Irene Rodríguez. 5 enero
Esta es una de las cámaras de crecimiento de vegetales que simula las condiciones del espacio. En este caso, los investigadores experimentan con lechugas. Fotografía: Silje Wolff
Esta es una de las cámaras de crecimiento de vegetales que simula las condiciones del espacio. En este caso, los investigadores experimentan con lechugas. Fotografía: Silje Wolff

La alimentación de los astronautas durante sus misiones ha puesto a prueba el ingenio y la creatividad de los científicos en las últimas décadas.

Formas de idear un menú, alistarlo, “precocinarlo”, empacarlo e idear cómo guardarlo en la nave espacial sin que la comida se descomponga han sido todo un reto para quienes trabajan en la logística de cada evento.

¿Pero qué sucede con las misiones a largo plazo que se planean? ¿Qué ocurrirá con los posibles viajes a Marte y a lugares más lejanos en los que los astronautas deban permanecer incluso varios años fuera del planeta? Lo ideal, para muchos científicos, es que ellos tuvieran la forma de cultivar y cocinar cada cosa. ¿Pero cómo?

Científicos del Centro Interdisciplinario de Investigaciones Espaciales de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología se dieron a la tarea de idear, diseñar, elaborar y poner a prueba una “huerta espacial” en la que los astronautas puedan cultivar sus vegetales y comerlos frescos.

Esta tarea ya tuvo los primeros éxitos, pues astronautas ya lograron cultivar lechugas en la Estación Espacial Internacional (EEI), pero ellos quieren ir más allá y dar más variedad. Su meta es que para 2021 quienes viajen fuera del planeta también puedan “sembrar” frijoles y luego cocinarlos.

“Los astronautas sienten poco apetito. Usualmente pierden peso. Sabemos que si atacamos el aspecto psicológico y buscamos que tengan comida fresca esto puede mejorar su alimentación. La comida empacada al vacío no te recuerda en nada a tu comida casera, no te provoca. Tener algo fresco que active los receptores de apetito en el cerebro es importante", manifestó en conferencia de prensa Slije Wolff, coordinadora del proyecto.

Y agregó: “el sueño de cada astronauta es poder comer comida fresca, como fresas tomates ‘cherry’ o cualquier cosa con sabores más fuertes. Algún día esto será posible, le estamos apostando a tener un invernadero con muchas variedades de vegetales”.

Simular condiciones del espacio

Los científicos son conscientes de que con la tecnología de hoy es imposible enviar los ingredientes frescos para que los astronautas cocinen, por lo que una huerta en la que se pueda cocinar es la mejor solución. Sin embargo, dado que las condiciones fuera del planeta son muy diferentes, los investigadores cargan con muchos retos.

En la Tierra, la gravedad causa que el aire cálido “suba” y el aire frío “se hunda”. En la estación espacial, sin la gravedad de la Tierra, el aire es más estacionario y esto provoca que los astronautas siempre tengan una fiebre muy leve. Las plantas también se ven afectadas.

“El aire estacionario afecta una capa de la parte baja de la hoja, donde están los poros de las estomas (parte de la planta encargada del intercambio de gases, en otras palabras, encargada de la ‘respiración’ de la hoja).

Cuando la gravedad desaparece, la capa que está en estas aperturas se vuelve más gruesa. Esto reduce la evaporación y la temperatura de la hoja sube. El vapor de agua es sumamente importante en la regulación de las plantas, es como el sudor en los animales”, expresó la científica.

Para uno de sus experimentos, el equipo viajó a Holanda, donde trabajaron en cámaras que simulan las condiciones que se ven en el espacio. Escogieron trabajar con lechugas porque es un alimento sencillo y con el que ya hay experiencias previas en la EEI. Sin embargo, ahora quieren ir más allá y hacerlos cultivos de larga duración.

Lo que más les interesaba ver a los investigadores era la forma de subsistencia de las plantas ¿qué “comían”? ¿cómo obtenían sus nutrientes?

Wolff y sus colaboradores vieron que, de todos los recursos que tenían a su alrededor, el más utilizado era el nitrógeno.

“Encontramos que las plantas pueden, en cierta forma, ‘oler’ cuántos nutrientes tienen disponibles. Cuando la concentración de nitrógeno es muy baja, la planta absorbe más agua y esto equilibra sus niveles internos de nitrógeno”, explicó Wolff.

Los resultados de este experimento fueron publicados en la revista Life.

¿Qué sigue?

El siguiente paso es hacer crecer frijoles en el espacio para observar cómo los afecta la falta de gravedad. En el caso de los frijoles, ¿cuáles son los efectos a la hora de transportar agua y absorber los nutrientes?

Esto debe hacerse en el espacio porque en la Tierra es imposible simular de manera fiel la ausencia de gravedad.

El proyecto está para 2021, pero de momento ya se realizan varias pruebas. Los frijoles se ponen en una centrífuga donde germinan y luego terminan de crecer en la estación espacial. La centrífuga se programa para rotar a diferentes niveles de gravedad.

“El arte de hacer que algo crezca en el espacio no se puede transferir a nuestro planeta. Esta es una forma en la que creamos un escenario que produce tanto las condiciones de microgravedad de la estación espacial y la fuerza de gravedad de nuestro planeta", concluyó Wolff.