Negocios

‘Clara Sola’, la película que dio un impulso económico a los comercios de Vara Blanca

Con la nueva ‘Ley de atracción de inversiones fílmicas’ se podrá potenciar los encadenamientos productivos y darle visibilidad al talento nacional

A 45 kilómetros de la capital de Costa Rica se encuentra Vara Blanca, un pueblo de la provincia de Heredia, que se ha enfrentado a terremotos, erupciones volcánicas y recientemente a la pandemia.

A pesar de esto, sus escenarios naturales y la calidez de sus habitantes hicieron que Nathalie Álvarez, directora de la película Clara Sola, seleccionara este lugar como su locación predilecta para la producción que hasta la fecha ha recibido 12 premios internacionales.

Desde la planificación hasta la grabación de la película, Clara Sola fue dejando en su recorrido una derrama de inversiones en zonas rurales que permitieron a varios comercios y restaurantes mantener su operación a media máquina durante la pandemia.

Los fondos para la producción y grabación provienen de institutos de cine e inversionistas internacionales y nacionales, pues fue cofinanciada desde Suecia, Alemania, Estados Unidos y Bélgica.

En territorio nacional se invirtieron más de $500.000 que principalmente quedaron en la región de Vara Blanca de Heredia, entre alimentación, hospedaje, servicios de transporte, construcción y otros rubros.

A lo largo de un año los productores y la directora de la película buscaron en bosques nubosos del país una locación que cumpliera con sus expectativas para poder desarrollar el rodaje.

Esta búsqueda implicó que el equipo estampó su huella de inversión –en menor escala– en lugares como Pérez Zeledón, Río Cuarto y la zona de los Santos, entre otros.

Aurea Siles es la cofundadora de los chalets Hortensias, un emprendimiento que nació en el 2017. Lleva apenas cuatro años de estar funcionando y en ese periodo se ha enfrentado a una pandemia y menor afluencia de turistas como consecuencia de la erupción del volcán Poás.

El 2020 inició muy bien, el clima favorecía el avistamiento de aves, lo que implicaba una mayor atracción del turismo europeo -el más común de la zona- sus chalets tenían sólidas reservas a lo largo del año, inclusive la directora cinematográfica la había contactado para hospedar a varios actores, actrices y personal de una película nacional.

Sin embargo, en marzo la pandemia impactó su comercio y de no haber sido por la inyección de capital que dejó el hospedaje durante ocho semanas del personal de Clara Sola, Aurea asegura que no habría logrado sobrevivir.

“Aquí uno vive a coyol quebrado, coyol comido. Cuando vino la gente de la película íbamos a meterle la plata al local para crecer y mejorar, pero se vino la pandemia y por dicha habían estado hospedados ellos (el personal de Clara Sola), porque eso nos permitió no despedir a jefas de hogar que trabajaban con nosotros y mantener la operación para volver a abrir”, agregó Siles.

El equipo de la cinta se hospedó durante un poco más de dos meses en Hortensias un hotel tipo chalet de la zona, además generó una alianza con un restaurante cercano a la locación donde compraban al menos dos comidas por día.

Adicionalmente invirtió en construcción y remodelación de una casa que se ubicaba en la reserva privada El Quetzal, pues esta fue la ubicación para la grabación de la mayoría de las escenas de la película.

Siles comenta que desde que llegaron a visitar los chalets la primera vez hasta su último día de hospedaje tuvieron una relación afectuosa con el personal, pues trataron que desde el talento hasta los productores se sintieran en casa debido a las largas horas de grabación que enfrentaban y los horarios laborales atípicos.

Durante este período, Siles utilizó al máximo todos los recursos disponibles e inclusive contrató de manera temporal más personal de limpieza y cocina para solventar las necesidades del equipo.

Asimismo debieron incrementar la compra de insumos a sus proveedores debido a que los seis chalets estaban ocupados.

La grabación en Vara Blanca terminó el 13 de marzo, justo cuando la covid-19 empezaba a apoderarse de las actividades turísticas por lo que Áurea ya se hacía a la idea de que este sería el último servicio que daría por un largo tiempo.

Una historia similar cuenta Juan Carlos Ugalde, el dueño del restaurante típico de Vara Blanca.

Este fue el restaurante encargado de brindarle alimentación en horas atípicas al talento de la película. De acuerdo a Ugalde preparaban de dos a tres comidas diarias para el personal, en ocasiones lo llevaban a la locación de grabación y en otras se consumían dentro de su restaurante.

Sus coloridos menús fueron los que llamaron la atención del equipo de Clara Sola. Pues adicionalmente a la comida tradicional Juan Carlos segmenta la alimentación de su menú con diferentes colores para cada tipo de comida.

“Cuando yo empecé en esto me dijeron, haga un menú simple y rápido de leer, pero yo no les hice caso. Entonces hice un menú con clasificación de colores, comida vegetariana y detalles por todo lado, eso le gustó a la gente y fue lo que nos diferenció y por eso nos contrataron la comida.”, agregó Ugalde.

Ugalde asegura que el 90% de su comida se realiza con productos de agricultores de la zona y cuando empezaron el proceso de planeación de menús para la producción fílmica debieron aumentar la cantidad de quesos, verduras, legumbres y frutas que compraban.

“Aquí la gente sabía que estábamos en estas (brindando alimentación al staff de Clara Sola) entonces si yo ponía a correr a alguien con algún producto ellos lo hacían porque al final aquí lo que se le compra a uno lo invierte en otro y así sucesivamente”, agregó Ugalde.

Tanto con Hortensias como con el restaurante típico de Vara Blanca se gestionaron arreglos y esquemas de pago, pues la inversión se hacía conforme transcurría el tiempo de grabación. Ambos emprendedores destacan la puntualidad y el orden con que el equipo les iban cancelando los respectivos costos de operación.

Jaqueline Esquivel, una de las cofundadoras de la reserva privada El Quetzal y fue la anfitriona de la casa utilizada en la grabación por los protagonistas, explica que la directora y productores le pedían constantemente recomendaciones de restaurantes, posibles alquileres de vehículos 4x4, entre otros, pero siempre insistían con que fueran de la zona.

Adicionalmente al alquiler de la casa se realizó unas remodelaciones a la misma que fueron por cuenta de producción y Esquivel explicó que tanto los materiales como la mano de obra fueron de la región.

La inversión no se limitó a hospedaje y alimentación, por el contrario contempló también el uso de transporte, construcción, sastrería, maquillaje, peinados, técnicos especializados, iluminación, sonido y otros artistas.

Clara Sola brinda un ejemplo tangible de la serie de encadenamientos productivos que se abren en zonas rurales con la producción de una película.

Federico Lang, director y productor de Caramba Films, aseguró que Costa Rica cuenta con muchas áreas verdes para explotar como escenarios fílmicos, que curiosamente también son las zonas menos desarrolladas y más rurales del país.

La reciente aprobación de la Ley de Atracción de Inversiones Fílmicas (proyecto legislativo 22.304), abre un espacio para que se generen más ingresos y mejores inversiones en el país.

Quesada señaló que la financiación y sostenibilidad de los proyectos fílmicos es el mayor reto del sector debido a que hay talento humano en las diferentes etapas de la cadena de valor del audiovisual, pero es un oficio muy costoso especialmente en mercados como el costarricense.

“Hacer cine sigue siendo un oficio muy caro en cualquier parte del mundo pero particularmente en países que tienen mercados pequeños como Costa Rica, donde no pueden (o es más difícil) tener una recuperación de esa inversión en su propio territorio”, agregó Quesada.

La versión final del proyecto de ley brinda incentivos para casi todo el ecosistema audiovisual y por ende potencia el encadenamiento productivo y la exposición para personas del gremio y para industrias locales.

Quesada explicó que por ejemplo, hay empresas que dan soporte logístico a productoras que vienen a grabar en Costa Rica, entonces no se trata de una grabación 100% nacional, pero sí implica una inversión en territorio costarricense.

Los inversionistas extranjeros gozarían de una serie de ventajas, de las que el sector nacional también saca provecho a través de la exposición de su talento y la reactivación de actividades económicas afectadas.

Algunos de los incentivos que tendrá el sector fílmico extranjero son:

1. No tendrán sujeción a impuesto sobre la renta el personal dependiente o independiente y de las retenciones por remesas al exterior del personal extranjero ligado al proyecto fílmico.

2. Se exonera de todo tipo de tasas, impuestos, contribución, gravamen y garantía a las importaciones temporales de equipos y repuestos para la producción fílmica y audiovisual.

3. Se exonera de todo tipo de tasas, impuestos, contribución, gravamen al material a utilizarse.

4. Toda compra de bienes y servicios cuya suma sea mayor a $500.000 podrá recibir una devolución del 90% de la tarifa del impuesto al valor agregado (IVA). El restante 10% será destinado al Fondo para el Fomento Audiovisual y Cinematográfico Costarricense, conocido como “El Fauno”.

5. Se brindarán facilidades migratorias en cuanto a visas temporales de trabajo y permisos migratorios al personal ligado a los proyectos.

6. Se brindarán facilidades en permisos en coordinación con los gobiernos locales. A la vez se tendrá un plazo máximo de resolución de 30 días a partir de cada solicitud.

Andrea Hidalgo

Andrea Hidalgo

Periodista de la sección de Finanzas y Negocios de El Financiero. Licenciada en Periodismo Social. Excolaboradora del proyecto #NoComaCuento de La Nación.

En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.