Fabrice Le Lous. 9 julio

Costa Rica sí puede regresar al control de la pandemia que conocimos entre abril y mayo. Se requieren medidas estrictas, mucho apoyo de la población, y un plan bien coordinado por parte del Ministerio de Salud y la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

Sin embargo, una vez que retomemos el control de la enfermedad covid-19, todavía faltará mucho para que regresemos a una normalidad pre pandemia. Y tendremos que lidiar con medidas de protección que se enumeran fácilmente, pero que son difíciles de acatar.

“No habrá normalidad hasta que haya disponible una vacuna. Ojalá a mediados de 2021”, nos dice el demógrafo y salubrista público Luis Rosero Bixby, quien ha estudiado de cerca la evolución de la tasa de contagios de la enfermedad en Costa Rica y Latinoamérica.

A pesar de que el país ya sufre transmisión comunitaria, la doctora María Luisa Ávila, exministra de Salud, recuerda que Costa Rica sigue siendo exitoso en el manejo de la pandemia a nivel mundial; con una tasa de mortalidad de apenas el 0,41% del total de casos (al 9 de julio de 2020).

A continuación explicamos desde la Sociología qué significa la “nueva normalidad” y qué podemos y debemos hacer hasta que el mundo tenga una vacuna distribuida mundialmente. A la vez, explicamos la misión de las autoridades sanitarias para volver a controlar la emergencia.

Ojo: por las diferentes fases que la ciencia debe sortear para la elaboración de una vacuna, la Organización Mundial de la Salud prevé que los diferentes esfuerzos internacionales logren garantizar una vacuna efectiva para ser distribuida mundialmente no antes de mediados de 2021.

Lo que debemos hacer nosotros: no es fácil pero tampoco imposible

Las medidas básicas individuales que no podemos olvidar ni dejar de mencionar deben acompañarnos hasta que la vacuna llegue a Costa Rica. Son estas, como bien sabés:

-- Mantener nuestras manos limpias en todo momento; redoblar la higiene.

-- Protegernos la cara cuando sea que salgamos de casa.

-- Guardar distancia de al menos 1,8 metros entre personas a persona, cualquiera que sea el momento y circunstancia.

-- Evitar aglomeraciones.

-- No ir a lugares cerrados y con poca ventilación de aire.

-- Evitar conversaciones de más de 15 minutos con personas que no son de nuestra burbuja social.

--Quedarnos en casa todo el tiempo que sea posible.

“No sé si una vez que la vacuna esté disponible la tengamos todos en cantidad suficiente para lograr tener inmunidad. No sabemos cuándo va a pasar eso”, dice la infectóloga pediatra María Luisa Ávila. “Pero definitivamente tenemos que acostumbrarnos a vivir con la covid-19. Es posible que el virus, como pasó con la influenza H1N1, se vuelva un virus estacional que cause problemas, aunque no a este nivel de magnitud. Mientras tanto lo que debemos hacer es seguir aplicando las normas que todos nosotros sabemos. Y aquí hay una cuestión de responsabilidad ciudadana muy importante”.

Toca interiorizar que esas medidas, que llamamos en muchos países una “nueva normalidad”, y que la agencia de noticias Reuters ilustra bien en este especial gráfico, estarán encima nuestro por al menos 12 meses más. Serán como un nubarrón al que debemos adaptarnos. Y no será fácil.

“Esto se complica por la parte emocional. Hay gente terriblemente asustada, y se esconden o se vuelven agresivos”, comenta Ávila. “Y lamentablemente usted ve el nivel de agresividad en redes sociales, donde ofenden al ministro de Salud (Daniel Salas), como si no estuviera haciendo su trabajo”.

¿Qué podemos aprender de la Sociología?

Para atravesar este calendario entre la posibilidad de contagiarnos y la ausencia de una vacuna, la doctora en Sociología, Isabel Gamboa Barboza, directora del posgrado en Estudios de la Mujer de la UCR, recomienda atender nuestros debates emocionales y “no estorbar” al trabajo de Salud.

“Lo mejor que podemos hacer, si no vamos a hacer nada para ayudar, es no estorbar el trabajo del gobierno lanzando discursos incendiarios que no ayudan a salir de la crisis”, apunta la doctora Gamboa. “En momentos de crisis, como no sabemos o no queremos lidiar con las angustias, solemos buscar a personas o grupos para atacarlas de muchas formas. Tratemos de hacernos cargo del propio miedo y la propia tristeza sin tirarselas a nadie. Tratemos de acogernos y acoger, sobre todo a quienes están en peores condiciones; aflojemos la dureza y el odio con el que nos juzgamos. Pongamos las ganas de perjudicar en modo avión”.

Gamboa resalta tres aspectos que hacen esta emergencia y las medidas básicas individuales, difíciles de sobrellevar. Es importante comprender y aceptar que la emergencia por el covid-19 no es igual de nefasta para todas las personas.

a) “Hay gente que literalmente lucha de forma concreta día a día por sobrevivir, que no puede darse el lujo de preocuparse por algo que no se ve, como sucede con este virus. Por ejemplo, las empleadas domésticas o los peones de construcción que viven en cuarterías y reciben un salario muy por debajo del mínimo legal, y que deben mandar dinero a sus familias en un asunto literalmente de vida o muerte”.

b) “Algunas manifestaciones de preocupación y cuidado frente al covid-19 son resultado de la sofisticación, en el sentido de tener un conocimiento, una situación económica, unos gustos y un acceso al confort y a niveles de libertad tal, que abren un espacio para que el covid-19 se vuelva central en la vida. Esto tiene que ver también con el hecho de que, como el virus no se ve a simple vista, se requiere de ciertos niveles de abstracción para dimensionar su peligro. Por eso hay gente que dice que eso es una simple gripe o que ojalá le dé para salir de eso”.

c) “(Hay) quienes tienen una vida que vale menos, como las mujeres pobres, indígenas, negras, en prostitución… Para quienes los peligros y las consecuencias del covid-19 viene a ser una fuente más de violencia y sufrimiento. No es lo mismo que tu única preocupación sea el covid-19 a que sea una entre varias. Por ejemplo, las mujeres que ahora están en el lugar más peligroso del mundo para ellas: sus casas; junto a un esposo que las golpea, probablemente se preocuparán de forma diferente por el covid de como se preocupa una mujer que no esté con un marido agresor”.

Tomando esto en cuenta, Gamboa recomienda que el gobierno, a la hora de divulgar información sobre la pandemia en sus conferencias de prensa, o bien en otros espacios de comunicación, no le hable a un “ente abstracto o un ideal costarricense”, sino a todas las diferentes poblaciones del país, tomando en cuenta sus diferentes condiciones, vulnerabilidades y necesidades. Esto ayudaría a que el mensaje cale mejor en todos los sectores.

Mauricio López Ruiz, doctor en Sociología y experto en Sociología de la Salud, comenta sobre la misma línea que la afectación por el covid-19 es diferenciada no sólo porque alguien tiene diabetes o es adulto mayor, sino también por “factores como género, etnia, ciudadanía, condición socioeconómica, o el lugar donde se resida”. Las estrategias deben tomar en cuenta características socioculturales diferentes.

López Ruiz dice además que las medidas básicas para contener el avance de la enfermedad son casi todas nuevas, y no es fácil aprenderlas para las personas. Un mecanismo útil para adoptarlas de forma rápida, explica López, pueden ser las multas, como ha sucedido con la restricción vehicular sanitaria o como se ha dispuesto en otros países.

“Las grandes medidas que mencionás, si lo pensás bien, resultan novedosas. En realidad son ajenas a nosotros como individuos y como conjunto social, excepto el lavado de manos. Por lo tanto, van a requerir de distintos tipos de aprendizaje. Estos aprendizajes variarán según se incrementen los casos de contagio y muertes. (...) Es un aprendizaje lento, biomédico, que te explica qué es un virus, cómo se contagia de un individuo a otros, la importancia de las vacunas. (...) Luego, hay otro aprendizaje que ha dependido de incentivos de corto plazo; intermitentes, que en algunos casos se han ido haciendo más permanentes. Son incentivos negativos y son los que vienen con las cuarentenas o restricciones sanitarias”.

El sociólogo se refiere a cuando nos topamos con “trabas para nuestras acciones o deseos”. Estos bloqueos aceleran el modelamiento de nuestros comportamientos. López menciona el impedimento de entrar a un bus o a un banco sin mascarilla, que bajen placas de carros, que multen económicamente. Son mecanismos que motivan la toma de medidas por parte de la población.

Aunque no seamos del todo conscientes de ello, detalla el sociólogo López, mucho de nuestro accionar se encuentra institucionalizado. “Obedece a patrones de actividades que hemos aprendido de quienes nos rodean, y que tendemos a repetir. Este proceso de aprendizaje es lo que llamamos socialización, y sucede desde la infancia”, dice López. Esto explica que resulte difícil adecuarnos rápidamente a un sistema de vida nuevo.

Además, sobre el tema de la soledad prolongada a la que la pandemia nos obliga, la socióloga Gamboa recomienda que las personas flexibilicen los miedos que puedan existir a tecnologías como las videollamadas y los prejuicios contra los juegos, ya que pueden convertirse en soportes fundamentales para gente de todas las edades.

“La tecnología nos puede ayudar muchísimo, aunque desgraciadamente no todo el mundo tiene acceso a ella”, valora la socióloga Gamboa. “Las videollamadas no logran eliminar la ausencia, pero si su uso se vuelve constante y fácil, se logra recuperar algo de la presencia: un tono de voz, una gesto, un afecto y una cierta cercanía”.

Hacer una videollamada por Whatsapp u otra aplicación móvil, o bien descargar un juego que nos divierta, ayuda a combatir el aburrimiento, uno de los sentimientos más comunes durante el encierro de nuestra realidad actual.

“Nuestra naturaleza como individuo es ser social. La interacción, aunque sea virtual, resulta un gran apoyo. Y ojo, hablo desde una videollamada, hasta meterte en un discusión en Twitter con gente que ni conocés. Siempre nos las arreglamos para volver a ejercer nuestro carácter social”, agrega el sociólogo López Ruiz.

Lo que debe hacer Salud y la CCSS

De acuerdo con la exministra de Salud María Luisa Ávila, a pesar de la dura realidad de la emergencia sanitaria en junio y julio de 2020, Costa Rica no está “condenada” a ver los casos dispararse exponencialmente ni acumular fallecidos velozmente hasta que tengamos la vacuna.

La misión en conjunto del Ministerio de Salud y de la CCSS, en este punto, es localizar brotes importantes de contagio de covid-19 y ‘atacar’ esos lugares. Se realizan pruebas masivamente en puntos determinados, como ya pasó en Pavas y como ocurre en Alajuelita a comienzos de julio. Si las autoridades logran controlar estos brotes, y si en paralelo se establecen medidas nacionales adecuadas para evitar que surjan más brotes similares en otras zonas del país, la doctora Ávila considera que Costa Rica puede regresar a tener control sobre la pandemia.

Pero advierte que esto no será fácil, pues esta segunda ola de transmisión que enfrentamos difiere mucho de la primera.

“Hay que entender que la dinámica varió”, explica Ávila. “La primera ola se dio por personas que venían de afuera del país, muchos se habían contaminado afuera. Muchos de buena condición socioeconómica, lo que permitía que la cuarentena la pasaran tranquilos en sus casas. Ahora estamos con cuarentenas muy difíciles de cumplir. Sobre todo para la gente que vive en cuarterías, para gente que o sale todos los días o no come. Entonces hay una serie de elementos que no contribuye a que volvamos a las cifras que teníamos anteriormente. Se requiere disciplina, se requiere tener un compromiso país. Donde todos estemos de acuerdo de que tenemos que cumplir con las medidas”.

Asimismo, el demógrafo y salubrista público Luis Rosero Bixby, indica que, además de las medidas básicas que la población debe acatar, es preciso que las autoridades establezcan una especie de “cuerpo de bomberos en el sistema de Salud para apagar los incendios que se presenten”.

“Equipos de vigilancia epidemiológica que salen a hacer rastreo y testeo de contactos de los casos nuevos que se presentan”, comenta Rosero. “Algo de eso ya existe, pero debe adaptarse a las condiciones particulares del covid-19. Podemos volver a la realidad de abril o hacerlo como Cuba o Uruguay. No creo que estemos condenados totalmente. Podemos tener una nueva normalidad con el 90% de actividad más mascarillas, sin molotes, y con bomberos (de Salud) apagando incendios. Ya el turismo internacional es otra historia, pero también se puede manejar inteligentemente”.

En gran medida, esto han hecho las autoridades sanitarias en Costa Rica, aunque necesitan el esfuerzo colectivo de todo el país para lograr resultados significativos y para que el sistema de Salud no colapse.

"La desobediencia, la irresponsabilidad de cierto sector de la población es algo innegable. Las fiestas que traen situaciones dolorosas. (...) La reapertura venía bastante bien. Abrir tiendas los fines de semana no significa que podamos quebrar las burbujas sociales. Ninguna estrategia en un país ha sido totalmente efectiva", dijo Daniel Salas, ministro de Salud, en la conferencia de este miércoles 8 de julio.

Este es el avance del covid-19 en Costa Rica (podés seguirlo de cerca todos los días en el especial del equipo de Data de La Nación):