que el economista le concedió a La Nación el pasado 30 de octubre.

– ¿Qué soluciones propone usted, como economista y líder del Partido Liberal Progresista, para que el país salga airoso de la crisis fiscal?

-Son dos momentos diferentes. Uno es el momento en el que estamos, que no está para ponerse muy exquisito con respecto al tipo de políticas, porque ya no hay tiempo para adoptar políticas ideales, ahora lo que necesitamos es evitar caer en el precipicio, que es lo que yo veo con una enorme probabilidad de lo que suceda porque ya desde hace un par de años el Gobierno viene teniendo problemas serios de liquidez.

“A finales del año pasado la famosa apertura del hueco presupuestario no fue otra cosa que el Gobierno desordenadamente y de manera irresponsable tratando de tapar o de satisfacer sus necesidades de liquidez, para lo cual recurrió a la emisión de títulos (de deuda) de plazo menores a un año, incluso plazos menores a seis meses, entonces, en diciembre del año pasado prácticamente comprometieron toda la capacidad de endeudamiento del Gobierno del 2018 y a plazos que vencían dentro del mismo 2018. Entonces, ahora el nuevo Gobierno se encuentra con una situación más crítica porque los vencimientos son dentro del mismo año y también hay muchos vencimientos en el 2019 y con la misma escasez de liquidez.

¿Qué pasa cuando un Gobierno finalmente no capta los recursos necesarios para hacer sus pagos? Se cae en el temido default (cesación de pagos) y las señales que se envían son negativas para todas partes. ¿Qué forma va a tomar ese default? Eso no lo sabemos. El Gobierno puede decidir no pagar aguinaldos… se va a ver obligado a tomar alguna decisión… no pagar vencimientos de deuda, o probablemente no pagar nada, dependiendo de qué tan grave sea la situación.

Si el Gobierno dejara de pagar salarios o la deuda, la señal para el mercado sería la misma: que no tiene plata para pagar y entonces quién quisiera invertir en un Gobierno en esa situación y entonces, más bien, lo que se forma es una bola de nieve. Los mercados ya han dado señales de no confiar en el Gobierno, de no creer que puede resolver la situación de manera satisfactoria.

Por eso, tuvieron que recurrir a la emisión de letras del tesoro y como solución temporal digamos que es una salvada de tanda, para ponerlo en términos vernáculos, pero no es una buena solución. No es una solución que ningún economista serio hubiera querido implementar e incluyo en esa categoría al presidente del Banco Central, Rodrigo Cubero. Y es porque se sintieron con el agua bastante cerca del cuello para tener que hacer eso.

Ahora el Gobierno tiene siete semanas para pagar esos ¢505.000 millones, a más tardar el 26 de diciembre y, en la primera quincena de ese mes, aparte de todos los pagos normales tiene que pagar aguinaldos con el agravante de que la recaudación, si bien en diciembre la empiezan a percibir, el tico tiende a dejar todo para el último día y el grueso de la recaudación por renta ingresa 14 o 15 de diciembre ya no a tiempo para esos pagos.

– ¿El plan fiscal evitaría llegar a ese escenario?

– A pesar de que yo no soy ningún amigo de los impuestos y a pesar de que tengo críticas muy puntuales con respecto al plan fiscal, me parece que es un plan que está mal diseñado, este no es el momento de ponerse a discutir detalles. El plan fiscal es la carta de presentación que el Gobierno necesita para mandarle al mundo la señal: ‘Finalmente en Costa Rica nos estamos tomando en serio el problema del desequilibrio de las finanzas públicas. Estamos dando un primer paso, que es insuficiente, pero es un primer paso’.

"Que nosotros el 31 de diciembre no estemos en el fondo del guindo depende de que se apruebe este paquete fiscal para que el Gobierno medio pueda acomodar las finanzas públicas, que pueda tomarse un respiro, para que pueda pedirle a los mercados la plata que necesita. Este plan fiscal, en el mejor de los casos, va a recaudar un 1,3% del producto interno bruto (PIB) y el déficit fiscal para el próximo año está proyecto para un 7,9% del PIB.

“Ojalá que el Gobierno continúe en la senda de tratar de ponerlas en orden porque con el plan fiscal no le va a alcanzar. Pero sí es una señal que el Gobierno necesita enviar y, por lo tanto, yo opino que el plan fiscal hay que aprobarlo, pasar esa página y ahora sí, pasamos a una segunda etapa donde, ojalá habiendo aprendido las lecciones y habiendo visto el precipicio tan cerca podamos atrevernos a tomar decisiones para reformar el aparato estatal, el gasto público, para hacerlo sostenible, porque no hay subida de impuestos que pueda darle sostenibilidad a las finanzas públicas si el gasto sigue creciendo de manera desbocada, y por supuesto las reformas estructurales que también necesita la economía para poder modernizarse, para poder dinamizarse, porque no nos hemos querido dar cuenta de que tenemos una economía que desde hace 10 años ya no crece al mismo ritmo de los anteriores 20 años, que había sido bastante sano, seguimos creciendo y seguimos con el engaño de que estamos bien, pero no estamos creciendo lo suficiente, ni para reducir desempleo, ni para generar suficiente empleo, ni para reducir pobreza. Tenemos una situación de alta pobreza y alto desempleo con una situación fiscal explosiva, hay que pasar la página y empezar a ver hacia dónde va Costa Rica después de eso".

¿El único beneficio que usted ve en el plan fiscal, entonces, es la señal que el Gobierno le enviaría a los mercados?

– No. Hay cuestiones puntuales en el plan fiscal que me parece que están bien. El capítulo de contención del gasto, que toca un poco el empleo público (pone tope al crecimiento del costo que tiene para el Gobierno el pago de beneficios salariales, como la anualidad) si bien yo puedo criticarlo por insuficiente, porque por supuesto que yo no quisiera ver contención del gasto, sino recorte, lo cierto es que este es un cambio de paradigma importantísimo. En los últimos 20 años se plantearon reformas fiscales y nunca nadie le había querido entrar a un tema de gasto. Entonces, el solo hecho de ponerle un techo al crecimiento ya es un cambio importante y creo que solo por eso vale la pena aprobar el plan fiscal.

“La regla fiscal teoricamente la apoyo. Creo que es algo que se necesita, pero en la práctica lamentablemente tengo la sospecha de que no va a servir porque Costa Rica tiene reglas fiscales, como la que está en la Constitución Política que dice que el presupuesto consiste de los gastos proyectados y de los ingresos probables hasta que a algún genio se le ocurrió interpretar que ingresos probables incluía el crédito, el endeudamiento. Y claro, ingresos probables son todos los del mundo y entonces podemos hacer lo que se hizo para el 2019, un presupuesto donde el 53% de todo el gasto se va a financiar con deuda, a pesar de que existe otra regla legal que dice que el gasto corriente no se puede financiar con deuda y, sin embargo, el presupuesto es 46% del gasto corriente y 53% financiado con deuda. Es decir, a pesar de la regla, estamos financiando por lo menos un 49% del gasto con deuda. De manera que las reglas fiscales en este país son un saludo a la bandera por responsabilidad de la Sala Constitucional”.

¿Este plan fiscal calza con su propuesta de simplificación tributaria, o este proyecto viene a complicar más todavía la administración tributaria?

– Este proyecto complica, porque complica el esquema tributario. En específico, el impuesto al valor agregado (IVA), aunque concuerdo en que es una necesidad implementarlo, hubiera esperado que al ponerlo en ejecución se bajara un poco la tasa porque se pasará de cubrir solo bienes, a cubrir bienes y servicios, que son prácticamente la otra mitad de la economía, la recaudación en algún momento va a tener que aumentar producto de esto, entonces podría uno aliviarle la carga a la ciudadanía bajando la tasa del impuesto (que en el proyecto es igual a la del actual impuesto sobre la ventas, un 13%).

“Pero además de crear el IVA, se crearon un montón de categorías y cada vez que le mete más categorías a un impuesto lo vuelve mucho más complejo para la administración.

“En el impuesto de la renta al salario se crean dos nuevas categorías del 20% y del 25% entonces, nuevamente, la administración se vuelve más compleja en el impuesto a las pequeñas empresas, que hoy hay dos categorías, de un 10% y de un 20%, ahora va a haber cuatro: 5%, 10%, 15% y 20%, otra vez, un desastre en términos de administración del impuesto. En cuanto a la renta global, lo atractivo es que la tasa sea la misma y que si usted por ejemplo tiene ingresos de cinco fuentes distintas, usted sume sus ingresos y calcule el tributo con base en la misma tasa, pero resulta que no, mantuvieron el caleidoscopio de categorías, entonces si usted tiene ingresos de un bono emitido por un banco, entonces pagará determinado porcentaje, pero si el bono lo emite una cooperativa, paga la mitad y si es de persona física con actividad lucrativa, es otra tasa, y si son dividendos es otra tasa, entonces, al final de cuentas, no simplificaron absolutamente nada”.

El proyecto es apenas el torniquete para frenar el sangrado…

-Esta reforma es un parche de emergencia. Es como cuando uno tiene un hueso salido y llega el cruzrrojista y lo atiende. El cruzrrojista no le va a hacer a uno la cirugía reconstructiva, sino que va a parar el sangrado, le va a poner una venda y lo va a llevar al hospital. Bueno, ya vamos a llegar al hospital, ahora sí hablemos de cuál es la mejor opción para recuperar al paciente y la mejor opción sería una simplificación tributaria de padre y señor.

Con base en la proveniencia partidaria del actual Gobierno, Acción Ciudadana (PAC) es bastante estatista, uno pensaría que la actual administración no tiene la vocación para simplificar el Estado y hacerlo más eficiente ¿usted realmente cree que acometa esa tarea, al menos en el ámbito tributario?

– Israel tuvo durante 29 seguidos gobiernos socialistas o socialdemócratas y durante esta época tuvo cuatro o cinco guerras con los países árabes y nunca logró resolver el tema. Cuando entró el primer gobierno de derecha (del primer ministro Menájem Beguín, en 1977), que además era de una derecha muy dura, y ellos negocian el primer tratado de paz con Egipto. Usualmente las decisiones políticas complicadas las puede tomar quien tienen un poquito una cierta autoridad moral. Traigámoslo a Costa Rica: la apertura de las cuentas bancarias; esa reforma la pudo hacer Liberación Nacional porque Liberación Nacional era el papá de la criatura (en referencia a la banca estatal, única que podía operar cuentas bancarias) si la Unidad hubiera impulsado el cambio, desde la oposición Liberación no lo hubiera permitido.

“Entonces, yo quisiera creer que este Gobierno con el agua al cuello diga ‘correcto, tenemos que hacer esto y que la gente razonable y moderada de la sociedad costarricense diga ‘si estos están proponiendo medidas de esta naturaleza, es porque realmente es urgente hacerlo’. Yo quisiera creer que se va a dar un escenario de esa naturaleza. Si usted me pregunta si eso va a ocurrir hoy, yo le digo que no, porque no creo que este Gobierno tenga el deseo o el impulso para hacerlo, porque creo que el Gobierno va a terminar muy desgastado con la huelga, muy agotado con el debate fiscal y que no va a tener apetito para seguir haciendo las reformas a pesar de las promesas que ha hecho de que en el 2019 le van a entrar a la reforma al empleo público y en el 2020 a la reforma del Estado".

Usted ve a este Gobierno limitado a administrar después de la reforma fiscal…

– Yo quisiera creer que no. Quiero mantener el optimismo, yo quisiera creer que Costa Rica tiene la reserva moral y de principios para que enfrentemos los problemas como adultos, para dejar de estar escondiendo la cabeza como avestruces y poder reconocer que tenemos problemas que debemos resolver antes de estar en el fondo del precipicio o de que venga alguien desde afuera a resolvernos los problemas y ojo, nos hemos acostumbrado a eso.

“En Costa Rica tenemos apertura en el mercado de las telecomunicaciones y de los seguros porque los gringos lo pidieron en el Tratado de Libre Comercio (TLC). Si no, nosotros no tomamos esa decisión y vea los resultados, han sido buenos a pesar de que la gente decía que se iban a robar el país, que se iban a robar al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), que lo iban a privatizar. Y el ICE ahí está, y si está mal es por su propia inutilidad, pero lo usuarios y consumidores tenemos un mucho mejor servicio.

Entonces, debemos de perderle el miedo a tomar las decisiones. Cuando me siento a conversar con alguien y me dice ‘dejemos que venga el Fondo Monetario Internacional (a ordenar los cambios’ yo le pregunto pero por qué, si el Fondo tiene ticos trabajando ahí, por qué entonces los ticos no podemos tomar las decisiones por nosotros mismos. El presidente actual del Banco Central viene del Fondo Monetario, es decir, hay gente muy capaz en Costa Rica y no solo eso, hay personas, como yo, que han venido diciendo desde hace tiempo, y gente mucho antes que yo, que hemos advertido que vamos por una ruta equivocada y planteamos una mejor ruta ¡probémosla, intentémoslo!

Tenemos, primero, la obligación, y segundo, la capacidad, para tomar las decisiones nosotros mismos; por eso, yo no quiero tirar la toalla todavía con el Gobierno.

Ya que estamos especulando tanto sobre lo que podría hacer esta administración que, dicho sea, se ha comido broncas importantes en poco tiempo ¿Qué le ha parecido el funcionamiento hasta ahora del Gobierno de Carlos Alvarado?

– El Gobierno, tengo que decirlo, a mí me ha sorprendido positivamente. Ha dado más de lo que yo esperaba de un segundo gobierno del PAC.

¿En qué lo ha sorprendido positivamente?

– Por ejemplo en el manejo de la huelga. La gente me va a decir ‘diay pero la huelga lleva 50 días y no se ha resuelto’. Bueno, el hecho de que al Gobierno no le haya agarrado canillera y no haya dado por vencido en las primeras de tanteo, como hacía el gobierno de Luis Guillermo Solís, que en cualquier manifestación de taxistas, sindicatos o lo que fuera no tardaba dos horas en agarrar el pliego de peticiones y le decía ‘le voy a otorgar todo lo que me pidió y además le voy a agregar, porque si me pidió 50 cosas, yo le voy a dar 58’.

“El hecho de que el actual Gobierno se haya mantenido firme, que haya resistido la tentación de un mal arreglo es muy positivo, que esté planteando esta reforma fiscal, que a mí me parece mala, pero es infinitamente superior a cualquier reforma fiscal que hayan planteado Liberación o la Unidad, o el mismo PAC en el pasado, yo lo veo positivo. Ojalá, si se aprueba el plan fiscal, uno pueda ver que se le dé continuidad a lo que se ha venido trabajando y a lo que se prometió, como las reformas del Estado y del empleo público”.

Del archivo:

Diálogos con Eli Feinzaig sobre pensiones

Usted es liberal, piensa distinto a la gente en el poder, al menos la del PAC ¿Teme algo acerca de lo que esa gente pueda hacer en adelante desde el Gobierno?

– Mi gran temor es que por el desgaste político, aprobada la reforma fiscal, doña Rocío (Aguilar, ministra de Hacienda) reciba una llamada en la que le digan ‘ya no necesitamos más sus servicios' o que don Rodolfo (Piza, ministro de la Presidencia) reciba una llamada 'muchas gracias pero ya usted jugó’. Los harían pagar el costo político (de la reforma fiscal), la cual puede ser una movida políticamente astuta de parte del PAC, pero para el país sería fatal porque ¿quién va a llenar esos campos? Estatistas, defensores de privilegios y prebendas, y no van a querer impulsar ninguna reforma adicional.

“Ahora, si uno ve que doña Rocío continúa, y uno ve que don Rodolfo continúa y que el Gobierno va a mantener esa línea, pues bien. No es el Gobierno que yo hubiera querido, no es liberal, pero dentro de las posibilidades que había, es positivo”.

Qué criterio tiene usted acerca de la decisión de la Corte Plena del Poder Judicial de rechazar este plan fiscal alegando que violenta su funcionamiento y autonomía?

-Fue vergonzoso, porque los magistrados han asumido una actitud totalmente dispendiosa, absolutamente irresponsable es ‘a mí no me toquen mis privilegios, si quieren subirles los impuestos a todos los demás súbanselos pero a mí no me toquen mis privilegios’. Segundo, escuchando la sesión de Corte Plena donde analizaron el proyecto de reforma fiscal daba pena la escasez de argumentos de la mayoría de los magistrados. Yo entiendo que no son economistas, yo no esperaba que ninguno de ellos hiciera una tesis de doctorado en su presentación, pero es que ni siquiera argumentos jurídicos.

"¿A dónde se quedaron los artículos de la Constitución que hablan de un Estatuto del Servicio Civil único, a dónde se quedó el artículo de la Constitución que dice que la Corte Suprema de Justicia es el patrono de sus empleados sin perjuicio de lo que se establece en la Constitución respecto del Servicio Civil? Eso ninguno lo analizó. Solo se basaron en el artículo 167 de la Constitución que dice que si el proyecto de ley afecta la independencia del Poder Judicial entonces hay que consultarle a la Corte Plena. Si no analizaron el proyecto a la luz de los artículos de la Constitución sobre el Servicio Civil y la autonomía del Poder Judicial, entonces, no respondieron la pregunta si el proyecto fiscal infringe su autonomía.

“Me parece lamentable, los magistrados se pusieron a jugar chapitas, un juego en el que nadie sale ganando”.

Las universidades públicas también echaron mano de su autonomía para oponerse al plan fiscal…

– Tenemos un problema muy serio generado por esa interpretación de la autonomía de las universidades de la independencia del Poder Judicial como si se tratara de repúblicas independientes, no puedo creer que un constituyente pretendiera que eso fuera lo que terminaría sucediendo. La autonomía universitaria es solo en materia educativa. Por más que a mí no me guste el enfoque de un altísimo porcentaje de los profesores de la Universidad de Costa Rica que le envenenan el alma a los muchachos con teorías marxistas y teorías conspiratorias y todo ese tipo de cosas, respeto la libertad de cátedra. Pero el presupuesto de las universidades prácticamente en un 100% proviene del Gobierno y no solo del Fondo Especial para la Educación Superior (FEES) porque además hay impuestos específicos para financiar actividades específicas y centros específicos de las universidades públicas, entonces, reciben un dineral del Estado.

"La mayoría de las universidades del mundo, por lo menos las de avanzada, venden servicios, venden conocimiento, venden tecnología, y financian buena parte de su operación con eso (…) ¿Qué estamos esperando en Costa Rica? Todavía me resuenan las palabras que escuchaba en los años 80 cuando estaba en la universidad, de que vender servicios era prostituir el espíritu universitario. Las universidades dependen, prácticamente en su totalidad, del presupuesto nacional. No pueden reclamar autonomía para pedir que se les siga financiado la fiesta de pluses del 5,5%, de pluses calculados sobre salario base más pluses, es una piñata y la autonomía no da para eso ni para afirmar que la policía no puede ingresar a un campus universitario”.

El Partido Liberal Progesista no tuvo éxito en las elecciones de febrero pasado ¿Pese a eso piensan participar en las elecciones municipales del 2020 y las Presidenciales del 2022?

– En las elecciones pasada tomamos la decisión de participar porque queríamos la experiencia de un proceso electoral (…). Francamente esperábamos resultados mejores, creímos que podíamos sacar por lo menos un diputado y no estuvimos ni siquiera cerca, eso para nosotros es un fracaso y no tenemos ningún problema en reconocerlo.

"Hemos dedicado estos meses a hacer un análisis retrospectivo sobre qué hicimos bien y qué no, para sacar aprendizaje, y ahora estamos en un proceso de planificación estratégica para organizarnos para las elecciones municipales, la intención no es participar necesariamente en todos los cantones, sino en aquellos en los que encontremos que tenemos una estructura sólida y una probabilidad de hacer una labor razonable, como sacar regidores y alguna alcaldía.

“La intención es llegar al 2022 con todo. A mí me ilusiona el hecho de que cuando salimos con propuestas como la de la simplificación tributaria muchísima gente se nos acerca para decirnos que pese a no ser liberales están de acuerdo con nuestras propuestas. Cuando alguien dice que nuestras propuestas son buenas pero que no las respaldan por ser nosotros liberales creo que se debe a la contaminación del término liberal en el escenario político costarricense".

¿Por qué se les ve a los liberales como perjudiciales?

– Desde la izquierda, desde la social democracia y desde el social cristianismo se encargaron de satanizar el concepto de liberalismo y, por otra parte, por el ejercicio político liberal en los últimos 20 años que fue enfocado exclusivamente en la postura política del bloqueo y no en la propuesta de alternativas realistas para el país.

¿Eso es un filazo para el Movimiento Libertario?

– Tómelo usted como quiera. El Movimiento Libertario mantuvo viva la llama del liberalismo y creo que es importante reconocerlo, pero no supieron leer los signos de los tiempos e ir modificando su presentación de acuerdo a los escenarios que se iban presentando. En 1998 era lógico que fuera un partido de choque, porque se estaba dando a conocer, en el 2014, sin embargo, debió ser un partido más propositivo y en mi criterio no lo fue.

A la luz de ese estilo, a veces obstruccionista, que los libertarios mostraron en el Congreso y después de dos gobierno consecutivos del PAC, un partido con propuestas de centro izquierda ¿usted realmente ve posibilidades de que un proyecto político liberal gobierne el país?

– Sí, porque creo que la lección que tiene que extraer Costa Rica de esta situación límite a la que estamos llegando en materia económica, y si caemos en una crisis más todavía, es que necesitamos replantearnos el modelo productivo, el modelo de organización estatal y que el único replanteo posible es reducir los ámbitos de injerencia del aparato estatal en la vida privada y en materia económica de las personas. Necesitamos reducir el gasto público y crear las condiciones para que el sector privado pueda generar mayor crecimiento, más oportunidades de empleo, más riqueza y mejor distribuida.

“No podemos seguir pretendiendo que un aparato estatal tan caro no es un lastre para el sector privado, que además tiene muchísimas más restricciones y que le impiden trabajar a gusto.

Hay que recordarle a Costa Rica que tenemos un pasado liberal muy rico y que nosotros somos liberales en esa tradición. Lo liberales de Costa Rica siempre fueron pragmáticos, no tuvieron ningún problema en implementar la educación gratuita y obligatoria, que no es un concepto muy liberal, pero fue un gobierno liberal el que terminó impulsando y adoptándolo (...) La libertad del prensa y de expresión es un logro de administraciones liberales muy tempranas en la vida republicana de Costa Rica. Ese liberalismo pragmático es muy costarricense y es lo que vuelve a necesitar Costa Rica ahora a un cuarto del Siglo XXI”.

¿Trabajar a gusto es igual a trabajar por la libre?

– No. Nosotros creemos que debe haber regulación laboral para proteger los derechos de los trabajadores. Eso no quiere decir que al 2018 tengamos que vivir con la legislación laboral de 1941, que no podamos reconocer los nuevos tipos de relación laboral que permiten las tecnologías, que no podamos legislar apropiadamente para el teletrabajo, que no podamos flexibilizar las jornadas laborales. Es decir, ocupamos una regulación laboral digna del Siglo XXI, no digna de la primera mitad del Siglo XX. No es que cada quien haga lo que se le pegue la gana. Es que cada quien, dentro de un juego de reglas bastante claro y sencillo de cumplir, el sector privado pueda desarrollar su iniciativa sin que esté constantemente el Estado diciéndole que debe presentarle estudios, por ejemplo, hidrogeológicos, de algo que el Estado debió haber estudiado.

-Pero don Eli, estamos acostumbrados a esa ineficiencia ¿Es realmente posible hacerlo desde un partido político?

-Yo no creo que un partido político solo pueda hacer el cambio. Sí creo que un partido propositivo, como es el Liberal Progresista, puede llegar a conjuntar fuerzas a su alrededor, no necesariamente como partido, sino como una coalición de varios partidos que compartan una visión general de mundo (...). Yo sé que con Liberación tengo diferencias en materia de política económica, pero también sé que ellos se han llegado a dar cuenta de que necesitamos reducir el tamaño del Estado, de que necesitamos simplificar trámites, de que no podemos seguir entrabando absolutamente todo con regulaciones estúpidas. Una coalición como esa no promovería una agenda cien por ciento liberal, pero yo prefiero llegar a una opción de Gobierno que sea 60% o 70% liberal a que sea cero liberal y como yo no estoy de acuerdo bloquearlo todo. Yo me quedo con ese 60% o 70% y después seguiré luchando por el otro 30%.

– Hay gente confundida. Ligan el liberalismo con líderes como Donald Trump o Jair Bolsonaro ¿En qué se parecen ustedes a ellos?

– En absolutamente nada excepto que durante muchos años decir que se era de extrema derecha era vergonzoso, la gente no se atrevía a reconocerlo y a veces en conversaciones privadas allá en la mesa de un bar se reunían unos nacionalistas a desarrollar teorías de conspiración, pero algunos de ellos tenían alguna proximidad en materia económica con las ideas liberales, alguna. Entonces, se terminaron acomodando dentro del espectro liberal, pero eso no los hace liberales. Donald Trump por lo menos tiene un país con un sistema de pesos y contrapesos importantes, un Estado de derecho funcional que le impide llevar a cabo lo más extremo de sus posturas y aun así redujo impuestos que provocaron una dinamización de la economía norteamericana, pero su postura en el ámbito comercial es totalmente proteccionista y eso no tiene nada de liberal.

“Jair Bolsonaro tiene más de 20 años de ser diputado y sus políticas nunca han sido liberales, siempre ha estado a favor del estatismo, de la intervención del Estado en la economía”.

¿Usted será candidato a diputado o presidente en el 2022?

– El partido está trabajando para llegar de lleno a las elecciones del 2022, pero yo aprendí la lección de que yo no puedo disponer tan prematuramente. Seguiremos trabajando, si no soy yo, será otra persona, si estoy en buenas condiciones de salud y los doctores me lo permiten (en el 2017 fue diagnosticado con cáncer linfático, enfermedad que logró controlar) le daré viaje a la candidatura, pero lo más importante ahora es lograr conjuntar fuerzas en un centro político liberal que pueda ponerse de acuerdo en una agenda y que pueda presentar una alternativa a los extremos.

"Entre la izquierda, con el PAC con la apuesta de ganar elecciones por default o con el Frente Amplio apostando por el repunte, y la derecha con Fabricio Alvarado y Juan Diego Castro con posiciones más parecidas a las de Jair Bolsonaro, Costa Rica necesita una conformación sólida en el centro que esté dispuesta a hacer las reformas que este país necesita con el conocimiento, las ideas, las propuestas y la capacidad de la gente para hacerlo, en lugar de un montón de improvisados. Este país merece seguir por la ruta democrática liberal que ha sido su tradición”.