
Luego de tres campañas como candidato presidencial, Fabricio Alvarado vivió su mayor fracaso electoral el pasado 1.°de febrero. Dos días después, en el vestíbulo del plenario del Congreso, Alvarado aseguró que no volverá a aspirar la presidencia de Costa Rica.
Fabricio y su partido, Nueva República (PNR), fueron desterrados de la próxima Asamblea Legislativa, uno de los castigos más duros que pueden enfrentar los políticos.
El Congreso 2026-2030 será el menos fraccionado en 24 años, y esto implica que menos partidos tendrán cabida en las 57 curules.
Los grandes perdedores se dividen en tres grupos, y en esta entrega de Revista Dominical, analizamos la escena de la muerte –o agonía– de estas agrupaciones.
Tres partidos afrontarán el exilio en toda regla: el PNR de Fabricio Alvarado, Progreso Social Democrático (PPSD) de Luz Mary Alpízar, y el Liberal Progresista (PLP) de Eliécer Feinzaig. Ellos, además, no tendrán acceso a deuda política por no llegar al porcentaje mínimo de votos (4%).

A ellos se le suman dos agrupaciones políticas que prometían conseguir al menos una curul por su exposición pública, pero chocaron contra una pared: Avanza y Unidos Podemos (UP), ambas de corriente liberal derechista. UP, comandado por la exministra y exdiputada Natalia Díaz, venía de sorprender con la obtención de nueve alcaldías en las elecciones de 2024; mientras tanto, el candidato de Avanza, José Aguilar Berrocal, tuvo una buena participación en la campaña. Ambos se quedaron sin bancada y sin deuda política.
Finalmente, hay un partido histórico que no ha muerto, pero está agonizando. Este es la Unidad Social Cristiana (PUSC), que está en estado crítico; resistirá sobre los hombros de la abogada Abril Gordienko, su única diputada, ya que su candidato presidencial, Juan Carlos Hidalgo (2,8%), no llegó ni al 4% de los votos. Solo recibirán fondos estatales gracias a la curul que obtuvieron. Este no es un dato menor, ya que el gasto proselitista de este partido, hasta el 31 de diciembre, ascendía a ¢499 millones.
El lector de este análisis lo puede ver como un velorio de los partidos que convalecen; o como un diagnóstico de la enfermedad que aquejan las estructuras partidarias, o quizás, como una sesión espiritista para hablar con las agrupaciones que ya están en el “más allá”.

El reto de estos partidos: resucitar
En lo que va del siglo XXI, solo dos partidos políticos han llegado a la Asamblea Legislativa en una primera etapa, han abandonado el Congreso, y han regresado cuatro años después en una segunda etapa.
El primer sobreviviente de Cuesta de Moras fue el Partido Renovación Costarricense (PRC), que en 2002 llevó a Carlos Avendaño al Congreso, pero en 2006 no obtuvo ninguna curul. El PRC regresó en 2010 al plenario con Justo Orozco.
El segundo sobreviviente es el Partido Acción Ciudadana (PAC), que en 2022 vio su bancada caer de 10 a 0 congresistas, y este 2026 volverá al Legislativo representado por la ex primera dama Claudia Dobles, gracias a la Coalición Agenda Ciudadana (CAC).
El regreso es el reto titánico que tienen Nueva República, Progreso Social Democrático y el Liberal Progresista; haber estado, morir y resucitar.
En el caso del PPSD era bastante fácil predecir su desaparición del Congreso, ya que sirvió como vehículo electoral para el triunfo de Rodrigo Chaves y fue previsiblemente depredado por Pueblo Soberano, la nueva casa chavista. No consiguió ninguno de los 10 diputados de las elecciones anteriores. La Nación consultó a Luz Mary Alpízar, diputada y quien fue candidata presidencial del PPSD, para conocer el futuro de este partido, pero no fue posible obtener respuesta.

Castigo a la “oposición” complaciente
El caso de Nueva República podría ser más revelador sobre cómo el electorado castigó a la “oposición” complaciente, es decir, a los partidos que por mandato constitucional estaban llamados a hacer control político, pero no lo hicieron o lo hicieron a medias.
Durante su último periodo en el Legislativo, la bancada fabricista se mimetizó con el oficialismo y le dio el apoyo en votaciones trascendentales. Por ejemplo, en dos ocasiones salvó al presidente Rodrigo Chaves del levantamiento de la inmunidad, acción que el diputado ahota reconoce que “podría haber sido un error”.
Asimismo, otro de los errores de los conservadores fue apoyar al gobierno en su impulso del proyecto controversial de jornadas 4-3.
Alvarado es recordado por celebrar que su rival político, el PAC, fue castigado en las urnas con una derrota estrepitosa y fue borrado del plenario. Ahora, lo mismo le pasó al fabricismo, ¿no?
Consultado por La Nación por sufrir el mismo destino que su rival (que además volverá al congreso con Claudia Dobles), Alvarado aseguró que su fracaso es diferente.
“Sí, sí, lo dije. La diferencia es que ellos eran gobierno, nosotros no. Las circunstancias son muy diferentes. Otras dos fracciones presentes no van a tener representación y 15 partidos que no logramos representación. Yo no lo veo como un castigo, porque el contexto es diferente. En aquel momento, el PAC era gobierno y lo que sucedió en 2022 fue un país recriminándole y no dándole un solo diputado al partido de gobierno, lo cual sí era inusual”, respondió Alvarado.

“Crónica de una traición anunciada”
Pero el fabricismo no fue la única agrupación castigada por el electorado por hacer una “oposición” complaciente. También le ocurrió al PUSC, y así lo reconoce la diputada Vanessa Castro, vicepresidenta de la Asamblea Legislativa.
Al igual que Fabricio Alvarado, los diputados del PUSC, Horacio Alvarado, Carlos Andrés Robles, Melina Ajoy, María Marta Carballo y Leslye Bojorges salvaron en dos ocasiones a Rodrigo Chaves de perder su inmunidad.
Especialmente cercano al oficialismo fue Bojorges, legislador investigado (junto a Chaves) por una transferencia de ¢4.000 millones que el Ministerio de Educación Pública (MEP) envió a la escuela donde el legislador ostenta la plaza de director. El diputado también es investigado por presuntas dádivas y tráfico de influencias, en un expediente en el que figura la alcaldesa de San Ramón, Gabriela Jiménez, quien también fue electa por el PUSC.

Tanto Bojorges como Jiménez renunciaron a la unidad luego de que se les abrieran las citadas investigaciones penales y le dieron la adhesión al chavismo.
Bojorges incluso dijo que él llegó al Congreso “para ayudarle” a Rodrigo Chaves, y defendió al presidente en el segundo proceso de levantamiento de inmunidad: “Está en la silla de acusado porque ha enfrentado a las élites poderosas”.
A la diputada Vanessa Castro no le extrañó que Bojorges le diera la adhesión al chavismo. “Él siempre ha estado a las órdenes de Rodrigo Chaves”, dijo la abogada, y aseguró que su salida fue la “crónica de una traición anunciada”, ya que llegó al partido solo por oportunismo para buscar puestos.
En una entrevista de Castro con Revista Dominical (que puede encontrar en esta misma edición), la diputada reconoció que los votantes castigaron al PUSC.
“El electorado castigó a los partidos que no fueron críticos en estos años, y eso es parte de lo que le pasó al PUSC. Varios de mis compañeros fueron del criterio de que no había que atacar al gobierno, pero confundían el concepto, no es lo mismo atacar que hacer control político. Las fracciones que no hicieron esa función fueron castigadas, entre esas, mi partido”, consideró la diputada.

La abogada afirmó que su partido falló en filtrar a quién le daba la oportunidad de llegar a puestos de poder, y reconoció que deben ser mucho más exigentes con los aspirantes.
“Falta gente por salir de la Unidad Social Cristiana, espero que muchos entren también. La clave de un partido es que crezca, se barre para adentro, pero sí creo que en este momento hay que barrer para afuera para algunas personas”, declaró Castro.
El desastre de una bancada sin coordinación, partida en al menos dos facciones (es recordado aquel enfrentamiento entre dos socialcristianos por alcanzar la secretaría del directorio), y alineada con el gobierno (incluso, obviando su deber constitucional de hacer control político) desembocó en un PUSC que está en cuidados intensivos. Sobre Abril Gordienko pesa la responsabilidad de rescatar un partido con 43 años de historia.

PLP: Tibieza y cálculo político
El tercer partido desterrado del plenario es el Liberal Progresista, que también mostró una dócil cercanía al chavismo, y una completa descoordinación dentro de una fracción de seis personas.
Revista Dominical le contó a sus suscriptores en junio pasado que el germen de división, enfrentamiento y alejamiento existía en el PLP desde la campaña de 2022.
En apenas siete meses, el partido naranjza sufrió una hemorragia de sus figuras. Primero dimitió la diputada Kattia Cambronero, a quien siguieron 13 asambleítas; en enero del 2025 se sumaron la tesorera, Laura Álvarez, y el fundador Eduardo Brenes, con 11 asambleístas más; en marzo renunciaron las diputadas Cynthia Córdoba y Johana Obando, la última seguida por el alcalde de Bagaces. Finalmente, en mayo dejaron la agrupación el diputado Luis Diego Vargas, y todos los regidores electos en San Carlos.
Eliécer Feinzaig, fundador, excandidato, diputado y presidente del PLP, se quedó solo acompañado por Gilberto Campos en su bancada. Sin embargo, hasta el propio Feinzaig se mostró cercano a Chaves. Es recordada aquella foto con el mandatario frente a Casa Presidencial, luego de una reunión en la que se discutió una alianza para alcanzar el directorio de la Asamblea.

Irónicamente, esa reunión también contó con la presencia de los otros dos partidos analizados en este artículo (PNR y PUSC), y se realizó apenas seis días antes de que el propio Feinzaig afirmara que “Rodrigo Chaves quiere coaccionar a los medios que no le son serviles”, y de que el mandatario tratara al liberal de “mentiroso”.
Entre otros proyectos, el PLP apoyó al chavismo (y al fabricismo) para sepultar una iniciativa para perseguir los capitales del crimen organizado y trabajaron juntos para rechazar un proyecto que hacía públicas las sesiones del Consejo de Gobierno.
Según los propios expartidarios liberales consultados por RD, el PLP se desangró de a poco por culpa del mal cálculo político y la tibieza para adoptar posiciones aún controversiales.
El PLP dijo a La Nación que hará un análisis con el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) sobre los resultados de las elecciones y brindará “respuestas más claras más adelante”. El PLP tendrá que renacer sin deuda política, y saldar las cuentas de la actual campaña que ascendía a ¢305 millones hasta el 31 de diciembre, una cantidad superior a la de la campaña de Claudia Dobles y Ariel Robles, quienes sí obtuvieron mejores resultados en las elecciones.

Liberalismo sin consolidarse
El liberalismo tampoco pudo consolidarse como fuerza política. Ni el candidato Juan Carlos Hidalgo o Eliécer Feinzaig lograron despegar. Mientras que José Aguilar Berrocal y Natalia Díaz, quienes lograron posicionarse en la campaña, también chocaron con la indiferencia de los electores. Entre los dos sumaron solo 65.094 votos, pero un gasto significativo de ¢364 millones en la campaña, hasta el 31 de diciembre.
La Nación les envió solicitud de consultas a ambos (Aguilar y Díaz) sobre los resultados de las elecciones, pero tampoco respondieron. No obstante, brindaron mensajes públicos.
Aguilar subió un video a sus redes sociales el pasado 2 de febrero, en el que felicitó a Laura Fernández y expresó que sentía “mucho dolor porque queríamos triunfar y ayudar”. En el video, el excandidato aseguró que Avanza no es solo un partido político, sino “un movimiento”. El político dijo que se tomará unos días de descanso y de reflexión para darle “forma a lo que viene”.

En el caso de Unidos Podemos, el 2 de febrero publicó un comunicado, firmado por Natalia Díaz, con el que agradeció a sus votantes y reconoció los resultados electorales. “Durante esta campaña defendimos nuestras convicciones. No ofrecimos lo fácil, sino lo correcto. Hablamos con franqueza sobre los retos del país y sobre la necesidad de orden, seguridad, trabajo y de un Estado que funcione para la gente”.
Consultado por El Observador, Feinzaig dijo que “no es una buena noticia” que no haya representación liberal en la Asamblea Legislativa, porque la última vez “nos metieron impuestos hasta en la coronilla”.

¿Qué pasa con el evangelismo en los partidos?
Por primera vez en 28 años, la Asamblea Legislativa no contará con representación de un partido evangélico. El PNR, de Fabricio Alvarado, quedó reducido a 54.000 votos (2,2%) en estas elecciones.
El bajón es drástico con respecto a las elecciones de 2022, cuando Nueva República obtuvo 312.000 votos (14,9%) en la primera ronda. El partido de Alvarado fue entonces la tercera fuerza política más votada, con siete escaños en la Asamblea, solamente superado por el partido de gobierno, el PPSD, con 16,8% y Liberación Nacional con 27,3%.
Es decir, Nueva República consiguió 258.000 votos menos que en las elecciones pasadas.
Fabricio Alvarado consideró que la polarización que generó Rodrigo Chaves y la disminución del abstencionismo beneficiaron a Liberación Nacional, a su juicio el partido que “abrazó o recibió el voto útil para hacer balance de ese poderío oficialista”.
El primer partido costarricense enfocado en captar el voto de la comunidad evangélica fue la Alianza Nacional Cristiana (PANC), fundado en 1986. Sin embargo, fue hasta 1998 cuando el evangelismo consiguió su primer éxito electoral, al lograr que el pastor Justo Orozco, exmiembro del PANC, accediera a un escaño en la Asamblea Legislativa con el Partido Renovación Costarricense (PRC).
En las elecciones siguientes, en 2002, el PRC logró otra diputación con el pastor Carlos Avendaño Calvo. Sin embargo, Avendaño se independizó para fundar el Partido Restauración Nacional (PRN), con el que obtuvo un nuevo escaño en las elecciones de 2006.
En las elecciones de 2010, ambos partidos evangélicos, el PRC y el PRN, lograron una diputación cada uno, pero fue en 2014 que el evangelismo despuntó: tres partidos lograron cuatro diputaciones. El PRC obtuvo los escaños de Gonzalo Ramírez —quien llegará nuevamente a Cuesta de Moras con el oficialista Partido Pueblo Soberano (PPSO)— y Abelino Esquivel. Mientras tanto, el PRN llevó a Fabricio Alvarado al Congreso y el Partido Alianza Demócrata Cristiana (ADC) a Mario Redondo.
En las elecciones siguientes, en 2018, el PRN logró 14 curules y se convirtió en la segunda fracción más fuerte; sin embargo, rápidamente se dividió en dos: siete para el PRN y siete para el PNR, fundado por Fabricio Alvarado. Cuatro años después, en 2022, este movimiento obtuvo siete espacios en el plenario.

Fabricio Alvarado: “Nueva República no desaparecerá”
Fabricio Alvarado dijo que los resultados de estas elecciones se explican porque fue “invisibilizado” en los medios de comunicación y las encuestas, además de la falta de financiamiento para la campaña.
El excandidato afirmó que “fue la campaña más sucia que se ha visto en años contra este servidor”. Alvarado aseguró que Nueva República no desaparecerá y que corresponderá a las bases hacer un análisis para “mirar hacia el futuro”.

Captar el brazo evangélico
Tomando en cuenta que el PLN y el FA lograron casi la misma cantidad de diputados que en el periodo anterior, se deduce que el PPSO absorbió la mayoría de las diputaciones de las fracciones restantes (PLP y PUSC), incluidas las del PNR.
En Costa Rica, el 31% de la población se identifica como evangélica, mientras que el 50% dice profesar la fe católica, según la encuesta Percepción de la Población Costarricense sobre Valores y Prácticas Religiosas 2024, presentada en febrero por el Instituto de Estudios de Población (Idespo) de la Universidad Nacional (UNA).
No es casualidad que el partido oficialista orientara parte de su estrategia electoral a captar el voto evangélico. Sumó a cuatro aspirantes a diputados provenientes de iglesias cristianas e incorporó en su plan de gobierno temas sensibles para este grupo conservador.
Finalmente, los cuatro pastores —Kattia Mora, Gonzalo Ramírez, Gerardo Bogantes y Robert Barrantes— resultaron electos como diputados. Además, Laura Fernández centró uno de los ejes de su programa de gobierno en “la vida, la familia y los valores que nos definen como nación”.
En este apartado, el documento también subraya el respeto por la vida de todo ser humano, “nacido y no nacido”.
El 14 de enero, el pastor Reynaldo Salazar, del grupo político-religioso Foro Mi País, aseguró que el PPSO postuló a 24 evangélicos como candidatos a diputado. Además, la candidata oficialista prometió “apertura” en la escogencia de magistraturas de la Corte Suprema de Justicia, la Defensoría de los Habitantes y embajadas.
¿Cómo el chavismo absorbió al sector evangélico?
El analista político Gustavo Araya considera que para que el chavismo engullera al sector evangélico se dieron, al menos, tres factores. El primero es que, por primera vez en la historia de Costa Rica, los partidos políticos no negociaron con los partidos evangélicos para obtener votos de forma individual. En esta ocasión, lo hicieron bajo la bandera de un solo partido político, el PPSO.
El segundo factor es que este modelo ya se había ensayado en las elecciones de 2022, cuando el sector evangélico se fraccionó: una parte continuó participando como partido político (el fabricismo) y la otra se adhirió al chavismo. Para estas elecciones, Araya apunta a que el oficialismo absorbió al fabricismo, la fracción evangélica que había decidido mantenerse aparte.
El politólogo compara esta absorción con las realizadas por Daniel Ortega en Nicaragua, Nicolás Maduro en Venezuela y Donald Trump en Estados Unidos para “tomarse” estos sectores evangélicos. “Es lo mismo que está sucediendo en Costa Rica: hay una unión, una simbiosis, un matrimonio completo entre el evangelismo y el chavismo”, explicó Araya.
“El sector religioso ya encontró casa en el chavismo, donde se les asegurarán cuotas de poder de forma permanente”, concluye.

Según el analista, el chavismo continúa apostando por un modelo de partido único que pretende absorber a todos los sectores: empresariales, sindicales y religiosos, entre otros.
Cuando se cerraron las urnas el pasado domingo, los votantes ya habían hablado. Mientras los partidos complacientes fueron castigados, al punto de quedar moribundos, el oficialismo engulló el voto evangélico conservador, un sector que ya estaba en la mira de la maquinaria oficialista.
Así fue como se repartieron los escaños entre apenas cinco partidos.

