Desastres

Seguidilla de temblores en zona sur no atenúan potencial para terremoto de magnitud 7 en la región

Último terremoto en el sur ocurrió en 1983 y científicos estiman que después de cuatro décadas podría darse otro, según patrón histórico

Varios sismos de magnitud moderada como el de 5.9 originado en Puerto Jiménez de Golfito y que el viernes 9 de noviembre despertó a muchas personas en San José y otros puntos del país, no restan en nada el potencial para un temblor de magnitud superior a 7 que se espera en el cantón de Osa en la próxima década.

Así lo expresó Marino Protti, sismólogo del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori), quien dice que tampoco el temblor del 17 de agosto pasado en Golfito, que es el más fuerte en lo que va de este año, influyen en el que, según los sismos históricos, se espera en Osa, donde el último terremoto ocurrió en 1983.

“Esos sismos que están ocurriendo ahora no representan una contribución importante a la liberación de energía que está acumulada y tiene que ser liberada”, explicó Protti.

Con el coincide el científico Lepold Linkimer, de la Red Sismológica Nacional (RSN), al estimar que aunque hubiesen miles de temblores de 2 y 3 grados, no compensan la energía de uno con magnitud 7.

Añadió que un terremoto no se puede predecir, pero la gente debe estar preparada porque tarde o temprano va a volver a ocurrir otro sismo grande en la zona sur, donde hay mucha actividad.

Como la zona de subducción de la placa del Coco bajo la Caribe se mueve más rápido, se puede conocer muy bien ese proceso y por eso han determinado que el ciclo para un nuevo evento fuerte en la zona de Osa está por cumplirse.

Sobre la seguidilla que aumentó a partir del temblor más fuerte en lo que llevamos de este año, que tuvo magnitud (Mw) de 6,2 y sucedió el día 17 de agosto en Puerto Jiménez de Golfito, Linkimer sostuvo que a la fecha ha generado más de 700 réplicas, algunas de ellas fuertes con magnitudes de hasta 5,7, sin embargo afirmó que poco a poco van decreciendo.

“Luego de un temblor grande, la cantidad de réplicas va disminuyendo o hasta que llegamos a un nivel base de sismicidad, pasa un tiempo, vuelve un sismo fuerte y retorna la secuencia de réplicas, esto es normal”, dijo Linkimer.

Los científicos recuerdan que toda la población debe estar preparada y no solo los vecinos de la zona sur.

“Pueden darse en algún lugar que no estemos monitoreando bien, o que tenga un deslizamiento muy lento y sea difícil hacer algún tipo de anticipación” agregó Protti.

Diferente naturaleza

Según Protti, existen diferencias entre la actividad que hubo en agosto, incluyendo el sismo de magnitud 6,2, y los más recientes.

Varios de los ocurridos del viernes 9 de noviembre para acá son más profundos y eso está relacionado con la deformación de la placa del Coco y no con el contacto entre las dos placas (Coco y Caribe)

“Ocurren en el mismo lugar, pero a distintas profundidades, porque pertenecen a diferentes fuentes”.

Los de ahora se caracterizan porque tienen menos réplicas. En el sismo del 17 de agosto, de 6,2 grados, hubo una seguidilla que duró dos meses por contacto entre las placas.

Los de ahora ocurren por debajo de donde ocurrieron los temblores de agosto, pero a lo interno de la misma placa.

Otra influencia en la zona sur la aporta la placa de Nazca, que se roza lateralmente con la del Coco y se mete por debajo de la placa de Panamá en punta Burica, que es donde colindan Costa Rica y Panamá en el punto más extremo del litoral Pacífico.

Esos temblores a menudo se sienten en en Panamá y en poblados ticos como La Cuesta, Laurel, Paso Canoas y otros.

Respetar el código sísmico

Más allá de alarmar, Protti dice que mientras la población respete el código sísmico en las construcciones y tenga un protocolo de evacuación, no tienen por qué temer.

“El que construye de acuerdo con la regulación del país estará seguro de que la estructura le va a soportar. Ese código es muy estricto y si un inmueble está bien construido no le va a pasar nada, a menos que haya alguna condición local del suelo, un deslizamiento o algo que la estructura no pueda soportar, pero si se construye bien no tiene porqué fallar en caso de terremoto”, indicó.

El alcalde de Osa, Alberto Cole, afirmó que están acostumbrados a percibir sismos pero aún así la gente se asusta.

Son exigentes en que se cumpla el código sísmico y están pendientes del monitoreo de temblores.

Aunque este año no realizaron simulacros en ese municipio, la oficina de riesgos dicta charlas sobre rutas de evacuación en centros educativos y empresas.

Tres zonas tienen fuerte seguimiento sísmico

Sobre el aporte de los sismos a los deslizamientos de los últimos días en San Vito de Coto Brus, Protti afirmó que es muy poco, ya que los temblores en ese cantón del sur mayoritariamente son profundos y tienen poco efecto en la superficie.

Recordó que el Ovsicori tiene pendiente la instalación de dos estaciones en isla de El Caño y el Parque Nacional Corcovado para completar la red en el sur y empezar con estudios más detallados. Atribuyó a fuertes lluvias en el sur el retraso en su instalación.

La red más densa de estaciones del Ovsicori está en Nicoya, donde se analiza todo el proceso de deslizamiento luego del terremoto de Sámara del 5 de setiembre del 2012.

De igual manera, en el volcán Turrialba hay otra estación grande, de diez estaciones, pero con el fin específico de monitorear ese volcán.

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