Salud

Malaria: el otro gran enemigo en el borde fronterizo

En lo que va del año, Costa Rica registra 81 casos de esta enfermedad; personal de salud batalla para controlar brotes

Seidy Amador recibió una visita en su casa, en medio Queso de Los Chiles, a pocos kilómetros de la frontera con Nicaragua. Erick Hernández, asistente técnico de atención primaria en salud (ATAPS) llegó a ofrecerle una vacuna pero no contra covid-19, sino un prueba diagnóstica rápida para saber si era positiva por la otra enfermedad que acecha en estas comunidades fronterizas: la malaria.

Ella no tenía síntomas, pero había estado en contacto con alguien que enfermó, y por eso el funcionario necesitaba descartar con esa prueba, que da resultados en cuestión de 15 minutos. El resultado fue negativo, pero no siempre es así.

En lo que va del año, las autoridades de salud han confirmado 85 casos de la enfermedad en los territorios cercanos a la frontera norte. Son producto de un brote que comenzó en setiembre del año pasado, cuando hubo 138 casos (90 autóctonos, 48 importados de Nicaragua), de los cuales 13 recayeron en sus síntomas.

Donald Orozco es uno de ellos. Fiebre y dolor de cabeza dieron la voz de alerta, por lo que a los días buscó atención médica y le confirmaron la malaria. Con solo tomar el primer medicamento se sintió mejor. A los días ya estaba trabajando, pero sabía que todavía debía seguir con el tratamiento.

“Hay gente que dice que las pastillas lo golpean a uno, yo me he sentido bien”, resumió este trabajador de una plantación.

Costa Rica tiene tres focos activos en la zona norte: Los Chiles, Crucitas-Llano Verde y Boca Arenal. De momento, no se registran fallecimientos.

También hay brotes en comunidades del sur de Nicaragua, pero como son territorios transfronterizos, donde las personas tienen una movilidad muy activa, es fácil que el mal pueda diseminarse. Además, se complica que los enfermos cumplan el tratamiento que en los casos más graves es de dos pastillas por día, durante siete días.

“Hay mucha población informal, migrantes en situación irregular, muchos temen que no se les atenderá si buscan un servicio de salud o se les cobrará mucho, cuando la malaria sí es atendida”, señaló Elena Rodríguez, encargada de apoyo técnico para la iniciativa de eliminación de la malaria en la región Huetar Norte de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Enfrentar esta situación en época de pandemia de covid-19 complica la situación, en brotes anteriores no se había tenido esta particularidad.

“Trasladamos personas de otras áreas rectoras a Los Chiles para que nos pudieran colaborar en la búsqueda activa. Solo con los inspectores que tenemos ahí no damos abasto”, enfatizó Claudia Rosales, directora de la Dirección Regional Huetar Norte del Ministerio de Salud.

Rosales y Rodríguez coincidieron en que hay otro problema: la automedicación, pues las personas quieren sentirse bien para seguir trabajando. Como malaria y covid-19 tienen síntomas en común, algunos huyen de una orden sanitaria.

Esta orden no se da en malaria, donde la persona vuelve a trabajar apenas se sienta bien y continúa con los medicamentos. Sin embargo, el temor dificulta que busquen el diagnóstico por lo que se corre el riesgo de que la medicación comience más tarde y la enfermedad haya avanzado más.

La malaria o paludismo es causada por el parásito plasmodium. Es transmitida por un mosquito llamado anófeles. Su transmisión es muy similar a la de otras enfermedades vectoriales, como el dengue o zika: si un mosquito pica a una persona con malaria, este se volverá portador del parásito, y cuando pica a otras personas las infectará.

“Es normal que el mosquito con el parásito pique a varias personas en una misma habitación y contagien a varios a la vez, por eso se les hace pruebas rápidas también a los contactos”, manifestó Alid Mario Rosales, coordinador de ATAPS del Área de Salud de Los Chiles.

El plasmodium tiene varias especies, cinco afectan a los seres humanos. En Costa Rica circulan las dos más comunes a nivel mundial. La especie Plasmodium falciparum, que es la principal, pero también circula la Plasmodium vivax.

La P. vivax fue la más común durante décadas, pero a partir de 2016, cuando la malaria se reintrodujo luego de dos años sin casos, P. falciparum se volvió la más común, explicó Gabriela Rey, oficial técnica para malaria y otras enfermedades por vectores de OPS. Durante el 2021, P. falciparum correspondió al 77% de los casos.

Ambos parásitos tienen un mismo mecanismo: ingresan al hígado y migran a la sangre, donde infectan los glóbulos rojos. Puede causar fiebres muy altas, escalofríos y anemia. Los primeros síntomas surgen de forma repentina. En los casos más graves, que se dan si no es tratado a tiempo, destruye células sanguíneas y daña circulación, hígado y riñones y con esto provoca la muerte.

“La infección por falciparum es la más fatal si no es tratada a tiempo y podría tener serias complicaciones renales y cerebrales, e inclusive la muerte”, expresó Rey.

¿Por qué si es una enfermedad vectorial que no se transmite de persona a persona se le hacen pruebas a los contactos de personas positivas? El epidemiólogo Melvin Anchía explicó que, por las características de este mosquito es usual que este pique a varias personas a la vez. Muchas de ellas pueden estar reunidas en sus casas o sitios de trabajo y el mosquito ingresar e infectar a varias. Por esta razón, si una persona desarrolla síntomas se busca con quienes estuvo en contacto para ve si también resultaron infectados en esa misma ocasión.

“Es ir un paso adelante”, expresó. “Hemos logrado detectar algunos casos así”.

La atención depende de cuál parásito es el causante. La prueba de detección rápida indica si la infección es por P. vivax o por P. falciparum, por lo que es más fácil saber cuál es el tratamiento que se dará.

Alid Mario Rosales explicó que el tratamiento se lleva directamente al lugar de residencia o trabajo de la persona todos los días. Consta de dos píldoras: cloroquina y primaquina. La cloroquina ataca el parásito en sangre y la primaquina en hígado.

Si la infección es por P. vivax se debe tomar por siete días, si es por P. falciparum, por tres. Si la persona deja el tratamiento antes, el parásito puede no haberse combatido del todo y generar resistencia a los medicamentos, con lo que sería más difícil atacarlo. Es por ello que la terapia se toma en presencia de un ATAPS.

Hernández es el ATAPS encargado de llevarles el tratamiento y darles seguimiento.

“Nos ponemos de acuerdo a ver a qué hora puedo llegar a verlos donde ellos me digan, pero sí me ha tocado corretear a más de uno para que no pierda el tratamiento”, reconoció.

Se requiere del trabajo de varias instituciones. La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), el Ministerio de Salud y la OPS trabajan en alianza con empresas y fincas de la zona, con líderes comunales y con los vecinos.

Rodríguez explicó que la estrategia se conoce como DDTR: detección, diagnóstico, tratamiento y respuesta. La detección debe darse en las primeras 24 horas de síntomas, diagnosticarse con una prueba rápida como máximo después de 48 horas, tratarse de inmediato y que se identifique si el caso es autóctono o importado.

Constantemente se realizan barridos por las comunidades que presentan mayor vulnerabilidad, como La Trocha, Santa Fe, Primavera, La Virgen, San Gerardo, Santa Ceclia, San Francisco, Hernández, Medio Queso, El Parque, Las Delicias y Cuatro Esquinas. En total son 2.277 casas que están en constante monitoreo, confirmó Claudia Rosales.

Los ATAPS y los inspectores del Ministerio de Salud son piezas vitales en la atención. Estas personas conocen a la población, la dinámica en la que se desenvuelven por trabajo.

Se tiene una buena comunicación con los líderes comunales, quienes les recalcan a los vecinos la importancia de informar cuando hay síntomas, de no automedicarse y de ser rigurosos con el medicamento recetado.

Hay dos razones, una es la altísima movilidad de quienes viven o trabajan en la zona. Si viajan con la enfermedad, pueden ser picadas por un mosquito y este puede llevarlo a otras personas. Si la persona no ha sido tratada, aumentan las posibilidades de continuar con el parásito y, si lo pican otros mosquitos pues llevarán el mal consigo.

La otra razón es que el terreno se presta para que se formen cuerpos de agua que atraen al mosquito para su reproducción. Al igual que el Aedes aegypti, transmisor del dengue, la hembra del anófeles deposita huevos en el agua. Es común que la lluvia forme lagunas o pantanos que son aptos para que el mosquito deje sus huevecillos, estos cuerpos de agua permanecen por meses.

“No es como decirle a la gente elimine criaderos, ya los tenemos de forma natural”, puntualizó Alid Mario Rosales.

Sin embargo, el hecho de que el mayor brote esté contenido en la zona norte gracias a todos los esfuerzos, no quiere decir que el resto del país no sea susceptible de ello.

“Todo el país es susceptible”, dijo Rodríguez.

Para que un país declare la eliminación, cada foco debe primero tener tres años sin casos autóctonos. En este momento el país tiene cinco focos activos, los tres de la zona norte y uno en el Caribe, en Batán de Limón y otro de reciente surgimiento en el Pacífico central.

Además de esto hay siete focos residuales inactivos (a la espera de que se cumplan tres años sin casos) y uno ya eliminado en Matina, Limón.

Una vez que todos los focos estén eliminados y el país cumpla tres años sin casos, se declara la eliminación

Rey confirmó que Costa Rica estuvo con cero casos autóctonos durante 2014 y 2015. En 2016 se dieron cuatro casos en la región norte, estos comenzaron a dispersarse hacia los brotes actuales. Desde 2018, el país está en alerta sanitaria por malaria.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.

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