Irene Rodríguez. 6 febrero, 2018
La calidad de sueño mejora el rendimiento escolar e incrementa el aprendizaje. Fotografía: picjumbo
La calidad de sueño mejora el rendimiento escolar e incrementa el aprendizaje. Fotografía: picjumbo

Tener una carga académica que no solo supone las materias tradicionales si no las de una especialidad, y, además de eso cumplir con una práctica profesional en el último año, son algunas de las razones por las que los jóvenes que estudian en colegios técnicos carecen de buenos hábitos de sueño.

Estas son las conclusiones de la tesis que Carolina Ramírez Jiménez preparó para optar por su licenciatura en Enfermería en la Universidad Hispanoamericana. Para ello tomó en cuenta a 100 alumnos mayores de 18 años.

Aunque el estudio se realizó solo entre estudiantes de esa modalidad educativa, vale la pena que los padres de familia, a las puertas del nuevo curso lectivo, se pregunten qué está sucediendo con sus hijos, ya sea colegiales o escolares y puedan aplicar medidas correctivas, desde ahora.

Y es que algunas de las cifras que arrojó esta investigación preocupan a los expertos. Por ejemplo, se vio que el 87% de estos colegiales duerme seis horas o menos, el 36% afirma que su calidad de sueño es "bastante mala" y el 21% necesita un medicamento para dormir entre una y tres veces a la semana.

"El tema aquí es la higiene del sueño. Son las conductas y prácticas que tenemos hacia el dormir. Si no tenemos una buena higiene, no tendremos ni calidad ni cantidad de sueño y esto nos puede afectar mucho. La higiene del sueño es propia de cada persona y la adapta a sus necesidades y circunstancias", explicó Ramírez.

Más señales de alerta

En detalle, el estudio arrojó que un 35,3% de los jóvenes se acuestan a las 12 a. m. y el 33,3% después de esa hora.

Sin embargo, el 50% dijo levantarse a las 5 a. m. y el 30% a las 4:30 a. m., lo que deja entre 4,5 horas y cinco horas diarias de sueño al día.

"Lo recomendable en la adolescencia incluso va más allá de las ocho horas, lo mejor sería entre nueve y diez horas. En este momento de la vida el cerebro aún no termina de desarrollarse y requiere del sueño para realizar varios procesos y completar de mejor forma su desarrollo", indicó el médico general Arturo Barboza.

Al respecto, Ramírez agregó: "No todos los casos son iguales. Hay momentos en los que ellos tendrán más trabajos, exámenes y tareas, algunos madrugan más para ir al colegio que otros. Algunos comparten habitación con un familiar y eso puede afectar su calidad de sueño. Incluso, en el caso de los hogares más pobres, hay jóvenes que duermen en la misma cama que el hermano", detalló la investigadora.

La calidad del descanso también está en jaque, según este estudio: 41 % de los jóvenes se despierta una vez a la semana por tener pesadillas.

Además, un 30% se despierta una o dos veces por semana por el frío y un 36% no logra dormir tres o más veces a la semana por causa del calor.

Uso de medicamentos

Uno de los datos que más preocupación causó en la investigadora es que uno de cada cinco jóvenes admitiera utilizar algún tipo de medicamento –recetado o no– para poder conciliar el sueño.

Algunos de ellos lo usaban solo una vez por semana, otros hasta tres.

"Consumir estos fármacos puede generar somnolencia durante el día. Si toman esto a estas edades, ¿qué va a pasar cuando tengan 30 años? Esto puede generar codependencia a largo plazo. También está el otro extremo: gente que no tiene problemas para dormir, pero que durante el día necesita un reconstituyente para mantenerse despierta porque no duerme lo suficiente", aseguró Ramírez.

El médico Barboza añadió: "estos medicamentos, si no son recetados, tienen graves riesgos para la salud de la persona. Además, si se consumen en dosis altas el joven puede sentirse fatigado durante todo el día y no podrá rendir en sus actividades colegiales".

Tanto Ramírez como Barboza coinciden en que si alguien tiene problemas de insomnio, los medicamentos son el último eslabón de la cadena, pues antes deben revisarse los hábitos de sueño para mejorarlos.

Recordaron que hay personas que pueden requerir de ejercicios de relajación, música suave o terapia psicológica si están pasando por algunos períodos de duelo, estrés, depresión o ansiedad.

¿Cómo mejorar la higiene del sueño?

Dentro de los consejos que destacan los especialistas entrevistados está el acostarse y levantarse a la misma hora, incluso los fines de semana, para que el cuerpo se adapte a un horario.

También es vital darle al sueño la importancia que se merece: "de la misma forma en la que destinamos X cantidad de horas a ir a estudiar, a hacer tareas, se debe sacar el tiempo para dormir Sí, hay que darle prioridad", insistieron.

Otros aspectos que deben tomarse en cuenta están relacionados con las comidas en horas de la noche.

No es bueno ingerir alimentos muy pesados o grasosos, ni tomar bebidas con cafeína al menos dos horas antes de dormir o beber líquido justo antes de irse a la cama.

Asimismo, si existen problemas para conciliar el sueño es bueno eliminar los distractores de la habitación: televisión, radio, computadora, tableta o teléfono celular. Esto puede dificultar que la persona concilie el sueño.

Los expertos aseguran que estos consejos son válidos para personas de cualquier edad y cualquier estilo de vida.

"La higiene del sueño es algo a lo que debemos acostumbrarnos desde niños, pero cualquier momento de la vida es bueno para retomarlo si perdimos la práctica", puntualizó Barboza.

Tesis paso a paso

La investigación de Ramírez tomó en cuenta a 100 estudiantes mayores de 18 años estudiantes de sexto año de colegio técnico, 70 mujeres y 30 hombres.

A todos se les pasaron dos instrumentos con preguntas sobre su higiene del sueño y se les entrevistó. Los instrumentos del cuestionario están validados a nivel internacional y se utilizan en varios tipos de estudio relacionados con el hábito de dormir.

Cada participante llenó un consentimiento informado donde se les explicaba en qué consistía el estudio y lo que se les iba a evaluar.

Las preguntas analizaban el tiempo que los jóvenes dormían, el horario en el que lo hacían, si necesitaban medicamentos para dormir, y cómo les afectaba en sus labores cotidianas –si la habían tenido– una noche de mal sueño.

Además, se midieron otros factores como ansiedad, depresión y estrés.