Cultura

Adrenalina, tensión y alegría: la mezcla de emociones antes de salir a escena en el Bicentenario

Más de 750 artistas nacionales fueron los encargados de contagiar de patriotismo a los ticos durante la particular celebración del Bicentenario desde el Estadio Nacional

No importa si se tiene la vasta experiencia del actor Álvaro Marenco o si apenas se dan los primeros pasos en la actuación como la joven Eileen Miranda, los nervios y la emoción antes de protagonizar un espectáculo que celebra nada más y nada menos que 200 años de vida independiente de nuestro país, contagian a todos por igual.

La noche de este miércoles 15 de setiembre más de 750 artistas nacionales fueron los encargados de empapar de patriotismo a los ticos durante la presentación del espectáculo Costa Rica vive el Bicentenario, un show de teatro, música, danza y acrobacias que reseñó los hitos más importantes de la historia patria. Los invitados que tuvieron la oportunidad de ver la puesta en escena en directo en el Estadio Nacional y los televidentes apreciaron todo el esplendor del montaje, pero detrás de tarima, se vive otro universo, uno en el que la pasión por las artes se respira a todo pulmón.

Tras el impactante escenario que se ubicó en el sector norte del estadio, había una algarabía controlada por las distancias que en tiempos de pandemia son exigidas. Claramente cada artista (los más de 100 entre actores y bailarines) destilaban ansiedad, emoción y alegría, pero también un respeto a las normas de seguridad para evitar cualquier contagio de la covid-19, la enfermedad que tanto ha golpeado sus trabajos durante más de un año y medio.

“Estamos juntos y separados. La gran colectividad del arte se está reencontrando en este momento y qué mejor que se dé que en esta celebración del Bicentenario”, expresó Marenco, quien mientras conversaba con nosotros se ponía el vestuario para uno de los muchos personajes que iba a interpretar en la obra. Marenco encarnó a uno de los firmantes del Acta de Independencia, además a un guatemalteco, a un obispo y a un cura. Para todos estos papeles, el actor lucía una base de maquillaje que resaltaba sus ojos y que ocultaba el brillo natural de su piel con una sutil base.

Precisamente el trabajo del maquillaje es uno de los más importantes que se desarrollaban en la parte trasera del escenario. Un total de 10 profesionales eran los encargados de poner colorete, delineador, polvos en las mejillas y hasta de peinar a todos los artistas que iban a estar en el tarima.

Como si fueran una orquesta bien afinada, los maquillistas estaban bajo la dirección de Manuel Sancho, mejor conocido en el ámbito artístico de Costa Rica como Mamilo. Su amplia experiencia en las artes escénicas lo respalda y así lo transmite a su equipo.

Las manos de los profesionales se mueven a una velocidad impactante, pero resguardando los pequeños detalles que en la televisión resaltarán mucho más. Cada maquillista atiende a un artista en menos de 15 minutos por sesión ya que todos tienen que estar listos antes de que empiece el espectáculo. Sin embargo, durante el desarrollo del show entrarán y saldrán del área de maquillaje todos los que pasen por escena para un retoque. Es una carrera contra el tiempo, pero todo está milimétricamente calculado.

“Trabajamos con tonos tierra y ocres, así como la perfección en el marco de las cejas. El maquillaje que se usa se ha probado desde antes para que la ejecución no se vaya a ver afectada por condiciones externas, como la lluvia, por ejemplo”, explicó Mamilo en medio de la intensidad de recibir a uno y otro colega artista para darle a las facciones de su rostro la intensidad necesaria del papel que representarían frente a las cámaras y el público.

Vestidos, música y camaradería

A pesar de las distancias físicas, en los camerinos se sentía ese calor humano que el arte logra traspasar de la escena a la piel.

Se notaba la alegría entre los artistas de poder volverse a ver, de compartir una canción, un baile, un diálogo. “La interacción humana es algo que nos hacía mucha falta, pero poder vivir nuestra pasión con nuestros amigos y colegas y de paso festejar esta fecha tan importante, suman a la emoción que tenemos antes de salir a escena”, dijo Miranda, quien además de actriz es una de las acróbatas que ejecutó danza aérea en telas durante el espectáculo.

Ella, vestida con un llamativo traje amarillo con lentejuelas, nos atendió mientras hacía algunos de los ejercicios de calentamiento necesarios para las acrobacias que iba a realizar en el montaje.

Como Miranda, decenas de artistas corrían de un lado al otro en los camerinos, ya fuera buscando algún accesorio para su vestuario, pedir un retoque de maquillaje antes del inicio o calentando la garganta con ejercicios vocales en alguno de los rincones del lugar.

Eso sí, eran los últimos detalles porque como grandes profesionales que son, toda la preparación física en el caso de los bailarines ya se había realizado con mucho tiempo de antelación, según lo explicó el coreógrafo Marvin Santos, responsable del montaje dancístico de la velada.

“Fue necesario un calentamiento de aproximadamente una hora y media para que el cuerpo de los bailarines estuviera listo. Con esta preparación se evita cualquier tipo de desgarre, además de que entrar caliente a tarima les da una seguridad mayor sobre sus cuerpos lo que provoca una mejor proyección escénica”, explicó.

En otro ambiente un poco más relajado había una charla que se escuchaba entre risas y anécdotas. Allí estaba Junior, el músico de Puerto Viejo quien con su grupo Junior y sus calypsonians, pondrían en el espectáculo ese sabor caribeño que tanto nos enorgullece.

El músico se mostró muy feliz y agradecido por la oportunidad de traer a escena sus raíces, además de que comparte con su hijo Danny este momento.

“¡Estamos ready!”, dijo con una energía contagiosa, pero también con una tranquilidad envidiable, esa que solo la seguridad en su talento y los muchos años de experiencia pueden dar. “Ya tuvimos el ensayo general, así que ahora lo que queda para esta noche es disfrutar, hacer lo que sabemos hacer en la música y compartirla con todos los costarricenses para que también sean felices”, dijo con una sonrisa que llega al corazón de cualquiera.

Una celebración del Bicentenario muy particular, con una lluvia que amenazó durante la tarde y buena parte de la noche y al final cedió, pero una celebración que demuestra tanto en escena y tras bastidores, que la cultura y el arte son pilares fundamentales para el desarrollo de una sociedad mejor y que con música, baile y teatro la fiesta de la Independencia se vivió con más fervor.

Jessica Rojas Ch.

Jessica Rojas Ch.

Bachiller en periodismo de la Universidad Internacional de las Américas. Cubre temas de música nacional e internacional, además de informaciones de entretenimiento.