Alberto Barrantes. 17 abril
Clases poco dinámicas, ausentismo, malos niveles de lectura y materiales poco didácticos limitan el aprendizaje de esta asignatura.
Clases poco dinámicas, ausentismo, malos niveles de lectura y materiales poco didácticos limitan el aprendizaje de esta asignatura.

Más de la mitad de estudiantes de Costa Rica llega a secundaria con niveles básicos en sus habilidades matemáticas, sin saber cómo resolver problemas que involucren operaciones con números decimales, fracciones, cálculo de perímetros y áreas de polígonos ni interpretar los datos presentados en tablas o gráficos. El dato proviene del Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo, recogido en el último Informe del Estado de la Educación (2017).

Los tropiezos con los números siguen durante la etapa del colegio y terminan por afectar también los años de universidad. Matemáticas termina convirtiéndose en una asignatura que despierta miedos, odio y frustración ante la incomprensión y el fracaso de los estudiantes en los exámenes.

A inicios de este mes, la Universidad de Costa Rica (UCR) reportó que un 94% de sus estudiantes de primer ingreso reprobó el examen de diagnóstico de Matemáticas. La peor promoción de los últimos 16 años. Pero, ¿qué se puede esperar, si los problemas con esta asignatura se arrastran desde las aulas de primaria y continúan siendo una suma de tropiezos en los siguientes años de formación?

Como lo apunta el docente universitario, José Ángel García, “los egresados de secundaria muestran un deficiente nivel de aprendizaje, pues muchos, con o sin apoyo del docente, sobrevivieron al colegio, obteniendo la respuesta correcta a través de una calculadora científica”. Agrego, memorizando fórmulas o viendo cómo copian en el examen.

Matemáticas va más allá de que el resultado de una operación numérica haya sido el correcto o no. Es una materia que cuyo fin es que los estudiantes piensen, razonen, sean capaces de inferir, de establecer relaciones e implica saber leer. Quien no comprende lo que lee, también tropieza con las ecuaciones y cae en la errónea idea de creer que es malo para los números.

Los esfuerzos del Ministerio de Educación Pública para cambiar la forma en que se enseña esta asignatura son insuficientes.

Pese a que el Ministerio de Educación Pública (MEP) , en sus nuevos programas de Matemáticas insta a utilizar técnicas de construcción conjunta del conocimiento, en las aulas la realidad es otra. Así lo revela el último Informe del Estado de la Educación, que observó la forma en que se impartía esta asignatura en 118 aulas de 68 colegios académicos diurnos. Aquí, las principales falencias:

  • Hay poco estímulo para la discusión y escasa retroalimentación de los docentes a sus estudiantes.
  • Predominan las actividades centradas en el docente o que utilizan métodos tradicionales en los que el profesor explica el tema, da algunos ejemplos y asigna ejercicios al grupo. Los estudiantes trabajan sentados en fila, copiando o atendiendo a la solución de ejercicios en la pizarra o trabajando de manera individual en sus cuadernos o libros.
  • Los estudiantes trabajan sin material didáctico; los recursos más empleados son la escritura (cuaderno u hojas), pizarra, calculadora y recopilación de textos (fotocopias).
  • Se encontró un promedio entre 4 y 5 estudiantes ausentes en la clase. Los centros fuera de la Gran Área Metropolitana registran menos ausentes en clases de Matemáticas que los que se ubican dentro de esta.

La suma de estos errores dentro de las aulas da como resultado el fracaso de muchos estudiantes que crecen creyendo que “son malos para los números”, con la complicidad de un sistema educativo que se estanca en repetir la misma fórmula.

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