Revista Dominical

Fotoensayo: El cementerio diferente, donde todos son iguales

En el camposanto de La Marina de San Carlos, todos los fallecidos son recordados en igualdad de condiciones: no hay bóvedas ni imágenes, pues ese fue el deseo de su fundadora y la comunidad así lo mantiene

Si de algo están orgullosos los habitantes de La Marina de San Carlos es de su “campo de paz”, un pequeño cementerio de 2048 metros cuadrados donde todos los difuntos son recordados de la misma sencilla manera. Así lo confirman las 216 cruces similares en forma, color y tamaño, alineadas y colocadas directamente sobre el zacate.

De acuerdo con Rafael Enrigue Rojas, todo empezó hace aproximadamente 80 años cuando su finada abuela, Amalia Kopper Dodero, quiso plasmar en La Marina (cuyo nombre deriva del de una de las hijas del primer dueño de la hacienda a quien le compró su bisabuelo Abelardo Rojas) un cementerio similar a uno militar que vio durante un viaje a los Estados Unidos.

Por ese tiempo el tamaño de la finca y la cantidad de empleados que la atendían hacían que la comunidad fuera más grande que los caseríos vecinos, incluso de La Palmera, distrito al que pertenece La Marina. Entonces doña Amalia, viendo que no había cementerio más cercano que el de Ciudad Quesada, convenció a su esposo, Juan Rafael, de que le donara el terreno para echar a andar el proyecto.

“Pero desde el principio mi abuela dijo que el cementerio era para la gente del pueblo”, destaca Rafael Enrique. Por eso ahí están enterrados desde sus abuelos, padres, tíos, hermanos y demás familiares, hasta los empleados más antiguos y sus descendientes de la enorme finca que con los años se convirtió en comunidad.

Y la otra voluntad de doña Amalia, que se cumple hasta la fecha, es que en el descanso eterno a todos, peones y patrones, se les recuerde de la misma manera. “Aquí no hay tumbas, y no se permiten imágenes, ni lápidas, ni flores y las cruces son igual porque todas se le encargan a don Remigio Vargas Lizano”, detalló doña Risibel Quesada, esposa de Rafael Enrique.

El matrimonio, por herencia familiar, lidera la sociedad que administra el cementerio. Pero son tajantes en que este es un panteón privado y que no se lucra con él.

“Lo que hacemos es seguir la tradición, cobramos una cuota para mantenimiento pero no vendemos espacios”, detallaron los señores.

Conocedores como nadie de su historia, están claros de que lo de este 2021 ha sido extraordinario. Según indicaron, La Marina es un pueblo pequeño donde suelen pasar meses e incluso años sin que se lamente la muerte de alguno de sus miembros, pero este último año los ha sorprendido con varios funerales en muy poco tiempo, y la gran mayoría debido a la pandemia.

Desde mayo hasta la fecha, de acuerdo con los registros, han sepultado en el Campo de Paz a cinco personas, todos varones, y cuatro de ellos por causas asociadas con la covid-19. “El último entierro se dio, precisamente, hace un mes”, indicó doña Rosibel, quien no recuerda haber visto tantos sepelios en un solo año.

Pero agregó que en el pueblo siguen esperando, como todos, no tener que lamentar más decesos por la mortal enfermedad. Eso sí, continúan atendiendo con esmero su camposanto, sobre todo pendientes de que no se rompa la controlada armonía que conserva hasta la fecha, para que sus difuntos descansen en paz.

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