Cultura

120 aniversario del Teatro Nacional: El diseño de un monumento al progreso de la República

La arquitectura y ornamentación del Teatro Nacional son una gran alegoría al sistema político y a los modelos de desarrollo económico y cultural asumidos por el Estado costarricense liberal

El 7 de octubre se cumplieron 127 años de la aprobación de los primeros planos del Teatro Nacional de Costa Rica. Aunque las obras iniciaron en 1891, las labores de diseño fueron asumidas desde 1890 y se extendieron hasta 1897. Por ello, las formas del edificio conjugan las ideas y el trabajo de un amplio grupo de trabajadores, quienes produjeron un monumento acorde con las aspiraciones de las élites gobernantes.

Una obra, muchas personas

La construcción del Teatro Nacional fue coordinada por la Dirección General de Obras Públicas, perteneciente a la entonces Secretaría de Fomento (hoy en día Ministerio de Obras Públicas y Transportes) y una junta de ciudadanos creada por el Gobierno. Si bien los contratistas propusieron soluciones artísticas, los administradores tuvieron la última palabra en todas las decisiones relativas al diseño del inmueble y sus ornamentos.

Fue diseñado por el arquitecto Guillermo Reitz y el ingeniero Nicolás Chavarría. Posteriormente, los ingenieros Ángel Miguel Velázquez, Enrique Invernizio y Augusto Fla-Chebba modificaron algunos espacios internos y añadieron estructuras exteriores. Además, participaron los ingenieros Leon Tessier y Luis Matamoros, el tramoyista Romulo Rotta, el arquitecto Alessandro Puelli y el maestro de obras Antonio Varela Salazar.

La edificación requirió de obreros y de la contratación de diversas empresas. Los hermanos Durini y la sociedad Molinari & Riatti fueron los empresarios con mayor incidencia, pues a ellos se deben los decorados, la tramoya, los telones, el amueblado, la electrificación y la construcción de numerosas estructuras.

La ornamentación interna fue subcontratada a un equipo de artistas italianos (excepto las pinturas realizadas por el español Tomás Povedano), quienes siguieron un diseño del arquitecto Francesco Solmi y probablemente las instrucciones de los encargados del proyecto. En el caso del mármol, este fue importado de Italia.

¿Teatro a la francesa o a la italiana?

Los expertos, Chavarría y Reitz, idearon la edificación como una combinación de tendencias arquitectónicas francesas y alemanas. El primero estudió ingeniería en Bélgica (zona influenciada por la arquitectura francesa) y el segundo aprendió arquitectura en Alemania, lo cual explica el diseño del teatro josefino. Empero, debe considerarse la francofilia de las élites costarricenses y la afinidad estilística entre la arquitectura teatral alemana y los edificios estatales de Costa Rica, pues tales factores mediaron el diseño del Teatro Nacional.

Las fachadas derivan de un movimiento arquitectónico germano basado en el Renacimiento italiano. La influencia del arquitecto renacentista Andrea Palladio es evidente por la forma del edificio, la insinuación de un pórtico, las esculturas del frontón, el uso de una cúpula y el diseño de la rampa trasera.

Los frontones de las ventanas, el almohadillado y el tipo de arcadas son elementos que refuerzan el carácter neorrenacentista del inmueble. No obstante, la marquesina, los aleros, la cubierta y las verjas corresponden al gusto asociado con la Revolución Industrial y le dan al Teatro Nacional un matiz ecléctico.

La distribución interna y la curvatura de la sala siguen el patrón de un teatro a la francesa. Tal modelo fue inventado por los arquitectos franceses del siglo XIX, quienes rechazaron los teatros italianos y propusieron un diseño, según ellos, francés. Chavarría y Reitz consultaron los tratados de los arquitectos franceses Hippolyte Meynadier, Alphonse Gosset, y Charles Garnier. Por ello, el Teatro Nacional tiene dos vestíbulos, escalinatas, un salón foyer regido por triples arcadas y una herradura dentro de una sala con curvatura semicircular.

El sistema de levantamiento del piso de la platea, que data de 1897 y diseñado por el ingeniero Cesare Saldini, permite convertir la sala principal en un salón de baile. Dicho mecanismo es atípico a los teatros de la época y su instalación privó al TNCR de un foso para la orquesta.

Palacio republicano y templo del arte

Además de su identificación con la belleza ideal, el lenguaje arquitectónico grecolatino fue vinculado en el siglo XIX con la democracia y el republicanismo, esto debido al origen griego y romano de esos sistemas políticos. Así, el estilo neorrenacentista de las fachadas, lo vincula con tales valores, lo cual es consecuente con su naturaleza, pues fue creado para expresar la grandeza de la República de Costa Rica.

El carácter republicano también se manifiesta en el telón de boca y los cielos de la Cafetería y el palco presidencial, pues las tres pinturas incluyen encarnaciones de la República.

Los ornamentos también explicitan su consagración a las bellas artes. La fachada cuenta con personificaciones de la música y la danza, así como retratos de Ludwig van Beethoven y Pedro Calderón de la Barca, representantes de la creación musical y dramática.

Por otra parte, el cielo del foyer muestra alegorías a la danza, la música y la poesía, mientras sus salones anexos están dedicados a la comedia y la tragedia. Estas cinco pinturas se asocian con las esculturas del vestíbulo y la fachada. El cielo de la antigua cantina representa al dios griego Apolo y las musas (una alegoría a las artes) y la pintura del plafón simboliza la inspiración y las notas musicales, dos temas adecuados para un teatro.

El conjunto simbólico más importante del Teatro Nacional está en la escalinata, pues en el cielo hay una alegoría al Comercio y la Agricultura de Costa Rica (la pintura de estilo más vanguardista del establecimiento) y en el muro del lado este se aprecian lienzos con alegorías a la industria, las artes y el comercio.

La pintura superior muestra al comercio internacional y el cultivo de café y banano como el motor económico del país, mientras la tríada inferior alegoriza tres componentes también necesarios para alcanzar el anhelado progreso de la República.

En suma, se trata de una gran alegoría al sistema político y a los modelos de desarrollo económico y cultural asumidos por el Estado costarricense liberal.

Estilísticamente, el gusto renacentista y afrancesado del exterior contrasta con el eclecticismo de la decoración interna, pues hay obras inspiradas en el arte griego, romano, renacentista, barroco, neoclásico, rococó y de tipo academicista.

Así, el Teatro Nacional es una suerte de monumento al progreso de Costa Rica y a la cultura europea.

Profesor e investigador; especialista en Historia del Arte.