Patricia Leitón. 13 mayo
Hazel Solís (saco blanco) es estudiante de maestría en Finanzas en la Universidad Fidelitas y Daniela Andrade es estudiante de economía. Ambas laboran en la Bolsa Nacional de Valores y son parte de la mitad de las mujeres que tienen un trabajo formal. Foto Jeffrey Zamora.
Hazel Solís (saco blanco) es estudiante de maestría en Finanzas en la Universidad Fidelitas y Daniela Andrade es estudiante de economía. Ambas laboran en la Bolsa Nacional de Valores y son parte de la mitad de las mujeres que tienen un trabajo formal. Foto Jeffrey Zamora.

Más mujeres con alto nivel educativo están ingresando al mercado laboral; no obstante, buena parte de ellas entran al sector informal, según muestran los resultados de la Encuesta Continua de Empleo que realiza el Instituto Nacional de Estadística y Censos.

Según la encuesta, entre el primer trimestre del 2018 y el primer trimestre del 2019 se incorporaron unas 159.000 trabajadoras al mercado laboral, de las cuales 127.000 encontraron trabajo y 32.000 pasaron a ser desempleadas.

De las que encontraron trabajo, un 70% tiene secundaria completa o más (universidad sin título o universidad con título); no obstante, un 82,5% entraron a laborar al sector informal.

Esta encuesta se realiza en forma trimestral desde el III trimestre del 2010 y, según muestra la serie, desde el primer trimestre del 2018 hay una tendencia al alza en la tasa de participación femenina, que es la división entre las mujeres que trabajan o buscan empleo entre el total que tiene 15 años o más.

Dicha tasa alcanzó un 42,7% en el primer trimestre del 2018 y subió a un 50,3% en el primer trimestre del 2019.

Empleo femenino
Empleo femenino

María Luz Sanarrusia, encargada de dicha encuesta, explicó que a partir del segundo trimestre del 2018 se nota un aumento significativo en la participación de la mujer y que ha crecido su peso como fuerza de trabajo “secundaria”, es decir, cuando otros miembros del hogar ingresan al mercado laboral además del jefe de familia.

Esta serie también muestra que, por nivel educativo, lo que más ha crecido son las trabajadoras universitarias con título (un 47% en toda la serie).

No obstante, durante la serie también se nota que ha tendido al alza el porcentaje que labora en el sector informal, el cual rondaba un 39% en el primer trimestre del 2011 y alcanzó un 49,8% en el primer trimestre del 2019.

El economista Pablo Sauma advirtió de algunos cuidados que se requieren al utilizar esta encuesta.

El especialista explicó que la muestra de esta encuesta rota en un 25% en cada trimestre, por lo que a lo largo de un año se están comparando dos muestras totalmente diferentes, lo cual resulta, en algunas oportunidades, en cambios significativos.

“Esto no le quita validez a las tendencias de largo plazo (cuando considera los primeros trimestres de un número grande de años), pero sí provoca problemas en las comparaciones para un año en particular”, opinó Sauma.

También llamó la atención sobre el hecho de que al comparar la tasa neta de participación femenina entre el primer trimestre del 2018 y el primer trimestre del 2019 el cambio es muy grande porque se está comparando con el resultado más bajo de la serie con uno de los tres más altos de la misma.

Beneficios y áreas de mejora

Con estas consideraciones metodológicas, los resultados parecen reflejar varios hechos positivos y también algunas áreas que se requieren corregir para sacarle mayor provecho a la situación.

Entre los hechos positivos se encuentran la mayor participación de la mujer en el mercado laboral, lo cual podría reflejar alguna mejora en las condiciones que le han dificultado participar.

“La mujer tiene más limitaciones en todo sentido, en cuanto al cuido de los hijos, en cuanto el cuido de adultos mayores, que muchas veces asume mucho la responsabilidad, o tal vez la responsabilidad está siendo más compartida entre hombres y mujeres, no lo puedo asegurar”, comentó María Luz Sanarrusia, del INEC.

Otro hecho positivo es que, de mantenerse la tendencia hacia una mayor inserción, el país podría aprovechar el “bono de género”, que es la oportunidad de incorporar a más mujeres en el mercado laboral y por esa vía aumentar la producción y los ingresos de los hogares.

Si además las mujeres que ingresan tienen un alto nivel educativo habría una vía para mejorar la productividad de los trabajadores, que es la capacidad de producir más por unidad de tiempo.

“Sobre todo, que poco a poco se ha venido eliminando la segregación en las ocupaciones, y muchas mujeres están accediendo a ocupaciones que antes eran típicamente masculinas”, añadió el economista Pablo Sauma.

No obstante, la debilidad que tiene esta tendencia es que la mitad se mantiene en la informalidad, lo cual podría ser señal de que a pesar de sus estudios no están obteniendo trabajos de calidad que les permitan aprovechar sus conocimientos.

En una respuesta escrita, el Ministerio de Trabajo señaló que las mujeres tienen mayores niveles educativos pero muchas se especializan en carreras menos “lucrativas”. Esto puede ser un factor que dificulte su inserción en la formalidad.

“El proyecto Estado de la Nación informó el año pasado que aunque las mujeres son las que más se gradúan, entre las 10 especialidades técnicas con mayor graduación femenina, solo cuatro están relacionadas con las 10 que más demandan las empresas”, indicó el Ministerio de Trabajo.