Para llegar al olimpo de los mitos del balón no basta con jugar extraordinariamente bien o ganar títulos.

 13 julio, 2014

Río de Janeiro, Brasil

Lionel Messi estará esta tarde en el lugar en el que soñó estar desde que jugaba de chico en su Rosario natal: una final del Mundial con Argentina.

Para que el cuento de hadas fuese aún más increíble, el escenario es el Maracaná y Messi puede convertirse en leyenda, un cóctel que sólo se ha dado dos veces en la historia del fútbol.

"Mañana (hoy) jugaremos el partido más importante de nuestras vidas con esta camiseta. Mis sueños y mis ilusiones se están viendo cumplidos gracias al trabajo y el sacrificio de todo un plantel", publicó La Pulga ayer en su página Facebook.

Para llegar al olimpo de los mitos del balón no basta con jugar extraordinariamente bien o ganar títulos. Hace falta algo diferente; eso que hasta ahora solo han mostrado Diego Maradona y Pelé, las únicos leyendas consagradas en un Mundial.

Maradona lo hizo en México 86; Pelé en ese mismo país 26 años antes, en 1970, a pesar de haber ganado la Copa del Mundo otras dos veces en 1958 y 1962.

Ocho años –menos un día– tardó Lionel Messi en volver a marcar en un Mundial. Ayer lo hizo en el mejor momento: en su primer partido en el mítico Maracaná. | AFP
Ocho años –menos un día– tardó Lionel Messi en volver a marcar en un Mundial. Ayer lo hizo en el mejor momento: en su primer partido en el mítico Maracaná. | AFP

Esta tarde en la final de Brasil 2014 ante Alemania, La Pulga quiere cumplir con la profecía y reclamar la corona que todos le prometen desde que irrumpió en Barcelona y se puso a destrozar redes y récords.

Pero para que eso ocurra Messi tiene que volver a ser Messi cuando Argentina más lo necesita, ya que desde octavos de final en adelante el genio albiceleste no brilló como se esperaba luego de un comienzo de Mundial a toda orquesta con cuatro goles en la primera fase.

Messi llevó de la mano al equipo de Alejandro Sabella en esos tres encuentros iniciales del grupo F con un gol ante Bosnia (2-1), otro agónico frente a Irán (1-0) y un doblete con Nigeria (3-2).

Su magia volvió a aparecer en parte en octavos de final ante Suiza, cuando asistió a Ángel Di María a dos minutos de la conclusión de la prórroga para que el 'Fideo' liquidase el duelo antes de los penales.

Pero a partir de allí fue el equipo el que llevó a Messi, con un triunfo 1-0 ante Bélgica con gol de Gonzalo Higuaín y, sobre todo, con la peleada victoria por penales ante Holanda en semifinales el miércoles en Sao Paulo.