Revista Dominical

El robot de Franklin Chang y más anécdotas del Museo de los Niños al cumplir 30 años

En abril de 1994, el Museo de los Niños abrió sus puertas para llenar de magia un castillo antes asociado con sufrimiento. Desde entonces, sus visitantes se cuentan por millones

Museo de los Niños
Archivo La Nación

Faltaba un mes para que comenzara la demolición del edificio que albergó la Penitenciaría Central en San José, esa en la que ocurrieron crímenes sangrientos, violaciones y delitos de todo tipo.

En aquel entonces, a inicios de la década de 1990, la idea era que ese terreno, que estaba completamente descuidado y al que rara vez alguien entraba, se convirtiera en una gran central de autobuses, pues nadie quería rescatar un sitio que antes de cerrar sus puertas, a finales de 1979, fue una cárcel asociada con muerte y degradación humana.

Para esa misma época, Gloria Bejarano, primera dama de la República, buscaba de forma desesperada un edificio que le permitiera replicar un Museo de Niños como el que había visto en una visita a Venezuela. Se había enamorado de la idea de que los niños aprendieran mientras jugaban.

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