Revista Dominical

Kim Wall: la historia no contada del atroz asesinato en el submarino

‘Sumergida’, un reciente documental de HBO Max, arroja nueva luz sobre el caso de la joven periodista danesa Kim Wall y el respetado inventor Peter Madsen, quienes en el 2017 entraron juntos a un sumergible del que solo él, un violento psicópata, salió con vida

Los detalles de este caso superan la capacidad de asombro, lo cual es mucho decir en estos tiempos. En agosto del 2017 el extraño suceso protagonizado por el millonario inventor danés Peter Madsen, acusado de asesinar a la joven y prestigiosa periodista sueca Kim Wall después de que ella abordara su flamante submarino Nautilos para hacer un reportaje, le dio la vuelta al mundo.

En su momento, como varios colegas a lo largo del planeta, me obsesioné con las aristas del complejo caso, pues nada tenía sentido y publiqué todo lo que se sabía y que prácticamente insinuaba solo una posibilidad: que el célebre inventor, apodado el “Elon Musk danés” por la grandilocuencia de sus inventos, había asesinado y lanzado al mar a la prestigiosa periodista mientras ella, quien trabajaba como free lance, le quería mostrar al mundo la extravagancia del sumergible y la brillantez de Madsen.

El 11 de agosto del 2017 por la noche, Kim zarpó en el Nautilus junto a su dueño, en una inmersión que supuestamente demoraría unas cuantas horas. Ahí empezó a decantarse esta insólita historia que revive el documental Sumergida: la desaparición de Kim Wall, estrenado hace unas semanas en HBO Max y que volvió a poner el tema en la palestra.

Vamos: periodísticamente era un gran tema y ella tuvo el acceso a alguien que construyó con éxito su propio submarino. ¿Habrá algún caso similar en el mundo?. Y es que Madsen no solo era un “inventor” que creó el Nautilus –antes había construido otras versiones más pequeñas– sino estaba trabajando ya en su fábrica de cohetes espaciales para que los civiles pudieran viajar al espacio.

A pesar de las dificultades del proceso, la justicia condenó a Madsen en el 2018 a pasar el resto de su vida en la cárcel tras ser declarado culpable del asesinato premeditado de la periodista con agravantes por agresión sexual y profanación del cadáver

Por todos los costados, se trataba de un personajazo con algunas aristas estrafalarias pero, por lo mismo, más interesante aún. Madsen era toda una celebridad no solo en su natal Dinamarca –considerado como uno de los países más seguros del mundo– sino que su nombre y sus gestas ya le habían ganado nombre internacional en decenas de reportajes.

Cinco años después el caso revive con una reconstrucción en la que participan, entre otras figuras claves, el biógrafo Thomas Djursing, quien justo acababa de terminar el libro en el que reseñaba toda la grandilocuente historia del científico.

Djursing lleva uno de los hilos conductores principales en el documental Sumergida y con asombro y elocuencia va narrando cómo, tras lo ocurrido, pasó de defender a capa y espada a Peter a ir descubriendo, incrédulo, que literalmente había estado departiendo durante años con un verdadero monstruo, mientras lo entrevistaba para escribir su biografía.

Hasta aquel tenebroso 11 de agosto del 2017 no había ningún antecedente que generara suspicacia sobre la naturaleza monstruosa del inventor, y estos fueron trascendiendo después, ya cuando el cuerpo violentado sexualmente y cercenado en pedazos de la reportera apareció en el mar, hundido junto con el submarino, la gran creación de Madson. El autor del crimen, en el primero de una cadena de torpes intentos por encubrir las vejaciones que cometió con Kim Wall, prefirió mandar al fondo del océano al Nautilus.

Irónicamente, Wall se había fraguado su palmarés como extraordinaria periodista incursionando en diversos y peligrosos lares del planeta, zonas de conflicto, guerra, tragedias naturales y más, de los cuales salió ilesa y fortalecida profesionalmente.

Cubrir la historia de Peter Jansen y su submarino era, para ella, quizá una cobertura exenta de peligros, salvo la posibilidad siempre existente de que el navío tuviera algún desperfecto, pero Jansen lo había construido de manera que, aún en ese trance, tenía plan A, B y otros más, con el fin de preservar la vida. Mejor dicho, Kim iba a la segura.

Se trató de un crimen inesperado, aberrante y que además rectivimizó a la joven periodista, porque durante los primeros procesos incriminatorios a Madsen, el nombre y la estatura profesional de Kim Wall quedaban en un segundo plano frente a la cobertura recibida por su asesino.

“El documental de dos capítulos que muestra lo peor del ser humano: cómo un millonario descuartizó un cuerpo en el fondo del mar”, anuncia esta actualización de HBO Max en su más nuevo true crime.

Con la intención de visibilizar a la víctima, el documental tiene formato de miniserie en dos partes, para lograr un balance entre la historia de Wall y Madsen con un ángulo totalmente inédito que va contando la vida de los dos antes de llegar al punto en el que se convirtieron en la noticia más escandalosa de Copenhague, posiblemente hasta la fecha.

El 10 de agosto del 2017, Kim Wall y Peter Madsen entraron juntos al submarino en el que la priodista realizaría su entrevista exclusiva. Se trataba de una experiencia gananciosa para ambos.

Esa sería la última misión periodística en Occidente de ella antes de radicarse en China junto con su novio, Ole Stobbe Nielsen (un diseñador danés). En quince días se mudarían juntos a Beijing, por tiempo indeterminado, con el afán de descubrir al gigante asiático y llevar sus crónicas al resto del mundo.

Antes de abordar el submarino, Kim departió relajada con varios amigos. Realizaría esta faena como una de las más lúdicas, por decirlo así, siendo que venía de varias zonas de guerra en las que prácticamente andaba solo con una muda de ropa, su cámara y su ímpetu, narrando lo que ocurría en esas regiones inhóspitas.Incluso hay fotos proporcionadas por amigos comunes que los captaron a ella y Madsen ya casi rumbo a la inmersión. “Solo recordar lo que ocurriría después, duele como si fuera hoy”, rememora una de sus colegas con un dejo de impotencia.

Según va narrando detalladamente el documental, unas tres o cuatro horas después de zarpar, Peter Madsen pidió ayuda debido a que el submarino, supuestamente, había comenzado a hundirse. Tras ser rescatado, Madsen aseguró que antes de hacer aguas él había dejado a Kim en tierra.

Ahí empieza la cadena de insólitas contradicciones por parte del inventor.

La búsqueda de la mujer inició a primera hora del 12 de agosto. Entonces Madsen volvió a cambiar su versión y aseguró que la periodista se había ahogado al zapar del puerto, en Copenhague, después de que el submarino había tenido desperfectos y se había hundido en el mar.

Sin embargo, tras días de arduas investigaciones las autoridades encontraron indicios de que el submarino había sido hundido intencionalmente. En medio de las pericias, el jefe de la policía, Jens Moller encontró el sumergible, y en su interior, las prendas y pertenencias de Kim Wall, además de un extraño “olor a sangre”. Aún con escepticismo por lo inaudito de su posible responsabilidad, Madsen fue detenido, ante el estupor nacional total, por presunto asesinato.

Entonces, la búsqueda de la periodista se convirtió en un tema país, encabezada por su familia y sus colegas, quienes sufrían ante la posibilidad de que Kim hubiera sido asesinada, pues nada tenía sentido. Hansen era ante toda Dinamarca un hombre honorable y la reportera solo estaría a bordo del submarino unas horas, para dimensionar una de las obras maestras del inventor.

Luego se decantó lo macabro: mientras Peter cambiaba su versión cada dos días, sin declararse culpable, las autoridades fueron hallando poco a poco las partes del cuerpo desmembrado de Kim, según informó, apesadumbrada, una vocera de la investigación naval.

La tesis de que fue un accidente rápido quedó descartada. Peter Madsen fue a la cárcel a esperar su juicio y el novio, familiares y colegas de Wall tuvieron que enfrentar durísimos detalles de la reconstrucción de los hechos: la muerte de Kim había sido el corolario de un experimento que el otrora aclamado científico había moldeado en su mente desde meses o años antes, con violentas fantasías sexuales de todo tipo.

Tener sexo con un cadáver era una de tantas. Y bueno, eso fue una de las partes impensables que trascendieron durante el juicio. Los investigadores auscultaron todos los detalles de la vida del hombre y descubrieron, gracias a hallazgos en sus computadoras, que llevaba tiempo realizando búsquedas no solo sobre sexo con cadáveres, sino también acerca de herramientas “adecuadas” para cercenar un cadáver: se había aprovisionado de cintas, correas y destornilladores.

Los allegados de Kim, pero también incluso quienes no la conocían, se desmadejaron al escuchar o leer los detalles de lo que le había ocurrido a la exitosa comunicadora.

Entre los análisis de conducta publicados en diversos medios ante lo insólito de lo ocurrido, destaca el del medio español ABC: “Apodado por la prensa danesa como un ‘psicópata afectuoso’, el ingeniero autodidacta tenía delirios de grandeza, estaba convencido de que conquistaría cielos y mares con sus inventos, tanto en el ámbito espacial como en el marítimo, y no era capaz de soportar una respuesta negativa, que posiblemente fue lo que desencadenó el asesinato de la periodista”.

Anette Burko, la magistrada encargada del caso, describió el crimen como “una agresión sexual de naturaleza particularmente violenta hacia una mujer que, en relación a su trabajo como periodista, aceptó la invitación para navegar en el submarino”.

Todo continuó con un tenor inaudito y siniestro, pues aunque Burko encontró suficientes pruebas para declararlo culpable, Peter Madsen continuó defendiendo su inocencia argumentando que lo ocurrido había sido “un accidente”.

No fue sino hasta que el periodista Kristian Linemann lo contactó y lo entrevistó en prisión, el inventor, por primera vez, reconoció su culpabilidad. Así, Linemann logró conseguir un testimonio que ni jueces ni abogados fueron capaces de obtener.

El caso no deja de dar giros insólitos. Peter Madsen halló “el amor” estando en la cárcel y hasta se casó con una activista rusa. “Amo y respeto a mi esposo, estoy orgullosa de él y de 49 años de su vida, excepto un día que fue y siempre seguirá siendo una tragedia”.

Así responde a las críticas Jenny Curpen que el 19 de diciembre del 2020 se casó en la prisión de Herstedvester con el malogrado inventor.

Ella dirigió las anteriores palabras a las numerosas personas que no entienden cómo se pudo relacionar con un “psicópata” y le cuestionan cómo les explicará a sus dos hijos (aparecían con ella en Instagram, pero luego eliminó su cuenta) el hecho de que se haya involucrado en semejante romance.

Curpen vive como refugiada política en Finlandia desde el 2013 y allí ayuda a otros exiliados rusos. Es a través de sus redes sociales donde va dando pistas de todo lo que piensa sobre su matrimonio, que ha ‘congelado’ a todo el mundo menos a ella.

Llegó a Dinamarca tras participar en manifestaciones políticas contra el presidente ruso Vladimir Putin en el 2012. En una de ellas fue detenida. Según publica BBC, en Rusia trabajó como periodista en el portal Grani.ru.

En el 2018, Curpen y Madsen empezaron a hablar. Y a verse. En su cuenta de Instagram la mujer publicó fotografías de sus primeras visitas a Dinamarca con las etiquetas “felicidad” y “señora Madsen”. Un año después publicó un artículo sobre “el verdadero Peter Madsen” en un medio ruso.

El artículo es lo primero que mostraba en su cuenta de Facebook, cuya imagen de portada parecía ser la llave de la celda de la prisión en la que está su ahora marido. Ella reflexionaba sobre todo lo que rodeó a un asesinato que se consideró el más atroz de Dinamarca. Y hay más: Curpen dijo no entender por qué se le bautizó así a su marido si en el país “se cometen entre 40 y 50 crímenes”.

Por supuesto, en su momento se le vino el mundo en contra. ¿Cómo podía la mujer hablar de hostilidad contra Peter, quien lesionó a Wall en la vagina y el torso con instrumentos como destornilladores afilados de medio metro y que luego cortó y arrojó el cadáver al Báltico para ocultar las pruebas?

Ella ha tachado de “estúpidos, absurdos y agresivos” los mensajes que cuestionan que se haya casado con un “asesino”. Y asegura que pese a ser especialista en realizar estudios sociales de comportamientos “que quieren matarme a mí y a mi marido”, dedica unas líneas para defender su relación.

“No voy a poner excusas para mi elección, simplemente porque mi vida personal no es asunto de nadie”, asegura la rusa. “Tengo la suerte de tener el hombre más hermoso, inteligente, con talento y empático” del mundo. Considera que su marido es “una de las víctimas de aquel crimen”. Seguir con vida “es un castigo para él”. Esta activista se dirige a todos los que critican su matrimonio admitiendo con “profunda tristeza” que la sociedad más allá de las paredes de la cárcel es “mucho más cruel y peligrosa para sí misma” que su esposo.

Los giros sobre el caso parecen no terminar jamás. Y es que no es la primera vez que los medios ventilan la vida sentimental en la cárcel de Madsen, cuya antigua esposa se divorció de él durante el juicio. Sin embargo, el inventor parece ser ducho también en el terreno amoroso, pues en el 2018, recién divorciado y antes de conocer a Jenny, se involucró con una funcionaria de la prisión, quien admitió el romance y perdió el trabajo por esa causa.

Y recientemente, en setiembre del año pasado, el extraño personaje estuvo nuevamente en los titulares de su país cuando trascendió que tenía una “novia” de 17 años, con la que mantuvo correspondencia hasta que la muchacha tuvo acceso a visitarlo en prisión.

La joven de 17 años se llama Cammilla Kürstein y en su momento reconoció que se enamoró de Madsen después de intercambiar cartas y hablar por teléfono con él durante dos años.

Según reseñó la BBC, el caso provocó que el ministro de Justicia, Nick Haekkerup, emitiera un comunicado en el que aseguraba que este tipo de relaciones “obviamente tienen que terminar” y agregó que los criminales convictos “no deberían poder usar las cárceles como centros de citas o plataformas mediáticas para presumir de sus crímenes”.

“Hemos visto ejemplos repugnantes en los últimos años de presos que han cometido crímenes abominables contactando a jóvenes para ganarse su simpatía y atención”, aseguró.

El nuevo proyecto de ley también pondrá fin a que los presos con condenas de por vida puedan hacer publicaciones sobre sus delitos en las redes sociales o discutirlos en podcasts.

Al parecer, Madsen está dispuesto a seguir siendo noticia. En octubre del 2020 protagonizó un intento de fuga más de película que de la vida real, como reseñó el diario español La Razón.

El preso logró escapar de la prisión en la que cumple cadena perpetua tras tomar a una psicóloga como rehén y amenazar a los guardias con lo que parecía una pistola real. No lo era, pero los oficiales no quisieron arriesgarse.

No llegó muy lejos, apenas unos 400 metros más allá de la cárcel, a un suburbio del oeste de Copenhague. Su “escapada” duró menos de tres horas. Una efímera libertad que dejó imágenes de él, agazapado y rodeado. Patrullas de policía, francotiradores, perros adiestrados y un robot desactivador de bombas acabaron con la fuga del asesino de la joven reportera, quien además amenazó a los agentes con que llevaba puesto un chaleco de explosivos. “Nadie salió herido físicamente”, indicó el jefe de la prisión, Hoegh Rasmussen, pero sí reconoció que algunos de sus trabajadores necesitarán ayuda psicológica.

Parece que no fue una idea impulsiva: Madsen había estado en régimen de aislamiento en la prisión de Herstedvester debido a sus planes para escaparse.

Ingeniero autodidacta, Madsen nunca fue a la universidad. Comenzó a construir cohetes durante su tiempo libre hasta que en el 2008 diseñó su primer submarino casero. Su padre fue un exguarda de un campo de concentración nazi. Se dice que tanto Peter como sus dos hermanos tuvieron una infancia miserable, por las agresiones paternas tanto contra ellos como contra su madre.

Yuri Lorena Jiménez

Yuri Lorena Jiménez

Periodista de la Revista Dominical desde 1992. En setiembre del 2010 asumió como editora de Teleguía. Premio a la Mejor Crónica a nivel latinoamericano otorgado en el 2001 por la Sociedad Interamericana de Prensa.

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