Revista Dominical

Chavela Vargas: 100 años de la diva más antidiva

En el centenario de su nacimiento, artistas y amigos repasan el enorme legado de la más internacional cantante nacida en Costa Rica, así como los mitos y prejuicios que alimentaron el resentimiento que le dedicaron muchos ticos

La primera vez que Chavela Vargas salió de Costa Rica con destino a México tenía 17 años y lo hizo huyendo de un matrimonio forzado; a ella le horrorizaba unir su vida a la de un hombre de más de 40 años, pero eso muy pocos lo sabían.

Aunque su residencia estaba en México, Chavela venía a Costa Rica por largas temporadas a visitar a sus sobrinos y a disfrutar de su tierra. Prueba de ello es que tuvo varias casas en diferentes lugares de Alajuela, Heredia e incluso Playas del Coco.

Vivía en soledad mientras estaba en el país, no le importaba recoger premios o asistir a homenajes en su honor y era directa cuando quería hablar de un tema que le incomodaba.

Lo cierto es que las decisiones de la artista, su forma de ser y preferencias sexuales han sido por décadas motivo de resentimiento para algunos ticos, incluso después de su muerte, en el 2012, principalmente por reconocerse públicamente como mexicana.

Fueron pocos los que realmente conocieron quién era ella. Aquellos que llegaron a tratarla aseguran que fue una mujer más allá del bien y el mal, como ella misma se decía.

El pasado 17 de abril de 1919, se cumplieron 100 años del natalicio de Isabel ‘Chavela’ Vargas Lizano, una de las artistas costarricenses que más controversia y admiración ha generado.

Eran los principios de la década de los 90 y por décima vez se encontraba en San Joaquín de Flores, en Heredia, afuera de la casa a la que tantas veces se acercó sin recibir respuesta. Sin embargo, tenía que probar suerte y sin pensarlo, tocó la puerta.

Estaba asustado y tenía miedo, pero llenarse de valor era la única opción que tenía si quería conocer a la cantante que más admiraba.

Para su sorpresa esta vez la visita no fue en vano.

En el momento en que la vio le entregó el ramo de flores que le llevaba y le expresó su admiración total. Ella lo abrazó y lo invitó a pasar a su casa para que la acompañara a tomar una taza de café. Mientras lo preparaba le dijo de forma contundente ‘nosotros vamos a ser amigos, porque me estaba quejando de soledad y en ese momento apareciste’.

Allí Alfredo González entendió que Chavela Vargas no era “ese demonio que toda la gente decía” y, por el contrario, le demostró su calidez.

“Yo comparto esta historia porque demuestra la calidad humana de esta persona y al mismo tiempo, lo sola que ella pasaba en este país, en su país, porque en México no estaba sola en ningún momento y es ahí donde uno dice, los ticos tenemos un karma con nuestros artistas”, relató Alfredo, uno de los amigos más cercanos a la intérprete en Costa Rica.

Desde ese día se hicieron grandes amigos y compartieron anécdotas y momentos únicos que Alfredo ha preferido guardarse hasta la fecha.

Ya instalada en tierra azteca, la artista comenzó a consolidar su carrera. No fue sencillo, de hecho debió desempeñar diferentes trabajos previo a convertirse en cantante; sin embargo, su pasión le permitió ir avanzando constantemente.

México fue sin duda su gran aliado: ahí pudo construir su propia vida, la que ella realmente quería, por eso amaba ese país y todo lo que le dio a lo largo de más de cuatro décadas de carrera artística.

Rebelde, con espíritu libre y sin importar el qué dirán, Chavela se convirtió en una pionera, interpretando música ranchera cuando, en esa época, era habitual que lo hicieran solamente los hombres. Llegó a grabar unos 25 discos.

Fue su interpretación, la forma en que hacía suyas las canciones con esa profunda voz áspera que la caracteriza y el sentimiento que trasmitía cada vez que tomaba el micrófono lo que le permitió ir acaparando el mundo hasta convertirse en una verdadera estrella de la música ranchera, cantando en los escenarios más prestigiosos de países de Europa y América.

“El sentimiento al escuchar su música es desgarrador, es una pena profunda de desamor y de inconformidad y es, de verdad, la garra pura la voz de esa mujer, es muy profunda y a mí me parece que esa es la magia que tiene Chavela, desde las primeras notas uno no puede no sentir algo y eso es algo maravilloso”, afirma la cantante costarricense Debi Nova, quien es una gran admiradora de la intérprete.

De acuerdo con Alfredo González, Chavela quería que la gente entendiera que la música tiene un poder real, grande y curativo y que también las personas pueden ser en la vida lo que quieran.

“Ella es quizá la diva más antidiva que nosotros hayamos tenido, tanto a nivel nacional como a nivel mundial y a ella eso no le interesaba, a ella le interesaba hacer lo que hacía y lo que disfrutaba hacer: cantar, no andar cosechando glorias, elogios u homenajes”, dice González.

Ni siquiera fue a recoger el Grammy Latino como homenaje a su carrera artística en el 2007, ya que la artista insistía en que los premios se los daba el público, no la discografía. Para ella era más valioso que al final del día una persona escuchara sus canciones y se sintiera identificada con el sentimiento.

Tampoco hacía alarde de su círculo de amistades famosas que incluían a Frida Kahlo, Diego Rivera, Pedro Almodóvar y Joaquín Sabina, entre otros.

A pesar de que en el plano mundial es elogiada como una artista única y cuenta con seguidores en todo el planeta, en su propio país la historia ha sido diferente. Con Costa Rica la relación de Chavela nunca fue la mejor: aquí muchos le dieron la espalda y hasta la fecha existe un tácito resentimiento entre algunos costarricenses para la cantante.

Su verdadera historia fue un mito y lo que era un tema familiar trascendió a escala nacional, a tal punto que se crearon dos bandos en una historia en la que nadie debía tener injerencia.

El primer hecho y tal vez el más grande, fue su preferencia sexual. Chavela era lesbiana y aunque lo reconoció abiertamente cuando tenía aproximadamente 75 años, su sexualidad fue un tema de discusión desde mucho antes (en esa época ser homosexual era prácticamente satanizado).

Ella fue valiente, asumió las críticas y cargó con ellas durante años sin importarle la opinión que tenían sobre ella.

“Yo nunca entendí el rechazo que había de mucha gente en Costa Rica hacia su nombre, no dejo de pensar que hay una fuerte dosis de nacionalismo mal entendido, pero también de lesbofobia, de rechazo a a su manera de vivir su vida, al hecho de ser una mujer libre. Creo que fue la Costa Rica provinciana y prejuiciosa la que la rechazó. Y hay una parte de nuestro corazón que sigue siendo mezquino es sentir rencor hacia algo que ya está completamente superado”, asegura el músico de Malpaís, Jaime Gamboa, quien intentó en varias oportunidades conocer a la intérprete pero no lo logró.

Otro aspecto que generaba malestar era su forma de ser tajante y, en apariencia, malhumorada. Ella no tenía reparo en decir lo que opinaba de una forma directa, de allí que incluso muchos le tuvieran miedo. No obstante, quienes la conocieron la definen como una mujer sencilla, con una forma de ver la vida muy clara y con los pies en la tierra.

Además, debió luchar contra el alcoholismo, enfermedad que la consumió y pese a que logró salir adelante años después, también la hizo objeto de críticas.

Pero el detonante en esa relación tirante con los ticos fue la cercanía de la cantante con México; su agradecimiento a aquella nación fue tal que de forma abierta y sin ningún temor gritó ante el mundo que los mexicanos, como ella, nacen donde les da la gana.

“Pero si venía tantas veces a Costa Rica yo creo que realidad tenía mucho amor por la patria porque sino, no hubiera venido. Nosotros somos lo que hacemos, no lo que decimos”, dice la soprano María Marta López.

De hecho, al final de sus días, Chavela entendió que en Costa Rica las circunstancias habían cambiado y las generaciones eran diferentes, porque mucha gente joven de aquel entonces la llamaba o la iba a visitar a su casa en San Joaquín de Flores. Era una relación conflictiva, pero no era una relación de odio.

“La gente le dio la espalda porque nos puso los puntos sobre la mesa diciendo que no estaba bien en este país, porque lo hizo a nivel internacional y porque tenía otra preferencia sexual, no hay que buscarle más patas al gato. El país estaba feliz de que se fuera una mujer que tenía una preferencia sexual diferente, pero resulta que la mujer era talentosa y se hizo famosa, entonces ahí sí salimos con el síndrome muy tico de reclamarla como nuestra. Es como decir ‘no la queremos pero como es famosa, es nuestra’ y aun así no la aceptamos”, explica su amigo, Alfredo González.

Una de las cantantes costarricenses que Chavela más apoyaba era, justamente, María Marta López. Para la intérprete de temas como La llorona y Que te vaya bonito, Lopez era una artista con estrella. Eso sí, la soprano destacó que había una única condición que la artista le puso para apoyarla.

“La conocí en una época en que yo estaba reubicándome en la música. Ella me decía que no me iba a apoyar en el popular, que ella me iba a apoyar siempre que yo siguiera en la música clásica. Me dijo: ‘mi casa está a la orden, siempre y cuando sea Ópera, sino, no le abro ni la puerta’. Es que era una señora muy intensa y muy ella, muy relajada y sin poses” recuerda López.

La artista asegura que el tiempo que compartieron fue suficiente para entender el gran legado que la interprete estaba dejando y que sin duda, marca un antes y un después en la música.

“Ella fue como un ave fénix, ella resurgió de las cenizas y nunca aceptó un no como respuesta, es el coraje de una mujer firme segura y decidida de lo que quería. Su música era el compromiso con la verdad del sonido, de lo que se dice, ella era la representación pura de lo que es embellecer las palabras por medio de la música, ella de cada palabra hacía una emoción, cada palabra era emotiva”, añade.

Para la soprano, el problema con Costa Rica fue que los ticos, principalmente de los años 70 para atrás, no tuvieron la oportunidad de conocerla como realmente era, se dejaron llevar por lo que se dijo en ese entonces y se creó un mito.

La cineasta costarricense Ishtar Yasin también la conoció. Ella la visitó una vez en su casa en San Joaquín de Flores y la acompañó a tomar café. Para la directora de Dos Fridas fue un momento que la marcó por su fuerza y valentía para afrontar las situaciones de la vida.

“Su legado queda en la memoria artística no solamente en América Latina y el mundo entero. Es decir, su voz va a perdurar a través del tiempo, venció los obstáculos y logró llegar a muchos corazones”, cuenta Yasin.

Por su parte, Debi Nova asegura que ahora los músicos costarricenses tienen la gran responsabilidad de mantener vivo el recuerdo de la cantante, su lucha, su empeño y su filosofía de vida; con el objetivo de que las nuevas generaciones conozcan la historia de Chavela Vargas y el sentimiento que impregnaba en cada una de sus interpretaciones.

“Declararse lesbiana no era lo que es hoy en día y eso dice muchísimo de lo que ella representa y creo que ella va más allá de su voz, porque le da voz a todas esas personas que ella representa y eso me inspira muchísimo. Fue una mujer fuerte que le pudo dar cara a sus adversidades con la música. Todos tenemos batallas que defender y no tenemos que criticar a los demás”, comenta Debi.

Chavela Vargas falleció a los 93 años en Cuernavaca, México y su cuerpo fue incinerado, sin embargo, hasta la fecha el lugar en donde se lanzaron sus cenizas, continúa siendo lo fue la mayor parte de su vida: un mito.

Kimberly Herrera

Kimberly Herrera Salazar

Periodista graduada de la Universidad Internacional de las Américas. Licenciada en Comunicación de Mercadeo de la Universidad Americana.

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