Por: Alessandro Solís Lerici.   10 julio, 2016
La sonda Juno imaginada cerca de la atmósfera de Júpiter por medio de un montaje elaborado por la NASA.
La sonda Juno imaginada cerca de la atmósfera de Júpiter por medio de un montaje elaborado por la NASA.

Hace 406 años, Galileo Galilei estaba en su balcón haciendo uso del telescopio que durante varios años había perfeccionado con sus dedos y neuronas. Corría el mes de enero y algo extraño –para el italiano y para los científicos de su época– sucedía cerca de Júpiter, el planeta más grande jamás visto desde la Tierra. Galileo estaba perplejo porque las estrellas alrededor de Júpiter se movían.

En 1610, Galileo era tan solo un profesor de matemáticas, y los matemáticos eran vistos por debajo del hombro por los filósofos que controlaban cualquier corriente intelectual y científica. Todo indicio de que la Tierra no era el centro del universo era objeto de mofa. Lo mismo sucedía cuando alguien insinuaba que habían lunas aparte de la nuestra. Galileo no le contó a nadie sobre su corazonada y repitió el ejercicio al día siguiente.

Pasó igual: las estrellas se movían, y las estrellas no se mueven. ¿Acaso eran lunas? De ser así, Nicolaus Copernicus tenía razón: el Sol –no la Tierra– era el centro del sistema solar. Y a nadie le gustaba pensar en que Copernicus teniendo razón fuera una posibilidad siquiera remota. Una semana le tomó a Galileo comprobar que esas estrellas son, en efecto, lunas, aunque nunca mencionó el nombre de Copernicus, quizá por miedo a las repercusiones. ¿Un matemático desafiándonos de esa manera? Imposible, inaceptable.

Cuando Galileo publicó un panfleto con las conclusiones de su observación, el escepticismo ganó durante los primeros meses, pero ya para el final de 1610 toda nuestra concepción sobre el espacio exterior, el sistema solar y nuestro lugar en el universo empezaba a transformarse completamente. “Fue el comienzo del conocimiento moderno sobre el universo”, explicó el profesor universitario David Wootton al Washington Post.

Toma de las cuatro grandes lunas de Júpiter capturada por la cámara de Juno mientras se iba acercando a la órbita del planeta gigante.
Toma de las cuatro grandes lunas de Júpiter capturada por la cámara de Juno mientras se iba acercando a la órbita del planeta gigante. // Fotografía: NASA/JPL-Caltech/AFP.
Si bien aquella revelación de Júpiter fue el cimiento de la curiosidad espacial que durante cuatro siglos ha sumado datos que alimentan nuestra comprensión del universo, el gran planeta aún conserva su dosis de enigmas. Después de ocho misiones a Júpiter –y una, llamada Juno, en curso–, todavía nos falta descubrir sus secretos, que a su vez son los misterios del sistema solar, siendo Júpiter el primer planeta en formarse después del Sol.

Por su parte, Galileo regresó una vez más a Júpiter esta semana, cuando la sonda espacial Juno coincidió en su órbita, cargando tres figuras de aluminio elaboradas por la marca de juguetes Lego: una de Galileo, otra del dios Júpiter y la de su esposa, Juno, en honor a la mitología romana que le dio nombre al colosal cuerpo celeste. Dicen quienes lo han estudiado que Galilei, un hombre de poca modestia, estaría complacido de que todavía se le recuerde como un pilar de la exploración espacial.

A por respuestas.

El 4 de julio se cumplieron 240 años desde el firmamento de la carta de independencia de Estados Unidos del Imperio Británico. Poco antes de que terminara el día, Juno logró orbitar junto a Júpiter, después de casi cinco años de viaje interestelar.

La nave –primera en llegar tan lejos a punta de células solares y la que más rápido ha viajado a través del espacio en la historia– fue lanzada por la agencia espacial estadounidense NASA, con un motor central confeccionado en el Reino Unido.

“Acabamos de hacer una de las cosas más difíciles que haya hecho la NASA”, dijo tras el arribo de la sonda Scott Bolton, investigador principal y responsable de Juno. Sin embargo, el yerro más minúsculo todavía puede traerse abajo la misión, o incluso la radiación extrema de Júpiter podría vulnerar partes de la nave, como pasó con Galileo, la sonda que llegó a Júpiter en 1995 y se destruyó en 2003, tras completar el 70% de sus objetivos.

El doctor Scott Bolton es el investigador y principal responsable de la misión Juno.
El doctor Scott Bolton es el investigador y principal responsable de la misión Juno. // Fotografía: The New York Times.
No hay planeta más grande y nocivo que Júpiter, explicó Bolton antes del logro de esta semana. “Es el monstruo del sistema solar. Es el planeta más extremo en toda manera posible. Tiene el campo magnético y gravitacional más fuertes, la radiación más severa y está rotando súper rápido”, agregó.

Las ideas que eventualmente se convirtieron en Juno afloraron a comienzos del milenio, cuando la sonda Galileo aún rotaba alrededor de Júpiter. La primera propuesta la presentaron a la NASA Bolton y un equipo de científicos en 2004 y los primeros diseños de hardware empezaron en 2006. En agosto de 2011 se hizo el lanzamiento del pequeño tanque blindado contra la radiación, el cual en algún punto del viaje tuvo que acercarse de vuelta a la Tierra para tomar impulso.

Las misiones de Juno.

Uno de sus componentes más importantes de Juno es un magnetómetro, con el cual los científicos pretenden capturar el mapa magnético de Júpiter. Esta es quizá la tarea más relevante de la sonda, pues esta información permitirá obtener datos más precisos y detallados del campo magnético de Júpiter, al levantar las faldas ventosas que cubren su atmósfera para revelar detalles de su composición.

El plan es que Juno logre 37 órbitas (Galileo completó 34) antes de destruirse chocando con la atmósfera de Júpiter, en febrero de 2018. Además de conocer el mapa magnético, los científicos de la NASA esperan comprender la estructura interna del planeta, pues actualmente no sabemos si tiene un núcleo rocoso o gaseoso.

Tres figuras metálicas de Lego viajan dentro de la sonda Juno. Representan al dios romano Júpiter, su esposa Juno y el matemático italiano Galileo Galilei (de derecha a izquierda).
Tres figuras metálicas de Lego viajan dentro de la sonda Juno. Representan al dios romano Júpiter, su esposa Juno y el matemático italiano Galileo Galilei (de derecha a izquierda). // Fotografía: NASA/JPL-Caltech/KSC/New York Times.
Otro objetivo es cuantificar el tamaño y el volumen del agua que hay en la Gran Mancha Roja, esa tormenta gigantesca que caracteriza el atlas del titán planetario. Todo el experimento podría servir para explicar la formación del planeta pionero y, sucesivamente, del resto de planetas del sistema solar.

Millones de años atrás, tras el nacimiento del Sol, apareció Júpiter, un cuerpo que se formó por la acumulación de gases sobrantes del Sol como lo son el helio y el hidrógeno. Pero, los científicos se preguntan, ¿por qué hay carbón y nitrógeno en Júpiter, dos elementos esenciales para la vida terrestre?

“Algo sucedió entre la formación del Sol y la de Júpiter que permitió que ese planeta se enriqueciera con estos elementos pesados, pero aún no sabemos qué”, dijo Bolton.

Lo que sabemos e imaginamos de Júpiter.

La sonda Galileo es la responsable de la mayoría de información que tenemos de Júpiter en la actualidad, así como de las mejores fotografías del planeta hasta la fecha. Gracias a Galileo sabemos que las tormentas que se ven encima de su atmósfera son amoniacas y poderosas. Nunca antes supimos de nubes de amoniaco en la atmósfera de otro planeta.

Aquella misión también reveló que Io, una de las más de 60 lunas que giran alrededor de Júpiter, tiene una actividad volcánica 100 veces mayor que la de la Tierra. Europa, otra de las lunas, tiene una superficie helada que cubre océanos líquidos. De hecho, la sonda Galileo dejó ganas de explorar más a profundidad Europa, pero los proyectos no fructificaron.

Boceto de la sonda Juno viajando sobre la órbita de Júpiter, facilitado por la NASA para ayudar a ilustrar los alcances de la misión.
Boceto de la sonda Juno viajando sobre la órbita de Júpiter, facilitado por la NASA para ayudar a ilustrar los alcances de la misión. // Fotografía: Nasa/JPL-Caltech/EFE.
Los astrónomos creen que es posible que Júpiter fuera una tierra antes de que naciera el Sol, capaz de recolectar la materia que deambuló por el espacio después de eso. De ahí que el gremio tenga la expectativa de resolver el misterio de si su núcleo es rocoso o gaseoso; si fuera la segunda opción, la formación de Júpiter sería consecuencia de un choque entre una nube de gas y polvo, un proceso parecido a como se producen las estrellas.

“Sabemos que esto es importante porque las cosas que Júpiter más tiene, los elementos pesados, son las que hacen la vida misma”, dijo Bolton. “Entender cómo Júpiter se hizo así, cómo se formó, cómo comenzó su proceso de enriquecimiento, es la evidencia infalible de cómo todos llegamos aquí”.

Juno ya ha arrojado datos científicos a la espera del análisis de los científicos, así como transmitió tomas del abordaje a la órbita y extractos de un sonido capturado cerca del planeta, al cual han llamado “rugido de Júpiter”. No obstante, ahora el equipo científico está apagado, en aras de protegerlo contra la radiación, por lo que se estima que será hasta finales de agosto cuando envíe más datos, según el cronograma.

Cuando sea oportuno, las imágenes de una cámara pública (la JunoCam) en los ramales de Júpiter serán de acceso público mediante la Internet. Habrá imágenes espectaculares nunca antes vistas del planeta. Quizá se vean mejor y más cerca los polos y otros puntos de interés. Es más, hasta podrían descubrirse nuevas lunas. Será el viaje más adrenalínico jamás realizado, pero nada puede fallar.