Televisión

Página Negra Gloria Grahame: Encrucijada de odios

Trasladó a su vida los personajes turbulentos que interpretó en el cine, recreando su existencia con su mirada profunda, sus gestos y su manera de ser, desenfadada y a ratos cruel

Bella pero vacía. Su especialidad eran las mujeres duras, atormentadas, turbias, trepadoras y manipuladoras; fulanas inescrupulosas que, al final, las pagaban todas juntas y el público disfrutaba porque la pelandusca recibía su merecido.

Mirada abisal, expresión caprichosa, cejas arqueadas de hembra dominante, torcía su labio superior con desprecio; destilaba deseo y quienes caían en su telaraña eran exprimidos –antes de morir– con lentitud.

Terminó pareciéndose a sus personajes y creyó que la vida era una película, y ella la primera actriz. Dos obsesiones la atormentaron: ser más bella de lo que ya era, y vivir como una mujer fatal, sin Dios y sin ley.

La veta artística la heredó de su madre Jean McDougal, actriz y profesora teatral; tampoco se vale menospreciar el aporte de su padre, Reginald Hallward, un arquitecto y escritor.

Sus primeros escarceos con el cine los realizó al amparo de la Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), donde los taumaturgos del mercadeo le cambiaron el Gloria Halward, con que vino al mundo el 28 de noviembre de 1923, por uno más digerible: Gloria Grahame.

Empezó en Broadway y de ahí pasó a Hollywood; a los 21 años protagonizó –con James Stewart– el filme ¡Qué bello es vivir! ; interpretó a la cadera floja de Violet, una sensual y sexual rubia que levantaba las pasiones de todos los pueblerinos, menos las del buenazo de George Bailey.

Grabó con los mejores directores de los años 40 y 50 del siglo XX; ganó un Óscar a la mejor actriz de reparto por Cautivos del mal . Sus mejores cintas fueron: Encrucijada de odios ; En un lugar solitario ; El espectáculo más grande del mundo ; Los sobornados y No serás un extraño .

Debido a una serie de fallidas operaciones estéticas, que afectaron su dicción, comenzó a declinar su carrera en el cine; pasó al teatro y a la televisión, donde tuvo éxito con diferentes obras en Inglaterra.

A principios de 1981 le diagnosticaron un cáncer estomacal, pero evadió los tratamientos médicos y prefirió curarse con homeopatía. En cuestión de semanas se deterioró; en una operación para sacarse líquido del vientre le perforaron el intestino y murió de peritonitis, el 5 de octubre de 1981, a los 57 años. Está sepultada en su natal California.

Amantes nocturnos

Trasladó a la vida real sus personajes del celuloide. En Deseos humanos encarnó a Vickie Buckley, casada con un celoso y dominante hombre; para vengarse se enrolló con un conductor de trenes. En Los sobornados , el despiadado de Lee Marvin –en un arranque de cólera– le tiró en la cara una taza de café hirviente y desfiguró a Debby Marsh, su personaje en esa cinta.

Por eso, jamás se negó nada en cuestiones sentimentales y coleccionar esposos era uno de los pasatiempos de esta rubia fulgurante. Poseer cuatro no fue lo extraordinario, sino divorciarse de uno y el mismo día casarse con el cineasta Nicholas Ray.

El primero en caer en su telaraña fue Stanley Clements, un actor de mediopelo cuyo papel más relevante fue un anuncio de papas Pringles. El mismo día que firmó el divorcio –1°. de junio de 1948– se marchó a Las Vegas y se casó con Ray, el mítico director de Rebelde sin causa , con James Dean.

Los dos se conocieron en el set de Secreto de mujer ; la película fue un desastre; se hicieron amantes –mientras era la mujer de Clements– y Gloria quedó embarazada del futuro Timothy. Los boquiflojos aseguran que –en una noche– la Grahame gastó $40.000. Y aún faltaba lo mejor con ese maridillo.

Un día, un maldito día, para su desgracia, Ray regresó a la casa sin avisar y sorprendió a Gloria en plena acrobacia sexual con… Tony. Este era un jovencito de 13 años, herencia de su anterior matrimonio con la periodista Jean Evans.

Si bien Nicholas era bisexual, alcohólico y adicto a las anfetaminas, no aceptó que su mujer y su hijastro se entendieran tan maravillosamente. Por esa nadería se divorciaron.

Y al que no quiere caldo... Tras una tercera boda con el guionista Cy Howard y posterior separación por presunta crueldad mental de este, Gloria se casó con Tony, en Tijuana, y tuvieron dos hijos: Anthony Jr. y James. Fue el marido que más le duró: 14 años ¡Qué despapaye!

Las hienas de la prensa se dieron un festín de carroña amorosa. Cy acusó a Gloria de mala madre y exigió la custodia de su hija Marianna. El alboroto mediático le ocasionó un ataque de nervios y la actriz terminó en un manicomio, donde le aplicaron electrochoques para calmarla.

Para peores Gloria era una adicta a las operaciones estéticas. Como tenía el labio superior muy delgado, se colocaba toallitas o trozos de algodón para engrosarlo y lucirlo más sensual. Resulta que sus colegas se quejaron de que cuando los besaba se atragantaban con esos rellenos.

Un supuesto cirujano plástico intentó engrosarle el labio y el chapucero se lo dejó mal; a tal punto que hablaba como una borracha y eso afectó su carrera fílmica.

A los 51 años le diagnosticaron cáncer de pecho; cambió su dieta, dejó el cigarrillo y el licor, intentó curarse con la medicina alternativa y en menos de un año el mal retrocedió, pero retornó siete años más tarde.

Nada de eso la detuvo; siguió su tren de vida y se fue a Londres. Ahí cayó enferma. Regresó a Nueva York y murió.

Hasta el final fue fiel a sí misma y basta ver sus películas para conocer que intentó lo absurdo: creer que la vida imita al cine.

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