Revista Dominical

Herediano y Julio Gómez: una historia de película

Al mejor jugador extranjero que el Club Sport Herediano haya tenido jamás, parecía habérselo tragado la Tierra. Un grupo de entusiastas florenses buscó por todas partes al ídolo que había adquirido talla de leyenda urbana... y así fue el emotivo reencuentro con la afición.

Julio Gómez, documental El Reencuentro, Herediano

Se dice que el amor mueve montañas... el fútbol, también.

En plena celebración del centenario del Club Sport Herediano se erigió una historia que había que contar... solo que nadie sabía cómo. Resulta que hace dos años, la Comisión del Centenario del Club Sport Herediano, dirigida por Carlos Lobo Protti, analizaba coyunturas históricas que habían marcado la historia del club florense y no tardaron mucho en devolverse más de cuatro décadas atrás al evocar a quien es considerado como el mejor jugador extranjero que ha pasado por las filas del Team.

Se trataba de Julio Gómez, un argentino-paraguayo que había hecho las delicias tanto de la afición rojiamarilla como de los seguidores de los demás equipos locales, pues como se leerá más adelante, las loas para aquella maravilla de hombre-gol son recordadas hasta el día de hoy, a tal punto maravilló al país.

Ver la historia en retrospectiva es realmente como un guion de película, pues cuando un aún joven Julio Gómez arriba a Costa Rica para hacer la prueba con el Club Sport Herediano, el equipo florense llevaba una sequía de 18 años sin campeonizar. Sería el recién llegado extranjero quien le prodigara tal fuelle al equipo, que en mucho gracias a su talento se convertiría en campeón en dos temporadas seguidas, 1978 y 1979: Gómez logró anotar 18 goles en 97 juegos.

Así se le evoca por estos días en que el futbolista volvió a ser noticia desde las redes sociales del Club Sport Herediano: “El volante paraguayo encantó a la afición florense gracias a potente remate de pierna derecha para cobrar tiros libres a finales de los años setentas y a principios de los años ochentas (...) Además del gran aporte que mostraba Gómez en cada juego del Herediano gracias por su gran técnica, el aporte que dio dentro del camerino fue fundamental en cada campeonato que logró en sus tres años vestido de rojiamarillo”.

Pero volvamos al momento en que empezó a gestarse el reencuentro, en aquella sesión en la que la Comisión del Centenario volvió su mirada hacia el inolvidable Julio Gómez y, muy contentos todos sus integrantes, pusieron manos a la obra para tratar de encontrarlo, pues cayeron en cuenta de que desde su partida del Herediano y del país, a principios de los años 80, jamás habían vuelto a saber de él.

Julio Gómez, documental El Reencuentro, Herediano

No se supone que en estos tiempos de Internet, redes sociales y todo tipo de tecnología sea misión difícil dar con alguna persona, máxime si se trata de alguien que está en nuestro mismo continente, pero así ocurrió: encontrar a don Julio se volvió una tarea titánica que demoró casi año y medio, al punto de que estuvieron a cerca de abortar la misión, como lo narra Carlos Lobo.

“Nosotros empezamos a organizar las celebraciones del centenario bajo un lema: ‘Honrar el pasado, construir el presente y soñar el futuro’, y en el contexto de la primera frase recordamos a ese jugadorazo que en tan poco tiempo le dio tanto a la institución y nos dimos a la tarea de buscarlo. Pero pronto nos daríamos cuenta de que él se había convertido como en una leyenda urbana casi, es que eran 40 años sin saber absolutamente nada”, cuenta Lobo.

Las indagaciones con diversos gremios de fútbol tanto en Argentina como en Paraguay --don Julio tiene doble nacionalidad porque nació en un pueblo fronterizo entre ambos países-- e igualmente con distintos medios de prensa deportiva empezó a volverse cuesta arriba al punto de que los miembros de la Comisión estuvieron a punto de darse por vencidos.

“Después de tantos intentos llegamos a pensar en tirar la toalla pero yo me decía: ‘hasta que no encuentre aunque sea una hoja de defunción, seguimos adelante´. En eso dimos, no recuerdo exactamente cómo, entre tanta vuelta que hicimos, con un medio colombiano que se llama Deportes Quindío, en el que había salido una nota sobre Julio. De inmediato contactamos al periodista y así supimos que él había jugado un tiempo en ese departamento de Colombia”.

El periodista colombiano hizo sus propias averiguaciones hasta que, por fin, les consiguió el número de teléfono de una casa ubicada en las afueras de Asunción, la capital paraguaya.

Con el corazón desbocado, intentaron una y 10 veces durante varios días. No había respuesta, el teléfono timbraba sin que alguien contestara.

Por fin, una noche, escucharon cómo alguien atendió el teléfono: “era una voz tenue, pausada, como la de un adulto mayor. Cuando se le preguntó con quién hablábamos, fue una alegría y un alivio increíble escuchar: ‘con Julio Gómez, para servirle’...

43 años atrás...

Una página casi completa de la sección de Deportes de La Nación del jueves 27 de abril de 1978 daba cuenta de la llegada de un jugador argentino-paraguayo, quien venía a prueba con el Club Sport Herediano.

El ejemplar a estas alturas tiene el tono sepia amarillento que adquiere el papel periódico tras tantos años, y la entrevista también, pues se trata de tiempos lejanos pero además, del inicio de la historia que nos tiene hoy escribiendo sobre Julio Gómez.

Para entonces, el foráneo recién había arribado al país y el periodista Rafael Ángel Parra le hizo una entrevista a profundidad en la que Gómez mostraría la personalidad que luego le vería la afición plasmada en la cancha, ya en el dominio del balón que arrancó aplausos desde su debut.

“Mi especialidad es pegarle duro a la pelota y hacer el gol”, se titulaba la nota.

Y abre de una vez con la reflexión de un Julio que, para entonces, tenía 31 años.

“El fútbol es una actividad que se practica en forma disciplinada y con un buen sistema metódico se puede jugar bien hasta los 35 o más años”, filosofó desde el principio. Y es que desde entonces y hasta el día de hoy, una calvicie prematura que padeció lo hacía verse mayor, por lo cual muchos en aquella época arquearon la ceja, con ciertas dudas sobre la rentabilidad de contratar un extranjero no muy conocido y, encima, “muy mayor”, sobre todo en vista del puesto que jugaba, ya como delantero o como volante de llegada, como se decía en el argot de aquellos tiempos.

El periodista Parra, por su parte, lo describió como un hombre de 1.75 metros de estatura, accesible a cualquier pregunta.

Julio le contó sin mayor rodeo que nunca había visitado Costa Rica y que sabía muy poco de su fútbol tico antes de llegar. Tras realizar dos prácticas, opinó que el balompié del país era “bueno” y manifestó que su plan original era ser centro delantero y vestir la ‘suéter’ # 9, pero aclaró que igual se acomodaba a otros puestos como “puntero derecho” o “volante de llegada”.

“En ese momento enfatizó --según redactó el periodista Parra-- en que a muchos les preocupa su calvicie pues creen que es muy viejo, pero ya hace bastantes años que está así y qué él demostrará que eso no tiene nada que ver con el fútbol.”

En sus primeras impresiones tras arribar al país, Gómez opinó que el fútbol tico era más limpio y “no tan violento” como en Suramérica. Finalmente justificó que el Herediano lo trajera a prueba y no por contrato, que estaba en él ganarse el puesto y concluyó diciendo lo fascinado que estaba con Costa Rica.

“Este es un país maravilloso, la gente es amable y simpática, esto me motiva más aún para rendir en este período de prueba y quedarme aquí jugando en este país”.

Julio Gómez, documental El Reencuentro, Herediano

Tremenda huella

A pesar de que su paso por el fútbol del país no alcanzó a llegar a los tres años, su huella aún está en la retina de cientos de costarricenses que lo vieron jugar.

Roberto García, connotado cronista deportivo del país y fuente obligada cuando se trata de estos casos legendarios, recordó las destrezas de Julio. “Él llegó al equipo en 1978 y estuvo más o menos hasta 1981 u 82. Yo empecé como cronista de La Nación en 1985, cuando ya Julio había partido a su país, de modo que no registré como cronista su trayectoria. Sí lo vi jugar y te puedo decir que era un maestro, con una técnica exquisita, un clásico número 10, mediocampista ofensivo. Jugaba por la izquierda y sobre su dominio de balón, que lo tenía, destacaba más por su inteligencia y por su liderazgo en la cancha. Recuerdo que hasta los rivales le respetaban, por su presencia”.

La afición también ha participado intensamente en las redes sociales del Club Sport Herediano cuando se toca el tema de Julio Gómez

Gustavo A. Esquivel rememoró: “Lo vi jugar y lo pongo en el top 5 de mejores extranjeros del país, en el primer lugar. Sin embargo, alrededor de él se crearon muchas incógnitas, sobre todo el tema de la edad”.

Por su parte, Rolando Espeleta Villalobos opinó sobre él: “Se trata del mejor jugador extranjero que ha jugado en Costa Rica. Quién no se acuerda de aquel golazo de tiro libre a Tencha Solano (San Carlos) en una pentagonal”.

Y Rodrigo Carmona Segnini no se queda atrás: “Los tiros libres se podían celebrar por adelantado, gol cantado. Además preciso en los pases y muy valiente. No se le arrugaba a nadie”.

Don Julio, hoy

Pero bueno, de vuelta a la casi milagrosa localización del diestro exjugador, quien recién en mayo cumplió 75 años, cuenta Carlos Lobo que una vez que lo localizaron procedieron a una exhaustiva misión de comprobación, por todas las razones.

Y es que cuando la idea de buscarlo surgió, la pandemia de la covid-19 no existía ni por asomo, y el propósito original era traer a don Julio a Costa Rica como una gran sorpresa para la afición no solo herediana, sino para los entendidos del fútbol en general.

Sin embargo, la emergencia sanitaria mundial hizo que se abortara el gran proyecto, pero entonces el homenaje se ajustó a las condiciones actuales y la verdad es que el plan B ha sido unánimemente aplaudido: como dicen en el argot futbolero, realmente la Comisión “se puso la 10″.

La idea de una transmisión en vivo tomó forma de inmediato. “Planeamos una actividad en la que la tecnología lograra acercar a Julio con la afición y se realizó en diversos tractos”, detalló Lobo.

Idearon entonces la recreación de una historia en la que un abuelo herediano, don Gerardo Ramírez, le cuenta a su nieta, María Isabel Zamora, sobre toda la gesta del gran Julio con el fin de unir a varias generaciones en torno al jugadorazo, tanto a los que lo vieron jugar, como a los que supieron por las anécdotas de sus mayores sobre la magia que lograba crear el entonces treintañero Julio en el campo de juego, sobre todo con la potencia y buen tino de sus remates.

El audiovisual es ensoñador. En la segunda parte se observa cómo nieta y abuelo alistan un paquete dirigido a don Julio, el que lleva varios obsequios, y lo van a dejar a Correos de Costa Rica.

La parte más hermosa y emotiva es cuando finalmente el obsequio llega a Asunción y don Julio se lleva una enorme sorpresa, pues los miembros de la Comisión se pusieron de acuerdo con Adriana, la hija mayor del crack, para que ella lo recibiera, se lo entregara y grabara el momento.

“La reacción de don Julio cuando recibe el paquete no es actuada. Ella lo filma, pero él no sabe qué es lo que va a recibir. Y luego le dice que no abra el paquete hasta el otro día”.

Fue una trama bien orquestada, pues se habían tomado las medidas para que don Julio siguiera la transmisión en Facebook de la celebración del centenario del equipo florense. Al final, el presentador Carlos Álvarez invita a don Julio a abrir el paquete y hasta a Álvarez le costó contener las lágrimas de tanta emoción.

El audiovisual, de 50 minutos de duración, recorre no solo un tremendo anecdotario sino momentos sublimes, como cuando don Julio besa la camiseta con su nombre y con el diseño que usaba la escuadra en 1978. También recibió una pieza histórica de colección de la antigua gradería del Estadio Rosabal Cordero y un calendario oficial de las celebraciones del centenario.

Otra gran sorpresa fue que el reencuentro virtual incluyó a excompañeros del equipo, como Róger Álvarez, Fernando “Macho” Montero y Carlos Luis Lobo, quienes también fueron invitados a participar en la producción.

Dato curioso es que don Julio conserva una de las camisetas que usó con el Herediano hace cuatro décadas. Y también sorprendió, según cuenta Carlos Lobo, al mostrar un pasaporte costarricense.

“Resulta que durante su temporada en Herediano, el equipo fue a jugar un amistoso a México, que por cierto dicen que fue un partidazo, pero diay había que llevar a Julio y de alguna manera se las ingeniaron para que tuviera su pasaporte tico y pudiera viajar con el equipo. De esas cosas que hace muchos años eran posibles”, cuenta Carlos entre risas.

También narró que don Julio había nacido literalmente en una cancha de fútbol. Proveniente de una familia sencilla, su papá era maestro de obras y vivían en una casa que colindaba con un terreno de fútbol, y cuando la madre tuvo los dolores de parto, no le dio tiempo de llegar a la clínica y tuvo al hijo ahí mismo.

El miércoles 23 de junio intentamos conversar con don Julio, cuando se aproximaba el mediodía en Asunción, Paraguay.

Adriana, la hija mayor, hasta ese día pudo atender la entrevista solicitada previamente porque la víspera el teléfono estuvo ocupado, cuenta, pues su papá atendió tres entrevistas seguidas de diversos medios, a raíz de la visibilización que le dio el documental realizado por el Team.

No pudimos hablar con don Julio pues, como es habitual en él, invierte mucho de su tiempo enseñando fútbol a niños del barrio.

“Él está muy lúcido y siempre trabajando con los chicos, le gusta enseñarles las técnicas que él mismo jugaba, los tiros libres, los saques, los córner... pero también los aconseja mucho cuando sabe que hay problemas en el entorno familiar”, comenta Adriana, quien agrega que toda la familia (su mamá y su hermana menor, además de ella y don Julio), se han visto gratamente sorprendidas por el reencuentro y la serie de homenajes que se le han ofrecido a su papá desde la Ciudad de las Flores.

“Hasta antes de la pandemia él trabajaba con otro señor oficialmente en una escuela de fútbol, luego hubo que parar por la emergencia, ahora sale con los cuidados necesarios a entrenar con algunos porque le preocupa que los chicos pasen aburridos en sus casas, para él es una gran misión”, contó Adriana, quien vivió en Costa Rica entre los 3 y los 5 años, pero nunca ha podido volver y recuerda poco de cómo era el país.

Sin embargo, Costa Rica está enclavada en el seno familiar porque aquí nació Julio Gómez Jr., el único hijo varón de los tres que tuvo el matrimonio, y quien falleció en el 2013, apenas a los 33 años, tras enfermarse de una infección hospitalaria mientras se trataba un problema menor de salud.

“Eso fue un golpe muy duro para todos, para mi papá... mi hermano también jugaba, fue muy duro para mi papá cuando llegó el Mundial de Brasil en 2014, el sueño de él había sido siempre que Julio mi hermano jugara al fútbol profesional y cuando veía a los jugadores de todos los equipos, lo recordaba mucho a mi hermano. Ellos practicaban fútbol desde que Jr. estaba pequeño, y mi papá siempre decía que ‘Julio patea con las dos piernas, no como yo, solo con una. Él habría sido mucho mejor que yo”.

Por ahora, don Julio se solaza en el sorpresivo regreso al pasado, a esa Costa Rica que amó desde el minuto uno, tal cual lo confesara en la entrevista citada al principio de este texto, y está disfrutando en el mejor sentido la atención que de un momento a otro ha despertado su figura en varias latitudes.

El plan de la Comisión del Centenario, asegura Carlos Lobo, es cristalizar el deseo de traer a don Julio al país a finales del 2022, cuando se espera inaugurar el nuevo estadio rojiamarillo y también, que el planeta para entonces ya haya vuelto a la normalidad y el legendario futbolista pueda venir, besar esta tierra que tanto lo admira y, por supuesto, fundirse en muchos abrazos interminables con gente de todas las generaciones.

Yuri Lorena Jiménez

Yuri Lorena Jiménez

Periodista de la Revista Dominical desde 1992. En setiembre del 2010 asumió como editora de Teleguía. Premio a la Mejor Crónica a nivel latinoamericano otorgado en el 2001 por la Sociedad Interamericana de Prensa.