Revista Dominical

Clavel, la cerdita rebelde y su historia en busca de la libertad

Saltó de un camión cuando era llevada a un matadero y tras su escape llegó a un lugar donde la encerraron para comérsela. Fue rescatada y ha sido adoptada pero devuelta dos veces; ahora, hacen una colecta para darle un hogar seguro

Clavel, una cerdita que se calcula tiene un año, le dio un giro a su destino. Con un salto cambió su suerte y ahora es vista como un símbolo de resiliencia.

Hace varios meses, cuando ella y un grupo de animales iban directo al matadero, Clavel se lanzó del camión que los transportaba y con esto se libró, momentáneamente, de una muerte inminente.

Caminó hasta llegar a un lugar en el que varios vecinos la capturaron y la encerraron en un lugar que estaba colmado de desechos. El plan de quienes la encontraron era comérsela en diciembre. Sin embargo, desde que se libró del matadero, la suerte de la chanchita cambió.

Un joven se enteró de los planes que tenían con la marrana y le comentó a Carolina Marín, una rescatista que igual que él es vegana (no consumen ningún producto de origen animal y además, promueven el activismo vegano, que en este caso apela a la liberación de los animales).

A partir de este momento empezó un largo proceso en busca del objetivo principal: liberar a Clavel.

Liberación a la obra

Carolina Marín, rescatista y creadora del refugio Rinconcito animal, por el que han pasado perros, gatos, palomas, cabras y cerdos a quienes han cuidado y luego puesto en adopción, se unió con la persona que le dio el aviso y con cuatro activistas más para la misión. En unas tres semanas se las ingeniaron para ir por la chanchita. Llegaron y sabían que no sería fácil, así que tuvieron que crear una historia para convencer a quienes retenían al animal para que se las devolviera.

Carolina y sus amigos dijeron que Clavel se cayó de un camión cuando iba para un santuario, en el que iba a vivir y donde nadie se la iba a comer. Tuvieron que decir esto para que las personas aceptaran liberar al ser que tenían presupuestado como un banquete colectivo.

“No teníamos espacio para traerla pero había que sacarla de ahí. Íbamos contra el tiempo porque el plan de quienes la tenían era matarla en diciembre. Estuvimos como dos o tres semanas viendo cómo nos organizábamos. Había que conseguir plata para ver cómo hacíamos. Cuando fuimos tuvimos que decir que ella pertenecía a un santuario y que nos la llevábamos para protegerla. Nos empezaron a decir que pagáramos”, contó la rescatista, de 34 años.

“Una parte importante en esto es no pagar por liberar a los animales, porque si una paga se salva este animal, pero con esa plata van a comprar otro y se lo comen. Entonces no se genera el cambio desde la raíz. Sin embargo, sí tuvimos que pagar ¢25.000 por la alimentación que le habían dado. Tuvimos que ceder porque todo se estaba complicando”, agregó.

Finalmente pudieron llevarse a Clavel; una transportadora grande y un camión ayudaron a trasladarla. En ese momento pesaba unos 80 kilos.

La cerda llegó hasta el Rinconcito Animal (que es básicamente la casa que Carolina comparte con su amigo Jairo Fernández, otro amante de los animales), un lugar que no estaba acondicionado para una criatura de ese tamaño. Empezaron a hacer gestiones para que la puerca fuera adoptada en un sitio en el que se tuviera garantía de que no terminaría como comida y en el que pudiera estar con calidad de vida.

Encontraron dos lugares pero en ambos la devolvieron. Carolina cree que es por lo complicado que podría resultar su cuido. Se calcula que por mes se invierten cerca de ¢70.000 en su alimentación (en este monto se incluye la gasolina que se invierte en las visitas al animal para llevarle su comida). Ahora mismo vive en la segunda casa en la que recibieron. Allí estará por un tiempo más mientras se consigue un espacio en el que ella pueda vivir en libertad.

Mientras, Clavel pasa sus días comiendo, durmiendo y caminando junto a Maya, una yegua que vive en esa propiedad. Ahora, la cerda pesa 150 kilos y no juega tanto como antes, cuando corría luego de tomar heno.

Clavel come verduras y frutas que les regalan a Carolina en la feria, además de alimento de conejo que consume para saciarse. No le dan de la comida que tradicionalmente le proporcionan a los cerdos de los criaderos, con el fin de que engorden. Para ofrecerle los cuidados que necesita la rescatista ha consultado con encargados de santuarios de animales de otros países.

Carolina trabaja en peluquería canina y además es niñera de perros. Los cuida a domicilio. Para poder costear los gastos de Clavel ella vende camisas, alusivas a la cerdita, en ¢7.000.

“Con lo que vendemos la alimentamos a ella. Ha sido un proyecto hermoso. Una amiga donó el diseño, otra nos ayuda con el trabajo. Compramos la camiseta y nos ayudan con trabajo a bajo costo. Las vendemos y las ganancias las invertimos en la comidita de ella”, cuenta Carolina.

Un m² por Clavel

Para Carolina, Clavel es especial por ser ella misma. “Tuvo la valentía de tirarse de ese camión, a la vez representa a muchos otros animales en esa lucha.

“Siempre digo que ellos por sí mismos dan su propia lucha, desde cada lugar o espacio que a una se le ocurra. Dentro de las posibilidades que buscamos es darle calidad de vida y sentimos que esto representa darle validez a la lucha de otros animales”, dice.

Por esto es que, buscando que este animal viva en libertad y sin peligro de que se convierta en comida, crearon una campaña, en GoFundMe, que busca recaudar $8.000 para comprar un pequeño terreno al lado del Rinconcito y que allí la inmensa cerdita viva tranquila.

“La colecta por Clavel nace a partir de que la han devuelto. Este ha sido un proceso de más de seis meses en el que la hemos dado en adopción dos veces. No es solo ir a darla en adopción, sino que representa la logística de conseguir el camión e ir a conocer el lugar, porque no se sabe si se la van a comer.

“Hemos ido a otros lugares que la quieren, pero la quieren meter en tres metros cuadrados. A raíz de eso dijimos que mejor ponemos en marcha una idea loca que si nos funciona será lo mejor. A la par del Rinconcito un señor vende un espacio. Es como extender el Rinconcito. Queremos adquirirlo para ella y para otros animales que lo necesiten. La intención es no tener que moverla ni batallar con adopciones. Estará bajo nuestro cargo”, cuenta.

La iniciativa consiste en que quien lo desee done un metro cuadrado para Clavel. El costo es de ¢20.000, de igual manera, quien tenga voluntad puede contribuir con el monto que desee. Todas las personas que colaboren serán mencionadas en las últimas páginas de un libro de cuentos que narrará la historia de la chanchita y que es escrito por el periodista Andrés Ramírez Quirós. La ilustración estará a cargo de Verde.oscuro.

“El precio del terreno en sí son ¢3 millones, además de que tenemos que cerrarlo, asegurarlo y hacer un portoncito. En la plataforma pedimos un poco más para ayudarnos con esos gastos, y porque en el sitio piden un porcentaje. Pero lo cierto es que si tuviéramos la platita para lograr el espacio nos la jugamos con los trámites que hagan falta”, afirma la rescatista.

La campaña ha recaudado cerca de ¢600.000 y esperan lograr la meta de los $8.000 en tres meses.

“Ha sido muy hermoso. La gente vegana y no vegana se ha apuntado. Les ha movido un montón. Llevar esta cantidad por una cerdita es un montón. Ahí vamos”, cuenta Carolina.

Por ahora, Clavel permanece en un lugar temporal y últimamente se ha portado muy bien cuando llegan a hacerle fotos o algún video para contar su historia. Entiende que al final la premiarán con un mango o papaya. Sus cuidadores la describen como un animal amoroso, fanática de que le rasquen la panza y de hacer baños de barro todos los días. Así es la cerdita rebelde, a quien procuran darle la vida que “buscaba” al saltar de ese camión que iba directo al matadero.

Para seguir la historia de Clavel, puede visitar el Instagram de Rinconcito Animal (el_rinconcito_animal).

Fernanda Matarrita Chaves

Periodista y Licenciada en Comunicación de Mercadeo de la Universidad Latina de Costa Rica.