Irene Rodríguez. 16 febrero
Estas cápsulas contienen una microagujas con insulina que se inyectan cuando llegan al estómago del paciente. Fotografía: Felice Frankel / MIT
Estas cápsulas contienen una microagujas con insulina que se inyectan cuando llegan al estómago del paciente. Fotografía: Felice Frankel / MIT

Los científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos, trabajan con la meta de que algún día los pacientes con diabetes, que se inyectan insulina, no recurran a esto y puedan tener la dosis de esta hormona al tomar una cápsula.

El medicamento experimental apenas ha sido probado en animales, pero los resultados muestran que pronto se estará listo para comenzar ensayos clínicos en seres humanos.

¿Cómo funciona? Según la revista Science, la cápsula tiene el tamaño de un arándano azul (es un poco más pequeño que una uva) y contiene una microaguja con insulina que se inyecta cuando llega al estómago del paciente en la dosis que necesita. Esto permitiría que las personas tengan los niveles de azúcar en sangre regulados.

La cápsula está cubierta por capas de azúcar. Una vez que se traga, el agua en el estómago disuelve el azúcar, lo que libera la aguja y esta se inserta en la pared estomacal.

Una vez que la punta de la aguja se inyecta en la pared del estómago, la insulina se disuelve con un ritmo que puede ser controlado. Los investigadores deciden el ritmo. En este estudio, divulgado recientemente, a esta hormona le tomó cerca de una hora para estar completamente en el flujo sanguíneo.

Este tipo de dispositivo también podría ser útil para el tratamiento de otras enfermedades, en las que la persona debe inyectarse constantemente su tratamiento.

“Estamos esperanzados de que este nuevo tipo de cápsula algún día pueda ayudar a los diabéticos y a las personas que necesitan terapias inyectables”, manifestó en un comunicado de prensa, Robert Langer, investigador del Insituto Integrado Koch para la Investigación del Cáncer del MIT y uno de los autores del reporte científico.

Largo proceso

De esta iniciativa participan médicos, farmacéuticos, ingenieros mecánicos e ingenieros en mecatrónica. La colaboración de las ciencias de la salud con las ingenierías hace que se tenga la dosis exacta que protege al paciente y, a la vez, se disponga de un dispositivo eficaz.

El proceso para llegar a esta pastilla no ha sido sencillo. Hace varios años, Langer se unió con otros científicos dentro de los que destaca Giovanni Traverso, de la Universidad Harvard, también en Massachusetts.

Ellos desarrollaron una pastilla que estaba “barnizada” con muchas agujas diminutas que podrían inyectarse en entre el estómago y el intestino delgado.

Después de varios intentos prueba-error se llegó a un diseño con una sola aguja y esto evita errores anteriores, como que los ácidos del estómago disolvieran las sustancias medicinales sin que pudieran ejercer su efecto.

Los cientifícos tomaron la inspiración de una característica de una especie tortuga llamada Stigmochelys pardalis y conocida popularmente como tortuga leopardo. Este animal, oriundo de África, tiene en su caparazón una cúpula alta y empinada, que le permite enderezarse si rueda sobre su espalda.

Los investigadores utilizaron, entonces, modelos de computadora para crear una variante de esta forma para su cápsula, que le permite reorientarse, incluso en el entorno dinámico del estómago.

En otras palabras, dado su diseño inspirado en la tortuga, el sistema hace que una vez que el dispositivo llega el estómago se oriente a buscar la pared del estómago y quedarse allí para liberar la insulina.

“Una vez que llega al estómago, se entra en contacto con el tejido de la pared y de allí no se mueve”, indicó Traverso en un comunicado de prensa.

La punta de la aguja está hecha 100% de insulina comprimida, se utilizó el mismo proceso que se hace para crear tabletas de otro medicamento. La carcasa del inyectable no sobrepasa la pared del estómago y está hecho de materiales biodegradables que permiten ser evacuados del cuerpo a través del sistema excretor.

El estómago no tiene receptores del dolor, entonces los pacientes no solo no sentirán dolor, ni siquiera se darán cuenta del momento en el que se inyecta la insulina.

En los estudios en cerdos, los científicos vieron que se podían utilizar 300 microgramos de insulina. Posteriormente, ya han podido subir la dosis a cinco miligramos, una dosis muy similar a la que utilizan los diabéticos.

Aunque aún no hay fecha para empezar ensayos en seres humanos, los científicos aseveran que van por buen camino.