Patrimonio

Investigación arqueológica desentraña secretos de una de las batallas menos conocidas de 1856

La Batalla de La Trinidad se dio en los alrededores de la desembocadura del río Sarapiquí en el río San Juan, el 22 de diciembre de 1856; excavaciones ayudan a reconstruir lo ocurrido

La arqueóloga Maureen Sánchez estaba recién jubilada cuando recibió una llamada que la puso al frene de la búsqueda de los detalles de una de las batallas menos conocidas para los costarricenses, pero que fue clave durante la Campaña Nacional de 1856 y 1857 contra William Walker y los filibusteros.

Del otro lado del teléfono estaba Mauricio Ortiz, miembro de la Academia Morista Costarricense, ente que estudia la historia de la Campaña Nacional. El decía saber dónde estaba el posible sitio donde se libró la Batalla de La Trinidad, el 22 de diciembre de 1856.

Esta justa ha sido contada por varios historiadores con base en escritos de la época, pero poco se sabe del combate librado en la margen izquierda de la desembocadura del río Sarapiquí en el San Juan, ni de la importancia del lugar en aquel entonces para el comercio, el transporte... y los intereses militares y geopolíticos de Walker.

Sánchez lo vio como una oportunidad para aumentar el conocimiento de esta batalla y conocer más de cerca la realidad de aquella Costa Rica.

“Nunca se había encontrado un sitio que fuera escenario de un campo de batalla. Y nunca antes se había llegado ni se había hecho ningún tipo de estudio, ni de carácter preliminar. Solo teníamos referencias bibliográficas, nada más”, recordó la arqueóloga.

Sánchez donó conocimiento, tiempo y recursos económicos para desplazarse, buscar el punto del combate y estudiarlo. Aquel primer acercamiento fue a finales de 2016. Hoy, con varios objetos y municiones ya recuperados y en estudio por parte del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, el proyecto continúa.

Armados de diarios de campo de aquella época y documentos históricos viajaron en varias ocasiones para reconstruir los hechos.

“El historiador hace un papel fundamental viendo los diarios y los escritos, nosotros, como arqueólogos, vamos al campo y vemos el escenario donde estuvieron los hechos”, manifestó.

Trabajo pionero

En Costa Rica, esta es la primera investigación arqueológica en un campo de combate, que corresponde a la Batalla de La Trinidad (22 de diciembre de 1856).

FUENTE: GOOGLE EARTH    || / LA NACIÓN.

Terreno difícil

La Trinidad de Sarapiquí es una zona húmeda y muy lluviosa. Eso influyó de dos formas: por un lado, en las vicisitudes que enfrentaron los investigadores, por otro, en la conservación de los objetos luego de 165 años. “Topamos con un huracán, el Otto. Luego topamos con la tormenta Nate. Fueron impresionantes. Otto llegó, inundó todo y derribó árboles grandes de raíz”, aseguró Sánchez.

El sitio indicado por Ortiz era una terraza aluvial, de poco más de 8.000 m². El paso del tiempo hizo que todo el terreno se cubriera con vegetación: pasto muy alto, estilo “monte”, arbustos y árboles. Después de 1985, con el conflicto sandinista, el asentamiento que había allí quedó en abandono.

“Uno se bajaba de la lancha, llegaba al borde y no veía nada, solo vegetación. Tuvimos que comenzar por limpiar”, rememoró la arqueóloga.

El huracán Otto los hizo dar marcha atrás, volver a limpiar el terreno. Mucho de lo avanzado se perdió.

“El diario de Máximo Blanco (uno de los cronistas) describía que vio dos días de lluvia completa. Yo lo enfrenté así mismo”, dijo entre risas.

Se utilizó una técnica llamada prospección geofísica. Para ello se armaron de equipos que utilizan geólogos y geógrafos: los georadares. Estos permiten, sin hacer perforaciones en el suelo, tener una aproximación. Al colocar este equipo sobre la superficie de los 8.000 m² se dan indicios de dónde podrían estar estos objetos, compuestos principalmente de plomo y otros metales.

“Nos decían en qué sitios podía haber una anomalía magnética que podía eventualmente traducirse en la presencia de algún vestigio de carácter histórico de interés para el proyecto. No nos decían ‘aquí es’, pero sí nos daban pistas”, aclaró la investigadora.

Se contó con el apoyo de profesionales de geología de la Universidad de Costa Rica (UCR) y del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE). Al encontrar estos sitios de interés primero se hicieron pozos de prueba y con base en los resultados se excavaba más o no. Se hicieron grillas con puntos de referencia para saber con exactitud dónde estaba cada artefacto y se iban comparando con un mapa.

Municiones, candados, artefactos bélicos

Las pesquisas llevaron a las trincheras que cavaron los filibusteros cuando se asentaron en La Trinidad con el objetivo controlar el San Juan.

“Construyeron una trinchera en ele invertida: una paralela al río Sarapiquí y otra paralela al San Juan. Eran unos 60 soldados bien posicionados”, puntualizó la arqueóloga.

Los filibusteros esperaban al enemigo en la desembocadura del San Juan. Los costarricenses, unos 130 soldados, llegaron por Muelle de Sarapiquí y sorprendieron.

El ejército tico llegó el día antes. Se enfrentó con un gran aguacero. Las municiones se mojaron. Los soldados se pusieron a calentarlas durante la noche y tuvieron que improvisar para suplir lo que no se secó.

Al escarbar las trincheras, los arqueólogos descubrieron decenas de municiones, había balas de hierro y perdigones de fusil de chispas, balas redondas de plomo que funcionan con pólvora.

También hallaron rifles y pistolas comprados en Inglaterra, “lo último en tecnología”: las municiones Minié; balas de plomo que, según Sánchez, tienen canales en la parte baja. El cañón del rifle tiene estrías. Al dispararse, el proyectil no sale directo, va dando vueltas y eso causa heridas mayores.

Sin embargo, estas municiones no se usaron tanto en esta batalla en particular, muchas estaban mojadas. Los filibusteros fueron sorprendidos y asesinados con bayonetas o ahogados en el río. La batalla duró unos 40 minutos.

Allí no acabó. Los nacionales permanecieron con el control un mes, pero los filibusteros se agruparon y volvieron. Según consta en la investigación de Sánchez y su equipo, hubo combates el 28 y 29 de enero y el 13 de febrero, cuando sí se usaron las balas, pero los estadounidenses vencieron.

Punto clave desde antes del combate

Otros objetos hallados denotan la importancia de esta zona para el comercio y transporte en las décadas de 1830 o 1840. Vieron pedazos de vidrio pertenecientes a frascos y botellas, recipientes de perfume, pero también loza de vajilla fina manufacturadas en Londres, Irlanda, Estados Unidos.

“Demuestran que la Costa Rica de aquella época no solo se servía de jícaras y de ollas de barro para comer. Había población que sí pagaba por bienes europeos”, recalcó.

“La Trinidad funcionó a mediados del siglo XIX como punto donde llegaban los barcos de vapor que venían del Atlántico. Ahí bajaban el correo y los pasajeros. Había hospedaje. Esa era la forma de viajar al extranjero por barco. No había cómo hacerlo por Moín o Matina, los caminos estaban afectados”, añadió.

Pero la historia va más atrás: se vieron piezas precolombinas que se documentaron y se dejaron en el sitio pues no había permiso para extraerlas, ya que ello requiere otro tipo de iniciativa.

“Vimos piezas de hasta 900 años a. C”, dijo.

¿Qué sigue?

Esta es solo la primera parte. La idea es hacer más trabajos de campo de la zona para encontrar más materiales de lo sucedido en 1856 y 1857.

Por otra parte, cinco de las municiones recuperadas son objeto de análisis por parte de profesionales y estudiantes de la UCR. Especialistas en Física, Biología y Geología estudian cómo el paso del tiempo y su interacción con la humedad, el tipo de suelo, el agua y la temperatura afectaron las municiones.

A través de diferentes técnicas de microscopía exploran las características de lo que pudo pasar con cada una de ellas ¿fueron disparadas? ¿la bala cayó al suelo o impactó a algo o a alguien? Esas respuestas todavía no están, pero la ciencia está en su búsqueda.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.

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