Lysalex Hernández A.. 22 mayo
El 12 diciembre del 2012 se realizó una presentación del remozamiento que se le hizo al edificio de la Escuela de la Casa del Artista, en Guadalupe. Fotografía: Archivo
El 12 diciembre del 2012 se realizó una presentación del remozamiento que se le hizo al edificio de la Escuela de la Casa del Artista, en Guadalupe. Fotografía: Archivo

Desde el 2018, el Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) era consciente de que el edificio de la Escuela Casa del Artista Olga Espinach Fernández, ubicado en Guadalupe, requería de la reparación urgente de su infraestructura, especialmente la relacionada con el sistema de bombeo de agua, la que colapsó y obligó a que se cerraran las puertas del lugar.

El edificio, que fue declarado como Patrimonio Histórico Arquitectónico el 11 de junio del 2001, tuvo algunos contratiempos en los inicios del periodo lectivo de este año, lo que llevó al ministerio a coordinar con el Museo de Arte Costarricense (MAC), para que su población estudiantil, que llega a las 300 personas, pudieran recibir las lecciones en algunas de sus salas o, en su defecto, en otros sitios.

Lorna Loría, quien desde el año pasado recibe clases de pintura, aseguró que esta medida no resultó efectiva. Para ella, muchos alumnos no cuentan con los recursos necesarios para trasladarse a otros lugares, obligándolos a desertar. Además, afirma que los estudiantes no tienen claro qué se le está haciendo al edificio y ni saben con certeza cuándo abrirá nuevamente.

Olga Espinach amó las artes plásticas desde joven. La fundación de la Casa de la Artista, en 1946, definió el rumbo de su vida: ahí enseñó a pintar a sus alumnos y cuidó del bienestar de ellos. Fotografía: Alberto Calderón para La Nación
Olga Espinach amó las artes plásticas desde joven. La fundación de la Casa de la Artista, en 1946, definió el rumbo de su vida: ahí enseñó a pintar a sus alumnos y cuidó del bienestar de ellos. Fotografía: Alberto Calderón para La Nación

“Desde que comencé clases hace año y medio, noté que había una situación irregular con la infraestructura de la escuela. Por ejemplo, la mayoría de las pilas de los salones de pintura no funcionaban, al igual que la de los baños de las mujeres. Varias veces vi cómo las aguas negras se rebalsaban de los tanques sépticos y alcanzaban el tanque de agua potable, lo que representaba un riesgo absoluto para la salud pública de quienes somos parte de la escuela”, dijo Loría.

Ante la consulta sobre dicha situación, el viceministro administrativo del Ministerio de Cultura y Juventud, Dennis Portuguez, explicó que la entidad sabía del problema, por lo que era una de las principales necesidades a solventar en el 2018. Sin embargo, destinar el dinero para las reparaciones se complicó cuando el Ministerio se vio en la obligación de pagarle un premio al nadador Jonathan Mauri, de ¢233 millones.

“Nosotros esperamos, en 10 días hábiles, ya tener resuelta la prioridad de atención de las aguas, el sistema de bombas para evacuar aguas negras y suministrar agua potable y, de alguna forma, garantizar también el resguardo de la población que estaría haciendo uso de este edificio”, comentó Portuguez.

Según dijo el viceministro, la inversión de esta obra asciende a los ¢104 millones, que incluye la reparación de los daños y otros imprevistos (filtraciones de agua, pintura, cambios de inodoros, entre otros). Esto impidió que las clases inciaran el 20 de mayo y los obligó a reestructurar el presupuesto del 2019.

Un total de 300 personas forman parte de la población estudiantil de la institución, además de 100 profesores y administrativos. El aumento de la población en el edificio habría colapsado su sistema de aguas. Fotografía: Archivo
Un total de 300 personas forman parte de la población estudiantil de la institución, además de 100 profesores y administrativos. El aumento de la población en el edificio habría colapsado su sistema de aguas. Fotografía: Archivo