Hubo alguna época en que las campañas políticas se vivían como una fiesta, los colores brotaban por las calles, la gente ponía banderas en sus casas, carros, comercios y hasta en sus mascotas. No era extraño ver un barrio en el que un vecino era “mariachi” y su colindante era “perico”; aunque alguna vez eso desataba una discusión, era cosa de la temporada y rara vez pasaba a más. Pero ahora, la identificación partidaria está en peligro de extinción... Al menos si juzgamos por los signos externos.
¿Ha notado que es cada vez menos común ver carros con banderas o calcomanías? Debe haber quien no haya notado que faltan apenas 15 días para ir a votar. ¿Siente que el ambiente electoral está más frío que en campañas anteriores? En Revista Dominical nos preguntamos si, a lo largo de los años, la euforia de los ticos por las campañas políticas se ha ido diluyendo y, si es así, ¿por qué?
Para recordar brevemente cómo se veían las campañas electorales en el pasado RD habló con Ronald Matute, jefe de Información de La Nación que cubre temas políticos desde inicios de los años 90.
“Se organizaban plaza públicas en cantones estratégicos, era una especie de show popular, había música, banderas, pitoretas, tumbacocos, animadores, llegaba la comitiva del candidato, los presentaban uno a uno y daban discursos. A final de campaña había una gran plaza pública de cierre, toda una movilización nacional que llenaba Paseo Colón desde La Sabana hasta el hospital San Juan de Dios, organizaban ‘columnas’, que eran puntos de salida desde las comunidades hasta Paseo Colón”, recordó Matute.
La mejor analogía es, desde luego, con el fútbol. La campaña electoral se vivía como un partido de fútbol, y el día de cierre era como el día de la final nacional: nadie se quedaba en la casa, todos se ponían la camiseta para apoyar a su candidato. Las celebraciones multitudinarias no empezaron con Brasil 2014, ya se daban antes cuando un candidato del bipartidismo ganaba las elecciones.
¿Quién no tuvo un tío, abuelo, papá o hermano que terminó usando una camiseta de una campaña electoral para dormir, trabajar o hasta secar el carro? Esto era resultado de una masiva campaña de signos externos desarrollada por los partidos.
“Eran campañas más visibles, apelaban a la emoción, a mucha manifestación pública de lo que la gente apoyaba, literalmente la gente se ponía la camiseta. Había muchísimos signos externos en la calle. Los días previos a las elecciones la gente salía a la calle con sus camisetas y banderas y empezaban a pitar, como cuando ganaba la selección”, rememoró Ronald Matute.
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¿Qué fue lo que pasó?
Hay consenso de que los tiempos de pitoretas y caravanas se acabaron. No obstante, la pregunta de fondo es: ¿qué pasó? ¿Hacia dónde se fue toda esa euforia? ¿Los ticos ya no se interesan por la política electoral? ¿La euforia migró hacia las redes sociales, o sencillamente prefieren evitar los signos externos y dejarse sus preferencias políticas para el fuero personal?
El primer impulso es suponer que a la población ya no le interesa la política, pero hay indicios que apuntan hacia otro lado. Los candidatos siguen visitando comunidades y realizando reuniones y conversatorios, no tan eufóricos y masivos como en el pasado, pero aún hay un sector interesado en conocer sus propuestas.
Además, esta misma semana nos demostró que los debates presidenciales siguen vigentes. Quienes a priori pensaran que los debates organizados por el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) eran irrelevantes, se toparon con una sorpresa el domingo por la noche.

Pongamos un ejemplo que ha sido muy comentado en redes sociales. Hasta el 3 de diciembre, el candidato presidencial del partido Avanza, Jose Aguilar Berrocal, contaba con apenas 0,1% de intención de voto. El domingo por la mañana se despertó con poco menos de 5.000 seguidores en Instagram.
Después del debate y hasta este jueves (cierre de edición de este artículo), Aguilar había experimentado un crecimiento considerable. Había llegado a 39.000 seguidores en Instagram, 18.000 por encima de la candidata oficialista y líder de las encuestas.
Según la herramienta Google Trends, hasta el domingo a las 5 p. m. las búsquedas de Aguilar Berrocal eran bajas; para la hora del debate, alcanzó su máximo histórico de popularidad.
Claro está, eso no se tiene que traducir directamente a votos, pero el interés está allí.
El estudio del Observatorio de la Comunicación Digital de la U Latina publicado este 15 de enero evidenció que el debate del domingo rompió récords de audiencia digital, con cerca de 30 mil dispositivos conectados en vivo y más de 36 mil menciones registradas.

Entonces, ¿de verdad la campaña está tan fría?
El investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR), Ronald Alfaro, no duda en afirmar que ha cambiado la forma en que la población vive el periodo electoral.
Los partidos políticos están debilitados, ya no pueden llenar Paseo Colón, como antes lo hacían, y tienen serias dificultades para acceder a financiamiento, y sin plata, no hay campaña, o no al menos como se hacían antaño.
“Como la población no tiene un vínculo fuerte con los partidos políticos ni las candidaturas, una bandera no representa nada. Estamos ante una nueva forma de relacionarse con la política, una forma muy muy lejana”, explicó Alfaro.
Además, el politólogo atribuye el silencio a que algunas personas podrían tener miedo de opinar o expresar sus inclinaciones políticas.
La III Encuesta Nacional sobre Libertad de Expresión y Confianza en Medios de Comunicación realizada por la UCR evidenció que el 52,6% de los ciudadanos considera que “en Costa Rica, hay censura o limitaciones para que las personas se expresen libremente”. Además, 46,5% lo admite: “He dejado de expresar mis opiniones en redes sociales por miedo a las consecuencias”.
Siete de cada 10 ticos percibe que “la libertad de expresión en Costa Rica está en peligro”. ¿Acaso no es la filiación política una forma de libertad de expresión?
“No hay tanta gente opinando, diciendo lo que piensa, eso está en una intensidad muy baja. Puede ser indicativo de que vamos a ver un nivel de abstencionismo alto, o de que, para la gente, emitir esas opiniones puede ser conflictivo”, consideró el investigador.

La politóloga Carolina Ovares coincide con Alfaro.
“Creo que hay una parte de la población que no quiere expresarse por miedo a la censura, las personas pueden tener miedo a ponerle una bandera al carro, dejarlo parqueado en algún lado y que le pase algo”, consideró Ovares.
Para ella, está claro que el modelo de campaña presidencial cambió, porque la cultura costarricense también cambió. Las redes sociales provocaron que la publicidad migrara de medios tradicionales, a Instagram, Facebook o Youtube. Además, esta es la primera contienda con el uso masivo de inteligencia artificial.
Las personas que hoy tienen 40 años empezaron a votar en 2006, y no vivieron la “época dorada” del bipartidismo.
“Para ellos eso es un recuerdo de sus papás o abuelos, han vivido campañas electorales más digitales. Posiblemente consideren que esta es la forma usual de involucrarse, de forma digital. Podemos verlo porque las candidaturas están yendo mucho a podcast, no solo con periodistas sino también con influencers, ya no van solo a medios tradicionales", apuntó Ovares.
“Hay una parte de la población que no quiere expresarse por miedo a la censura”
— Carolina Ovares, politóloga
El jefe de Información de La Nación, Ronald Matute, ha visto cómo cada generación de votantes se vuelve menos expresiva, más retraida e individualista, pero considera que este comportamiento lo ha enfrentado la sociedad en general, no solo para temas políticos.
“Culturalmente nos hemos convertido en seres mucho más individualistas, en general como sociedad nos cuesta más ser participativos. Hemos perdido parte de la socialización. La gente vive la política muy hacia su interior, donde no los van a ‘basurear’ o etiquetar. Sobre todo la gente joven que no necesariamente está desencantada, sino que están viviendo sus primeros procesos electorales y lo que hacen es reproducir una cultura de muy poca participación”, analizó el experimentado periodista.

¿Un riesgo para la democracia?
La mayoría de rankings mundiales que califican el nivel democrático de un país incluyen entre sus rubros uno llamado “participación”, en el que miden si la ciudadanía se involucra e incide en la política de cada país.
Con lo visto hasta hora, uno se atrevería a decir que la calificación de Costa Rica en esta área podría estar cayendo, pero esto se debe analizar con cautela. No es lo mismo que un ciudadano esté indeciso o no se identifique con ningún partido, a que sea completamente indiferente con la política.
Es decir, una persona puede tener fuertes convicciones democráticas y estar convencida de que irá a votar, pero no tener claro por quién votará. Obviamente, esta persona no va a utilizar calcomanías ni banderas, pero su decisión es completamente racional.
Para el investigador Ronald Alfaro tiene sentido que las personas no tengan identificación partidaria. La gran inestabilidad de la política durante la última década ha acrecentado este sentimiento.
“Los partidos que compiten en las elecciones de pronto desaparecen, los candidatos que antes fueron competidores y estuvieron en segunda ronda, muchos de ellos ni siquiera están metidos en política. Todo eso suma a la debilidad de los partidos, ya no hay ‘maquinaria electoral’”, consideró el politólogo.

Esto, sin embargo, no quiere decir que los ciudadanos no estén interesados en escuchar propuestas e incluso asistir a reuniones con los candidatos presidenciales. Durante esta campaña, aspirantes de diferentes ideologías se han reunido con comunidades dentro y fuera de la Gran Área Metropolitana (GAM), algunas con una nutrida asistencia.
Carolina Ovares, que por su trabajo mantiene un constante monitoreo de las campañas, confirma que las candidaturas están en plena campaña. “Las sigo a todas y veo cómo reportan lo que están realizando, desde las candidaturas sí hay movimiento”, puntualizó la académica.
Desde luego, algunas de las personas que asisten a estas reuniones son asépticas, neutrales, escuchan las propuestas y se van sin llevarse una bandera o una calcomanía.
“Las personas votan por partidos políticos porque es la opción que tenemos, pero según encuestas entre 7 y 8 de cada 10 costarricenses no se sienten identificados con ningún partido, ¿cómo les va a emocionar algún signo externo? No vamos a ver tantos signos externos, ni el día de las elecciones tampoco, aunque esto va a ir aumentando", consideró Ovares.
En el pasado, el uso de signos externos como banderas o camisetas ayudaba a “calentar” el ambiente y hacía sentir que se estaba en plena campaña, por eso, la ausencia de estos artículos se siente, pero no es sinónimo de que las personas no se interesen.
Carolina Ovares remarcó que la decisión de los votantes de por quién votar es cada vez más tardía, lo que favorece la sensación de “frialdad”.
“Aproximadamente el 20% de la ciudadanía decide por quién votar el mismo día de las elecciones, en las urnas, y la mitad de la población se decide una semana antes. Se comprende que hasta las últimas semanas empiezan a calentar las campañas, pero eso no significa que esté totalmente fría, sino que despierta tarde. Discrepo un poco de que realmente la campaña esté tan fría“, declaró la politóloga.
Tanto para Ronald Alfaro como para Carolina Ovares, la baja identificación de la ciudadanía con las agrupaciones políticas no es una amenaza a la democracia por sí misma. La verdadera amenaza es el abstencionismo.
“Lo sabremos el día de las elecciones, me temo que veremos un nivel muy alto de abstencionismo. Ese es uno de los efectos cuando el ambiente está poco politizado. Pero veremos, hemos visto que en los últimos 15 días de unas elecciones se dan cambios vertiginosos”, reconoció Alfaro.
“Si aumenta el abstencionismo, ahí hay un indicador de deterioro. Esta baja identidad es una crisis de representación de nuestros partidos, que puede dar paso a un deterioro si las personas deciden no ir a votar, pero con solo ver la campaña no se puede concluir que hay un deterioro, no es suficiente”, respaldó Ovares.

¿Y si tenemos un electorado más racional?
Revista Dominical buscó tener el criterio del órgano encargado de llevar adelante los comicios, el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE). El vocero de la entidad, Gustavo Román Jacobo, reconoció que las formas de expresión política han cambiado, ya no hay techos embanderados, caravanas pitando y plazas públicas multitudinarias, pero en redes sociales, la discusión es pasional.
“Se ve mucha intensidad de la discusión política en espacios digitales, no solo en redes sociales, sino también en plataformas de video, como TikTok. En el TSE hacemos un monitoreo de la comunicación pública digital, ¡y la cantidad de creadores de contenido jóvenes que están llamando a la gente a votar es notable! Hay de todo, humor, sátira, denuncia, hay muchas manifestaciones de la participación política digital“, celebró Román.
El vocero del TSE reconoció que la aparente “frialdad” de la campaña puede estar reflejando indiferencia por parte del electorado, pero advirtió que también puede ser síntoma de mayor madurez y sentido crítico en la ciudadanía.
“Esa es una posibilidad. No me parece malo si hubiera un porcentaje muy significativo de los costarricenses que ya no se comporta como dócil rebaño de ningún color político partidario y se han vuelto más exigentes, más cautos. No están dispuestos a regalarle su voto a cualquiera y se quieren esperar a ver hasta el último debate antes de tomar una decisión. Esa es una posibilidad, y si esa fuera la actitud detrás de la frialdad, ¡bienvenida la frialdad!“, consideró Gustavo Román.
El dato que dimos anteriormente, de que el 50% de la ciudadanía elige por quién votar hasta la última semana, podría respaldar la tesis de Román.

Multitud de partidos dificulta decisión
Para complementar este análisis, Revista Dominical buscó el criterio de una persona que conociera las campañas políticas desde adentro. Ese es el caso de Florisabel Rodríguez, politóloga, investigadora, docente universitaria y asesora en estrategia política que trabajó en las campañas del Partido Liberación Nacional (PLN) desde 1993 hasta 2018.
Rodríguez reconoció que, durante la década de los 90, el bipartidismo simplificaba a la ciudadanía la elección entre uno u otro candidato político. Al contrario, los comicios de 2022 contaron con 25 partidos, mientras que las elecciones actuales presentan 20 opciones, una cantidad de información casi imposible de abarcar.
“A la ciudadanía le gusta escoger entre los que tienen posibilidades de ganar, y eso ahora es difícil de saber para la gente. Además, influyó la reforma que permitió la doble postulación (para presidencia y diputación), eso estimuló la creación de partidos porque los aspirantes quieren la exposición que da ser aspirante presidencial", valoró la estratega.
En su criterio, la reforma que permitió la doble postulación hizo más daño que beneficio al sistema político costarricense.

Asimismo, Rodríguez confirmó que, en la actualidad, es mucho más difícil para los partidos acceder a fondos y, como se dijo antes, sin plata no hay campaña.
Los bancos contratan encuestas para saber cuáles partidos auguran un mejor resultado electoral y, por tanto, vale la pena prestarles dinero. Pero la gran diseminación partidaria y la volatilidad de los resultados dificulta acercarse a una “predicción” razonable. Hoy hay un gran riesgo de que el dinero no se reembolse.
El criterio de Rodríguez es respaldado por el vocero del TSE, Gustavo Román Jacobo, quien reconoció que el sistema de financiamiento partidario actual es inequitativo.
“El TSE tiene décadas de estar insistiendo en que debe modificarse el sistema de financiamiento porque tiene defectos, es muy inequitativo y responde a un sistema partidario bipartidista. Muchos partidos no han tenido acceso a financiamiento, o lo han tenido con muchas dificultades y a un costo muy alto”, declaró Román.
“El Tribunal lo advirtió. En 2019 presentamos un proyecto para establecer un piso equitativo de financiamiento a todos los partidos, y no posterior a la elección (como es ahora), sino durante la campaña, que es cuando necesitan la plata. Además, no dependía de la cantidad de votos, era simplemente un recurso básico para visibilizarse. Pero la reforma no se aprobó en el Congreso”, lamentó Román.
De este modo, es difícil afirmar que la fiesta electoral se acabó en Costa Rica. El voto sigue moviendo a millones, aunque su relación con las estructuras partidarias y los candidatos sea distinta. Es ante ello que surgen campañas más centradas en las cualidades personales, valores y formas de expresión de candidatos que no necesariamente están respaldados por partidos que, en los años 90, les hubiera tapizado las calles de banderines.
La fiesta ha cambiado de ritmo y de duración. El desafío es cómo asegurarnos de que siga convocando a los ciudadanos.
